Jornada contra homofobia visibiliza derechos de familias diversas

Familias diversas defienden su derecho a existir en Cuba y confirman su capacidad de generar dinámicas funcionales, de afecto y felicidad, a pesar de prejuicios, normas jurídicas y posturas discriminatorias por orientación sexual e identidad de género.

“La mejor familia es la que más se quiere y no la que se crea desde una fórmula predeterminada”, aseguró el periodista Francisco Rodríguez Cruz durante el panel virtual “Familias diversas, historias de vida no hegemónicas”, realizado el 15 de mayo, Día Internacional de las Familias, como parte de las XIV Jornadas Cubanas contra la Homofobia y la Transfobia.

Tema de actualidad y debate en Cuba, el reconocimiento de la diversidad familiar basada en el afecto y el amparo a sus derechos ya han sido consignados en la actual Constitución cubana, aprobada en 2019, y deberán quedar en la letra jurídica del nuevo Código de las Familias, actualmente en proceso de revisión y redacción.

Junto a otras personas de la comunidad LGBTIQ+ (lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersex, queer y más), Rodríguez Cruz contó parte de su historia como hombre homosexual y padre de un hijo actualmente adolescente.

“Me pasó lo que a muchos hombres gay, que tuvimos un proceso de construcción de la orientación sexual que llevó tiempo y, en ese tiempo, me casé y tuve mi hijo”, contó. Luego “llega el momento de la ruptura, de la madurez para reconocer quién eres y, a partir de no hacer daño, tomar la decisión de hacer tu propia vida”, expuso.

Sin embargo, ese proceso no exento de contradicciones fue también de crecimiento personal, gracias al acompañamiento y apoyo de su familia, que hoy ha crecido con su actual pareja, su hijo, la de la mamá de su hijo y la de los hermanos de su hijo…“La que hemos estado construyendo en colectivo con mucha comunicación, diálogo, honestidad, premeditación de la buena”, sostuvo.

“Los niños naturalizan muy rápido estas situaciones de diversidad familiar cuando hay cariño, amor y comunicación”, aseguró el activista y creador del blog Paquito el de Cuba, quien reconoce una mayor visibilidad de estos tipos de familia no tradicionales, aunque quedan aún rechazo y prejuicios que vencer.

El apoyo incondicional

Para el médico y activista Alberto Roque, moderador del panel, las familias son espacios fundamentales de socialización, donde se aprenden valores y antivalores, entre ellos las discriminaciones. “Es percibida generalmente como una construcción en singular, que niega otros modelos”.

Sin embargo, es también un ámbito clave para el reconocimiento de los derechos sexuales como derechos humanos y el tránsito hacia de modelos y concepciones no hegemónicas, precisó.

Así lo ha vivido Verde Gil, joven transgénero de 22 años. Si se habla de familia, para él se trata de respaldo incondicional. “Antes de tomar mi decisión de cambio de género, lo primero que obtuve de mi familia fue apoyo”, asegura.

A medida que avanzaba en la hormonización y los cambios físicos, se iban abriendo el intercambio y discusión de temas polémicos sobre estereotipos, roles, masculinidades y feminidades en un hogar no ortodoxo, pero sí con algunos esquemas y tradiciones.

“Sabía que si tenía conquistado mi hogar como un lugar de respeto y apoyo, donde canalizar mis problemas y dudas, iba a encontrar una fuerza para lidiar con otros problemas que socialmente se me podían presentar y que a mi familia le preocupaban”, explica.

Viajar a las consultas a la capital también supone un gasto económico que él no hubiera podido cubrir sin la ayuda económica familiar.

“La mía es un experiencia positiva. Tengo amigos trans sin ese acompañamiento de la familia y han tenido que volcarse más a las redes de amistades, tienen esa carencia como vivencia del hogar”.

Dos años después de iniciado su proceso de transición, Verde Gil ha comprobado que los vínculos y relaciones sociales basados en el respeto, la construcción común, las afinidades, la admiración y la cordialidad allanan las dificultades para integrase a la sociedad. Un camino en el cual ha sido clave el acompañamiento de su mamá, su papá y sus hermanas.

Familias y mujeres

Hope Bastian y Dachelys Valdés se presentan como dos mamás con un bebé. Pero son parte también de una familia mucho más grande: la que se amplía desde el hogar de origen de cada una de ellas, las amigas y los amigos.

“Somos dos mujeres cisgénero que nos queremos, nos amamos y hemos decidido tener descendencia”, reitera Hope, partidaria de que se respete, ante todo, la expresión de la identidad de género que cada persona quiera.

Aunque no han creado una familia tradicional –de mamá, papá y nené–, reconocen que han sido privilegiadas por no romper con los patrones del género femenino.

“Ese encajar en lo que se espera debe ser femenino nos ha jugado a favor, nos pone en situación privilegiada por haber entrado en patrones que las personas entienden que son los correctos”, explica Dachelys.

“A pesar de eso, hemos tenido que enfrentar muchos obstáculos para tener los mismos derechos de otras familias y para que nuestro hijo tenga los derechos que tiene cualquier otro niño en cualquier otra familia”, detalla Hope.

La familia de Mariela González Noroña tampoco es la típica, ni ahora ni antes. Siempre fueron más mujeres que hombres y eran ellas las que tomaban las decisiones, además de trabajar a la par o más que ellos.

“Viví y me crié bajo ese diseño familiar. De modo que, cuando me incorporé a la vida laboral y empecé a obtener mi sustento económico, igual esa función de guiar y proveer para la familia la ocupé yo”, refiere.

González Noroña considera que esa posición preponderante y función de generar seguridad material y espiritual a sus afectos le ayudaron en el tránsito de su corta vida heterosexual a su existencia como mujer lesbiana.

Además de sentirse respetada en sus relaciones laborales y personales, también ha transmitido ese respeto y afecto a su descendencia.

“Mi hija, que es lo más importante que tenemos nosotras, tiene un desarrollo social normal, no ha sido mal mirada ni rechazada por nadie; por el contrario, más bien ha sido líder”

Detrás de esas vivencias sigue estando el legado de las mujeres de su familia.

“Creo que cuando educas a tu hijo en un ambiente de tranquilidad, de seguridad en tus actos, de confianza en las decisiones que tomas, de certeza de que estamos siendo las mejores personas que podemos ser, los hijos toman con la naturalidad que tiene el hecho de que su familia no sea la hegemónica, y ese mismo patrón de conducta lo transmitirán más adelante a nuestros nietos”, asegura.

Aunque se trate de una familia distinta, las personas que las crean deben estar convencidas de que, como quiera que esté integrada, merece el mismo respeto –no tolerancia— que cualquier otra, agrega.

“El otro elemento imprescindible que debe primar en cualquier arreglo familiar es el amor entre sus integrantes, tengan o no un vínculo consanguíneo”, concluye.

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