La buena salud favorece la vida sexual

Disfrutar de una buena salud y seguir un control adecuado de las enfermedades crónicas de la era actual tiene más relación de lo que muchas personas creen con desarrollar una sexualidad plena y placentera.
La diabetes mellitus, los padecimientos renales, los síndromes metabólicos, el cáncer, la hipertensión o la obesidad, entre otros males de estos tiempos, no sólo reducen los años potenciales de vida, provocan malestares físicos o dolor. También atentan contra el buen desempeño sexual, de acuerdo con estudios médicos de varias especialidades.

“Por lo general se asocia el tema de la diabetes en la mujer con el embarazo, porque se sabe que lo afecta. Sin embargo, no se vincula con la edad media de la mujer y pocas personas saben que también incide sobre su sexualidad”, aseguró la doctora Daysi A. Navarro Despaigne, jefa del Grupo de Investigación, Endocrinología y Envejecimiento del Instituto Nacional de Endocrinología.
En la diabetes mellitus, una enfermedad crónica no transmisible que aumenta con los años, el descontrol metabólico se acompaña de hiperglucemia, glicosilacion no enzimática de las proteínas, trastornos vasculares y neuropáticos que, de una manera u otra, influyen negativamente en la función sexual, explicó la especialista en el IV Congreso Cubano de Educación, Orientación y Terapia Sexual, efectuado en La Habana a mediados de este mes.
Estas situaciones, sin embargo, se han estudiado con más frecuencia en la población masculina, particularmente en lo que respecta a las fallas en la erección. De acuerdo con estudios clínicos, la disfunción sexual eréctil puede presentarse en un rango del 20 y al 80 por ciento de los hombres con diabetes mellitus.
Esa enfermedad constituye un factor de riesgo para aterosclerosis. “El pene es un órgano fundamentalmente vascular; por tanto, no es de extrañar que en él también se expresen las consecuencias del proceso de aterosclerosis”, explicó Navarro.
Estas situaciones, sin embargo, parecen ser dominadas por los varones diagnosticados, quienes al menos suelen conocer que esa patología endocrina supone una amenaza para su sexualidad.
Entre las mujeres diagnosticadas, en cambio, las investigaciones se han enfocado fundamentalmente al ámbito de la reproducción, el embarazo y el feto.
Pocas veces la información y los estudios profundizan en los efectos que, quizás con menor énfasis que en el hombre, tiene el flujo sanguíneo sobre el clítoris y algunos cambios genitales y extragenitales que expresan la respuesta sexual femenina.
“Según la experiencia de investigaciones realizadas en nuestro medio, las mujeres entrevistadas no consideran que la diabetes mellitus influya negativamente en su actividad sexual. Pero el hombre, incluso con una función sexual normal, sí tiene referencia de que la enfermedad puede afectar su ‘virilidad’” comentó la doctora Navarro,
Tales comportamientos vienen a confirmar lo que, a juicio de otra especialista, la doctora Beatriz Torres, no sólo tiene que ver con las afecciones reales y la necesaria rehabilitación, sino con los mitos y prejuicios que acompañan aún al tema de la sexualidad.
En su opinión, cuando llega el diagnóstico de alguna enfermedad crónica, la persona pasa a desempeñar un papel inferior: de fuerte a débil, de normal a discapacitado, de proveedor a proveído, de autónomo a dependiente, de activo a pasivo. “Para lo varones significa sexo fallido, deber incumplido”, acotó.
Los nexos hay que buscarlos también en lo que de común hay entre esas enfermedades crónicas no trasmisibles y las disfunciones sexuales, consideran investigadores y especialistas, pues los factores de riesgo de las primeras coinciden con los que propician la aparición de las segundas: el tabaquismo, la obesidad, el alcoholismo, el sedentarismo…

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