Una campaña de comunicación diferente se ha venido abriendo paso en nuestro entorno mediático desde el 30 de marzo, cuando fue presentada por obra y gracia de las oportunidades de los intercambios virtuales.

Mídete, impulsada desde la oficina de Unicef en Cuba, llega con apuestas grandes. Quizás la primera y más general, pero también una de las más complejas y retadoras, sea ayudar a desnaturalizar las diversas formas de maltrato contra niñas, niños y adolescentes, que suelen pasar inadvertidas en una sociedad como la nuestra, con fuertes herencias patriarcales y donde las relaciones verticales de poder al interior de las familias provocan un espectro amplio de contradicciones y conflictos.

En las casas cubanas, el exceso de paternalismo y control suele competir con marcadas ausencias de espacios de comunicación intergeneracional. El “lo haces porque yo lo digo” es, a menudo, más frecuente que el “vamos a conversar”.

En ese contexto, la sexta ronda de la Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados (MICS)[i] realizada en 2019, y una de las herramientas de Unicef para su análisis de escenarios previo a esta campaña, refiere que 41,6 por ciento de un total de 8.603 niñas, niños y adolescentes de 1 a 14 años de edad había sido sometido a algún método violento de disciplina.

En tanto, 12 por ciento de las 1.041 adolescentes de 15 a 19 años encuestadas ya se encontraban casadas o en unión, con una incidencia importante en las regiones rurales del país, y 3,3 por ciento de los adolescentes y hombres encuestados dijeron que está justificado golpear a sus parejas por diferentes motivos.

En múltiples estudios cubanos y en otros de diferentes regiones del planeta se ha confirmado la naturalización e invisibilización de la violencia infantil producto, entre otras cuestiones, de las concepciones culturales que colocan a niños y niñas como objetos y no como sujetos de derecho.

Esos y otros datos llevaron a Unicef a construir Mídete, que tiene como objetivo más general “potenciar la reflexión crítica de las prácticas diarias de niños, niñas y adolescentes, familiares y redes de apoyo sobre crianza positiva, equidad de género y uso de redes sociales”.

Prevenir el acoso sexual callejero, el abuso sexual infantil, el bullying escolar, el maltrato relacionado con formas de crianza autoritarias y violentas y las violencias que se suceden en el ámbito de las redes sociales digitales son otros propósitos que caben dentro de esa sombrilla mayor y resultan enormes desafíos.

“Hay formas de violencia que están totalmente naturalizadas y legitimadas como mecanismos efectivos de crianza, incluso por generaciones diversas. Pese a todo lo que se ha producido sobre lo negativo de la violencia en la educación, todavía sigue siendo un mecanismo efectivo de crianza”, alertó Lisy Alina Jorge Méndez, jurista y oficial de protección de Unicef en Cuba, durante el taller de presentación de la iniciativa.

De esta reflexión se deriva otra de las apuestas que se constituyen en retos: la amplia diversidad de públicos con los que Mídete se propone dialogar y que abarcan desde padres, madres y otras personas que cuidan o interactúan con menores o adolescentes, en casi todos los ámbitos sociales, hasta el propio público de muchachas y muchachos entre 13 y 18 años, que “pasan tiempo considerables en las redes sociales”, interactúan con sus pares en diferentes plataformas digitales y para los cuales “se priorizarán temas de uso responsable de TICs, equidad de género y abuso sexual”, según la Nota Conceptual de la Campaña.

Entre sus fortalezas, en tanto, se cuenta la manera en que se construyó la propuesta. La campaña de Unicef no fue “inventada por adultos”. Nació de un intenso proceso participativo con niñas, niños y adolescentes en todas las fases de su proceso creativo, lo cual garantiza de arrancada contar con “las voces y preocupaciones” de los públicos que son objeto y sujeto de sus empeños.

Además, al asumir presupuestos de la comunicación para el desarrollo, también incorpora como principio que la participación no se reduzca al diseño, sino que también estará presente en la evaluación de la manera en que se consumen los productos comunicativos y se desarrolla, en general, toda la experiencia de intervención.

Otra cualidad, esencial sin dudas, es que asume como basamentos conceptuales las teorías de género y como enfoques transversales, la equidad y la gestión del conocimiento.

En el contexto marcado por la covid-19 y el distanciamiento social que suponen sus medidas asociadas, iniciativas como esta pueden potenciar el bienestar psicológico familiar, la crianza sin estereotipos de género (sobre todo los relacionados con los roles que se asumen al interior del hogar) y el tiempo que pasan niños, niñas y adolescentes usando internet.

Mídete ya arrancó a caminar. Toca ahora acompañarla, sostenerla y, también, medirla.

[i] https://temas.sld.cu/estadisticassalud/files/2021/02/MICS6_Cuba-2019_compressed.pdf

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