Aborto inducido, otra vez en debate

La reciente despenalización del aborto en México y Portugal trajo nuevamente a la palestra pública un asunto tan sensible como político, un delicado problema de salud: el aborto inducido. En torno al tema también subyacen el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo y los criterios de entidades civiles y religiosas en torno a la vida. Considerada una de las formas más antiguas de regulación de la fecundidad y también la más controvertida hasta la aparición de la fertilización in vitro, ningún otro procedimiento quirúrgico de carácter voluntario produjo con anterioridad un debate similar. Hasta 1954, el aborto era ilegal en todos los países del mundo, excepto en Islandia, Dinamarca, Suecia y Japón. En las tres décadas siguientes, más de 30 naciones, incluidas algunas de las más populosas como China e India, modificaron sus leyes restrictivas para permitirlo, bajo el requerimiento de la mujer o debido a una amplia gama de indicaciones sociales. Sin embargo, penalizado en gran parte de América Latina y el Caribe, en la región se practican más de cuatro millones de procedimientos clandestinos, de los cuales 800.000 requieren hospitalización por complicaciones subsecuentes (CIMAC).

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