De Eva a Candela, Salomé y otras mujeres

Por Sara Más / saramas_2000@yahoo.com

Más de una mujer con sus conflictos, dudas y emociones sube a escena con Eva González cada vez que interpreta su último unipersonal, que acaba de cerrar su tercera temporada teatral este verano, en la capital cubana. Bajo el título de Salomé o ¡La Candela!, escrita y actuada por esta actriz española residente hace ya varios años en La Habana, la obra viene a poner sobre las tablas nuevos y viejos dilemas que buscan, ante todo, “provocar la reflexión” y “reivindicar el fin de la anestesia emocional, sin desbocarnos a la locura, la irresponsabilidad o la soledad forzada”, al decir de la propia autora.
En esencia, el argumento se adentra en los avatares de Candela, una actriz española que debe interpretar el personaje de Salomé, de Oscar Wilde, en medio de la ausencia accidental del resto del elenco y del equipo. Para ello reclama la ayuda y complicidad de todos los asistentes, a quienes confiesa sus conflictos como mujer y su difícil compromiso ante el amor y la vida.
“Candela, mujer comprometida, contradictoria y transparente, me sigue cuestionando vidas” y “Salomé, intemporal y eterna, me demanda en cada esquina del sentimiento”, ha escrito la propia autora.
Pero, ¿cuánto de Eva tiene la obra y su personaje? “Mucho”, asegura González, “Aunque, afortunadamente, tenga una vida maravillosa que a veces cae en crisis, como la de todos. Candela es más desbocada y solitaria, pero yo también siento esa soledad como luchadora”, confiesa a SEMlac.
Llegada a Cuba en los peores años de la crisis de la pasada década de los noventa, con la propuesta de un año de trabajo, Eva González terminó por echar raíces en esta isla del Caribe, donde fundó familia y apostó a vivir como una cubana más, o al menos lo intenta.
“Candela me enseña mucho, desde el escenario y cada vez que la repienso, porque ella es una inadaptada en muchas cosas, y yo también en otras”, reflexiona.
“Ni intransigencia total, ni tolerancia desmayada” parece ser la idea principal que se deriva del personaje y la trama, a juicio de la actriz. “Me enseña mucho a pensar que hay que buscar el límite personal entre ambas, y que tampoco cada respuesta te sirve para toda la vida: lo tienes que replantear a cada momento y es parte de nuestro compromiso vital”.
Aunque se confiesa más tímida que Candela —“la gente que me conoce de verdad lo sabe”—, Eva se esfuerza. “La persona valiente no es la que no tiene miedo, es la que sabe modular su miedo y vencerlo. Yo soy una persona llena de miedos”, asegura.
En el montaje, la autora y directora teatral busca unir a Salomé y Candela, y dividirlas a la vez. “Creo que todas tenemos un poquito de Candela y también de Salomé, un personaje mítico en mil versiones que simboliza la pasión, la desmesura, el pecado”, asegura.
El mito le sirvió de excusa y escogió realmente la Salomé de Wilde, un texto más poético que dramático, del que anda “enganchada” hace años. De Salomé tomó el compromiso desbordado con el amor.
“Desbordado e inadecuado, enfermizo, pero que expresa la necesidad de mediar entre la asepsia emocional a la que nos tira este mundo moderno, y esa pasión desbordada, de seres inadaptados, trágicos, que también nos rodean”, sostiene.
Ante el público se mezclan tragedia y comedia, el musical y el cabaret, con apenas unas cajas, una mochila, un cartel y una escalera por escenografía. El resto lo ponen la música, los textos, las luces y el desempeño de la actriz, asistida por un equipo muy reducido y voluntario que apoya a González en esta aventura.
El resultado es un paseo intenso por disímiles conflictos de la vida cotidiana, con sus premios y frustraciones; los cuestionamientos del amor, las desavenencias de pareja, la amistad, la profesión, la identidad, las condiciones femenina y masculina, la tiranía del canon, entre otras muchas referencias salpicadas con los prejuicios sociales de cada día.
“La pasividad y la asepsia no sirven de nada —el descontrol tampoco—, y nos están convirtiendo en seres que estamos olvidando la solidaridad y la participación a micro escala, con la propia familia”, explica González en entrevista con SEMlac.
El impulso para escribir la obra y dirigir la puesta le nació hace una década atrás, en su lucha por volver a escena, tras el nacimiento de su primer hijo.
“Tenía ganas de empezar camino teatral y no encontraba cómo ni con quién. Me gusta y estoy acostumbrada al trabajo participativo dentro del teatro. Vengo de la tradición del teatro independiente, donde lo mismo coses una zapatilla o pones una luz, que  te sientes partícipe de un proyecto en todos los niveles”, abunda.
Los referentes del pasado, las diferencias de métodos con otros proyectos y la falta de tiempo disponible para integrarse en aquellos más afines, además de la atención como única tutora de su hijo pequeño, la fueron llevando a la escritura y la actuación en solitario.
“De pronto me tocaba hacerlo sola y ahí empecé a contar todo tipo de deseos y frustraciones, sin pensar que fuera el texto perfecto. Así fui construyendo una especie de mujer poliédrica, que tuviera un montón de compromisos, pero también de defectos, de esas contradicciones que tenemos los seres humanos”, cuenta a SEMlac.
De aquella primera versión —que finalmente se estrenó en La Habana y se presentó por España en 2003, en el Festival de Autores Españoles Contemporáneos—, a la que volvió al teatro en el verano de 2010, hubo un trecho y no pocos cambios. “Soy de pisar la escena, y la obra la voy haciendo y rehaciendo allí”, precisa la actriz.
Se replanteó todo: “De pronto soy otra Eva, otra Candela. Mi compromiso es diferente: piso otro terreno, otra Cuba, otras necesidades expresivas. Me empiezo a comprometer más conscientemente con el lenguaje y el conflicto de las mujeres, con más riesgo y participación, incluida la del público”, relata.
Desde la escena va tomando el pulso de quienes asisten y eso la reta al rápido diagnóstico y la acción. En breves papelitos que reparte a la entrada, recopila luego sus impresiones: “Esta mujer está loca de a viaje ¡y me encanta!”, “Bravo Salomé: me encanta el teatro interactivo y a la vez para pensar. Realista y Humanista”.
Y más: “Es una obra teatral especial: toca puntos clave de la sexualidad y la vida femenina poco tratados”, “Refleja los estereotipos que asumimos las mujeres y los roles que queremos y no queremos desempeñar”, “Controvertida, interesante, polémica. Muy creativa. Candela me parece mágica. Confundida y acertada, real”.
“Me comprometo con las opiniones del público, diversas y geniales. Para mí el teatro es arte y acción, no decoración”, asegura.
No le faltaron tampoco algunas sugerencias de amigas que consideran que el discurso feminista o de mujer ya está superado. “Y se sorprenden al comprobar que, lamentablemente, no está vencido, y muchos hombres y mujeres ganan reflexión y sensibilidad especial al recibir e interactuar con la obra teatral. Muchas que poseemos cierta conciencia y quienes lo creen innecesario, conscientemente o no, tampoco lo tenemos plenamente asumido”, opina Eva, “porque todos tenemos un discurso intelectivo y una vida personal, donde la primera lucha es ser feliz”.
De lo contrario, agrega, “te creas insatisfacciones descomunales estimuladas por la propia sociedad: tenemos que ser lindas, divinas, trabajadoras, satisfechas y además tener una vida sexual plena”.
González sostiene que “entre lo que teóricamente ofrece la vida y cómo nos apropiamos de ello, hay un nivel de frustración con el que tienes que pelear y reconciliarte”. Una contradicción que recorre también la puesta teatral.
“Hay momentos en que dejas correr más la parte emocional, otras la intelectual; pero no puedes actuar en la vida en contra de lo que piensas y lo que sientes. Ese equilibrio tan difícil es el compromiso vital”, reafirma convencida.
Puede que, por eso, Salomé o ¡La Candela! es una obra que constantemente se reconstruye en escena. “Lo prefiero así, sin un diseño absolutamente preestablecido; creo en los productos que surgen y se cristalizan desde un equipo bien integrado”, asegura la artista y alude a la riqueza del proceso creativo, al que se integró su esposo, el  pintor Edel Figueredo, con la colección Mujer, razón y pasión, expuesta en cada función, junto a la asistente María Caridad González, entre otros colaboradores.
Contratada como actriz por el Centro de Teatro de la Habana, suscrito al Centro Nacional de Artes Escéncias, Eva González ha asumido las labores de autoría, dirección y, además, las de producción y promoción,  con el respaldo de la oficina en Cuba de la Agencia Española para la Cooperación y el Desarrollo (AECID).
Con apoyo de AECID se realiza actualmente un DVD del fenómeno artístico y sociocultural de la puesta, con récord de participación y afluencia de público habanero, y que ha servido como promotora de la campaña “Tu voz cuenta – con mujeres es justicia” y de diversos debates en eventos culturales y de género.
La obra es, además, la primera realización de un sueño que tratan de llevar adelante y hacer realidad: una propuesta participativa, comunitaria, que han nombrado Irreverencia Producciones, aún pendiente de validarse como proyecto cultural comunitario en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
“Somos un pequeño equipo de gente que, de forma aún un poco deslavazada, queremos producir cultura socialmente útil y creatividad. No tenemos dinero e intercambiamos trabajo, en una iniciativa creativa comunitaria más o menos flexible”, dice González.
Eva González confía en legitimar formas creativas y laborales que, sin que se trate de opciones mercantiles, puedan sostenerse. Ya piensa en talleres y espacios para personas interesadas en el crecimiento personal afín a estas propuestas. “No estamos por pedir, sino por dar. Es una manera de producir ilusiones en un momento de mucha desilusión, de enorme crisis moral”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *