A una diva adulta mayor *

Por Ilse Bulit

El breve correo de Mariana es incapaz de resumir su dolor. Me anuncia que “su mami” ha muerto. ¿Qué le respondo? Estos nuevos artilugios jamás, lo repito, jamás imitarán siquiera el abrazo a la amiga sufriente porque ha perdido a “su mami”. La Doña Remigia del que fuera el gustado programa televisivo “San Nicolás del Peladero” fue y es una segunda madre querida y respetada. Cuando los famosos mueren, llueven los amigos del alma que narrarán anécdotas en que ella y ellos, por supuesto, también serán los protagonistas. Me consta que Mariana siempre ha estado a su lado, cuidándola, mimándola. El pasado viernes 4, su voz me anunciaba que sufría esta pérdida por adelantado.
Como periodista entrevisté a María de los Ángeles Santana, comenté sus actuaciones en la televisión y, la llamaba esporádicamente hasta el día en que no reconoció mi nombre. Lo comprendí. La muerte de su adorado y adorador esposo Julio Vega la separaba a gotas de este mundo doliente.
Dejo a la propia Mariana, la hija consentida; a Ramón Fajardo, el sincero historiador; a su eterno admirador, el poeta Miguel Barnet, que la prodiguen en prosas y versos. Como María de los Ángeles pertenece a los muertos útiles, me tomo la libertad de utilizarla. Sirva de ejemplo para la llamada adultez mayor y para quienes, asustados, transitan la cuarta década.
Por las calles cubanas pululan los ancianos. Aparte de las condiciones sociales y familiares que los rodeen, la aceptación de la vejez es una decisión individual, gritada en actitudes o escondida en depresión no confesada. Asimilar las arrugas en el rostro y en la mente —y más cuando fueron premiados por la belleza, la inteligencia y los aplausos—, presupone una vida anterior donde los reales valores humanos ocuparon el justo lugar.
Para entrarle por la puerta ancha a la adultez mayor, detrás existirá una realización plena, divorciada de las mezquindades que ensucian los días.
A través de los años, esta muerta de hoy desplegó sabiduría, valentía y amor al prójimo y a la patria. Nunca perdió la brillantez de unos expresivos ojos verdes, pero supo adaptar la indiscutible elegancia de su figura a las modas apropiadas y aceptar los papeles de abuela a la edad indicada. Cantó hasta que la voz le permitió cantar y, tal vez, abandonó la escena primero, para consagrar los años al cuidado del adorado y adorador esposo.
Aprendamos de ella a cerrar las cortinas a tiempo. A no provocar risitas burlonas en quienes, a su hora, artistas o periodistas, funcionarios o carpinteros, también dudarán ante la continuación o la despedida.
Aprendamos: María de los Ángeles, arrugada, envejecida, se despide en diva.
 
Febrero de 2011

* En la noche del pasado 7 de febrero falleció en La Habana la cantante y actriz cubana María de los Ángeles Santana Soravilla, a los 96 años de edad. SEMlac le rinde homenaje  con  la publicación de esta crónica y una de las últimas entrevistas concedidas por la artista.

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