Aedes aegypti, el mosquito maldito

Las avionetas con plaguicidas sobrevuelan los barrios de la capital cubana casi una vez por semana. Desde hace meses, los equipos de fumigación no tienen descanso. Las brigadas antivectoriales tocan una y otra vez a las casas en busca de focos de Aedes aegypti, el mosquito transmisor del dengue y otras enfermedades.

El insecto no quiere ceder terreno. En su camino, las hembras encuentran condiciones propicias: charcos y recipientes con agua, basura que favorece la acumulación del líquido y salideros donde depositar sus huevos, 120 en cada puesta y cinco puestas en su mes de vida.

“La calle de mi casa es un vertedero. Cada cierto tiempo, el salidero mejora, pero como no se le da una solución definitiva, regresan las aguas sucias. El mal olor llega al tercer piso, son aguas albañales”, se queja Marta Valdés, vecina del Vedado. No pocos relacionan los rumores sobre la existencia de una epidemia en La Habana –no confirmada oficialmente- con la falta de higiene ambiental.

Reportes de la prensa local señalan que, aunque el mosquito prefiere las aguas limpias, puede hacer su criadero en cualquier medio húmedo, debido a su gran adaptabilidad.

“En un bache, en un desnivel de un techo, el Aedes aegypti pone los huevos que pueden eclosionar hasta un año después de la puesta. Menos mal que no ha llovido últimamente”, comenta una doctora, acogida a licencia de maternidad.

“El mosquito no vuela desde otro país. Cuando hay vectores y una sola persona con dengue, comienza la cadena que puede extenderse hasta alcanzar niveles de epidemia”, agrega.

Datos extraoficiales indican que un buen porcentaje de los focos se detecta en centros de trabajo y hogares. “Es muy significativo que en lugares donde fueron descubiertos criaderos de larvas y mosquitos adultos, algunos trabajadores se reportaron enfermos”, indica una especialista en Epidemiología.

Otro de los sitios que les sirven de morada son los vasos espirituales – vasos comunes llenos de agua limpia-, una práctica de la religión de origen africano, muy extendida en todos los estratos sociales del país.

Hasta ahora no existen informaciones oficiales sobre el brote. Algunas fuentes ubican los casos de la capital en unos 15.000. Reportes independientes indican que la cifra de muertes superaría las 40, pero nada se sabe con certeza.

Sin embargo, medios de noticias señalaron recientemente que en agosto pasado, en carta a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el gobierno cubano reconoció la existencia de dengue hemorrágico.

En declaraciones a la agencia española EFE, la representante de la OPS en Cuba, Lea Guido, aseveró que “en agosto nosotros recibimos una nota del ministro de salud (José Ramón Balaguer) en la que se planteaban casos de dengue en Cuba, incluso casos de dengue hemorrágico”.

Indicó que en la misiva se reconocía la existencia de la enfermedad en cuatro provincias, que “en ese momento no se planteaba ninguna defunción” y se informaba que “no había niños afectados con dengue hemorrágico».

La funcionaria afirmó que la OPS no tiene un sistema de información propia, sino que se basa en datos del gobierno, por lo que no podía hacer estimaciones de la magnitud del problema ni calcular el número de enfermos.

Guido destacó que “el control del vector es de alta prioridad para el país y se está manejando a un alto nivel político del Estado» y expresó satisfacción por la estrategia cubana.

“Ha habido una captación muy importante de toda persona que tenga un síntoma de fiebre”, comentó y opinó que el trabajo “casa por casa”, desde el punto de vista estratégico, “nos parece consecuente técnicamente».

Guido señaló que confía en que las autoridades cubanas informen “en el momento adecuado” en qué fase se encuentra el brote, si ha llegado a su meseta y si está bajando.

Los medios de difusión territoriales desarrollan una campaña de orientación para prevenir la aparición de nuevos focos vectoriales y publican los nombres de entidades donde las inspecciones detectaron su existencia.

El Canal de la TV cubana » Habana», que transmite para las dos provincias habaneras, muestra reportajes críticos sobre la desfavorable situación higiénica acumulada por años en diferentes centros estatales y avenidas de la capital. Los servicios encargados recogen la basura, pero si se cae parte de ella se queda en las aceras y calles.

Esa televisora exhibe casi a diario imágenes de industrias e instalaciones que constituyen potenciales criaderos del Aedes aegypti. En sus declaraciones, los entrevistados critican la demora, a veces de años, en las soluciones a los problemas que generan el deterioro ambiental.

Personas encuestadas por SEMlac indican que, en ocasiones, la inspección para detectar focos es formal y no se revisan a profundidad los hogares. Otros señalan haber notado mosquitos después de la fumigación.

El 22 de septiembre, en reunión con los presidentes de gobierno provinciales, el primer vicepresidente y mandatario en funciones, Raúl Castro, llamó a intensificar la campaña para la eliminación del vector, sin hacer alusión a la enfermedad.

Las primeras epidemias de dengue en el mundo fueron reportadas entre 1779 y 1780 simultáneamente en varias áreas de África, América y Asia.

En Cuba, la más grave fue en 1981. En esa ocasión, se notificaron 10.312 casos de dengue hemorrágico entre los 344.203 enfermos. La epidemia provocada por el serotipo 2 causó la muerte a 158 personas, 101 de ellas menores de 15 años.

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