Grave violencia contra mujeres en el arte: apenas conocemos la punta del iceberg

La violencia contra las mujeres en el mundo del teatro es tan grave que lo que conocemos es apenas la punta del iceberg. El catálogo de ofensas sexuales aflora en toda la cadena de la formación artística, de la escuela de infantes a las escuelas profesionales, y sigue hacia los escenarios, las giras, los teatros y los camerinos.

A las niñas las obligan a desnudarse desde los 10 años; a las adolescentes las tocan, las acosan, abusan y violan; a las mujeres las presionan y manipulan, o las dejan sin trabajo.

Parece que siempre hay que pagar favores sexuales, «te obligan a callar o te ponen en una lista negra, borradas del teatro». Impedidas de laborar.

Así lo dice Liliana Papalotl, de la Liga de Mujeres de Teatro y ex integrante de la Comisión Feminista contra la Violencia de Género, que se creó en el sexenio pasado.

Cuando narra lo que calificó de un ambiente de horror, dijo que esta situación «Te paraliza, no te deja ni pensar, ni escribir, ni leer, ni actuar, ni desarrollarte», y la política histórica de las autoridades, ha sido la protección para las «grandes figuras», la sugerencia para la víctima: silenciar lo que vive.

Por ello, hoy es histórica la protesta que se multiplica y crece. Fue un milagro el Me Too, que le dio fuerza a cientos de jóvenes mujeres para denunciar, para exigir, para hablar.

Impunidad para agresores

Pero prevalece el cinismo, ya que es el funcionariado que maneja el argot de género, se trate de hombres o mujeres, «te pida no tocar el tema». Te sugieren «no hablemos de violencia, mejor hablemos de paridad», como un día lo dijo Marisa Jiménez Cacho, coordinación Nacional de Teatro (CNT) del Instituto Nacional de Bellas Artes, al colectivo feminista y tiró a la basura las propuestas para atender el problema. Y aunque la paridad es muy importante «para qué la queremos, si somos violentadas» sistemáticamente.

Por momentos, Liliana Papalotl se queda callada, pierde la respiración. «Es tan indignante que no se escuche», reflexiona y dice que durante años las figuras taquilleras -de hombres- siempre son protegidos, consentidos, favorecidos. Las mujeres, desestimadas.

La entrevista -telefónica por la sana distancia- dura. Increíble, hay denuncias en la Casa Azul, del grupo Argos de Epigmenio Ibarra, del Teatro del Bosque, del Teatro Helénico, cuyo director acumula denuncias. Del Centro Nacional de las Artes, y por supuesto de la Escuela Nacional de Arte Teatral y llegaron ya a las escuelas de danza.

Sostiene que llegó la hora de abrir la caja de Pandora. A un joven actor señalado en los tendederos y con trámites administrativos, «lo premiaron con un viaje a España». Ninguno, ninguno, hasta hoy ha sido sancionado.

Se trata de abuso de poder. Ahí están los testimonios, el trabajo de la Liga Nacional de Mujeres de Teatro. Pero, todo funciona como una cofradía de «vacas sagradas», donde la directora de la ENAT, Gabriela Pérez Negrete, se dedicó por años a encubrirlos.

Edgar Chías, actor y dramaturgo, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, casado, ha seducido a decenas de alumnas, se sabe que ha obligado a abortar a las víctimas, hostigador y prepotente, lo despidieron, pero no dijeron por qué, ahora que habrá nueva dirección en la ENAT, «no sería extraño que lo vuelvan a contratar», como ha sucedido en otros casos.

Un intocable, en tanto, es el director del Centro Cultural Helénico, Antonio Zúñiga, con decenas de denuncias y «nadie lo mueve», ese centro depende de la Secretaría de Cultura.

¿Qué pasa? Que no hay ni valores, ni ética, sólo impunidad y revictimización, indiferencia y oídos sordos. Y el problema, como las denuncias, tiene años, tiene diagnóstico, conoce a víctimas y perpetradores.

En 2019, la Liga Mexicana de Mujeres de Teatro entregó, a través de la Comisión Feminista contra la Violencia de Género, una carta de seis folios, con propuestas. La Coordinación de Teatro del INBAL lo tiró a la basura. «mejor hacemos conferencias sobre la nueva masculinidad», les dijo. Hay un «protocolo», burocrático y risible. Aun así, no opera.

Y da muchos ejemplos. Todos revelan una tragedia, una historia de terror. Y hay denuncias documentadas como contra el actor Carlos Corona, docente de la ENAT; las hubo para el director de teatro, muy reconocido, como Luis de Tavira; pero decirlo y apoyar a las jóvenes se traduce en agresiones, amenazas de truncar tu carrera; te ponen como blanco para que te agredan.

Liliana Papalotl afirma que ahí topan las amenazas. No obstante, el sistema interno, misógino, sigue intacto. Hay denuncias desde 2006; las mujeres de teatro se han organizado, pero los brutales casos no tienen solución. Reconoce que simplemente estaba incómoda, pero que a partir del Me Too, se fue dando cuenta de la condición de las mujeres y ahora es feminista y está firme.

Ya había un mapa de las agresiones en 2016. Desde entonces sugirieron acciones a las autoridades, pidieron el cese del encubrimiento y reformas posibles, para cambiar el ambiente de misoginia y machismo.

Era fundamental tomar acciones para revertir este problema de las instituciones y espacios laborales. Lo dicho entonces es vigente.

Se había realizado un foro denominado Violencia Sexual, Poder y Género en la Comunidad Teatral, desde ese año, hace cinco ya, se pidió a la Coordinación Nacional de Teatro diera seguimiento a las propuestas de acciones concretas para prevenir los abusos de poder, la violencia sexual y de género en la comunidad teatral, acordadas en ese foro, del que se hizo una memoria detallada, que también entregaron.

Pedían entonces, por las denuncias, entonces todavía, anónimas ahora denuncias públicas, documentadas y con listas de agresores, que se considerara la presunción de buena fe, así como la presunción de inocencia. Lo que significa que se obligaran a investigar. A cumplir con sus obligaciones. Pero la pelea ya es larga y nada pasa.

Explica el documento que, en el ámbito de lo legal, los presuntos agresores cuentan con la presunción de inocencia, es decir, son inocentes, hasta que se demuestre lo contrario, pero a su vez, las denunciantes, cuentan con la invisibilizada presunción de buena fe, elemento jurídico en el cual se ampara la consigna #HermanaYoTeCreo.

Exigieron que las autoridades investiguen, apegadas a la ley, las denuncias públicas, ya que el desconocimiento de esta genera polarización en la comunidad, inseguridad de otras víctimas para denunciar (lo cual las expone a nuevos riesgos) e incertidumbre en la aplicación de los derechos humanos de las denunciantes y de los presuntos agresores.

Que el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura y la Coordinación Nacional de Teatro, suspendan al presunto agresor, mientras se lleva a cabo la investigación.

Advirtieron que la omisión e impunidad institucional, atenta contra la dignidad de las mujeres denunciantes. Por lo cual, solicitaron un estricto apego a la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida libre de violencia y Ley General de Víctimas.

Le informaron que México tiene el primer lugar en violencia sexual contra las mujeres, según la ONU. Y sólo el dos por ciento de las denuncias son falsas, según este mismo organismo.

Por ello, en 2016 era vital para nosotras que la Comisión Feminista contra la Violencia de Género (del INBAL) se comprometió a trabajar con el esfuerzo, tiempo y recursos económicos que cada una de su bolsillo aportara.

Ofrecieron que este trabajo ya estaba rebasado en recursos humanos y económicos, además de esto, el riesgo que implica era y es alto; las integrantes de la comisión «no contamos con ningún tipo de contención emocional por el trabajo que realizamos, le quitamos tiempo al tiempo e intentamos abrir espacios para hacer frente a esta problemática».

Por ello pidieron que esto ya no sucediera, si se crea un órgano especializado que atienda conforme a la ley estas denuncias, con el fin de crear un ambiente libre de violencia y de discriminación.

Las denunciantes y las integrantes de esa comisión advirtieron «no nos sentimos seguras, sabiendo que, en nuestros espacios de trabajo, continúa habiendo presuntos agresores.

Y luego apelaron a la gestión de paz, una vida libre de violencia para todos y al enriquecimiento cultural de la comunidad teatral.

Así que ahora, cuando cuatro escuelas están en paro; cuando se da a conocer públicamente lo que pasa, y las autoridades dicen que «no quieren el diálogo», evidentemente están mintiendo.

En esa carta hace cinco años, agradecían el espacio de diálogo, pensaban que las cosas mejorarían.

Propusieron lo que no se hizo:

1.- Adquirir conocimientos profesionales, para poder enfrentar las problemáticas de Violencia de Género en nuestro gremio, ya que observamos que existe mucha ignorancia con respecto a las leyes sobre violencia sexual, dignidad de las víctimas y protección de los derechos humanos.

2.- Acopio, análisis y estudio de protocolos para la atención de la violencia de género.

3.- Profundizar acerca de las campañas de prevención de la violencia de género, protocolos de denuncia, reparación del daño a víctimas y derechos humanos.

4.- Recibir denuncias, dar contención emocional, acompañamiento en procesos penales y canalización con especialistas y profesionales en áreas jurídicas y psicológicas.

5.- Realización de un directorio de asociaciones, organizaciones no gubernamentales, instancias de gobierno y profesionales especializadas en violencia de género.

6.- Realización de Recomendaciones a las Universidades de Teatro, para la elaboración de protocolos y reglamentos con perspectiva de género, para prevenir la violencia de género y sexual y para que, en caso de que suceda, se atiendan y se sancionen dichos casos, garantizando el anonimato, seguridad y la no revictimización de las denunciantes, asegurando además que no se ejerzan represalias de ningún tipo (académicas, sociales, de exclusión o estigmatización) hacia las estudiantes, académicas y colegas de todos los rubros de nuestra comunidad teatral, que denuncian.

7.- Dar seguimiento a las denuncias realizadas por estudiantes, a través de cartas a las universidades, solicitándoles la revisión y apego al marco jurídico para el acceso a la justicia de las mujeres.

Recuerda la entrevistada que también le informaron, hace cinco años a las autoridades, que es de dominio público, que hay un movimiento social importante recorriendo las redes sociales y otros espacios llamado #MeToo, en donde se han dado a conocer numerosos casos de personas que sufrieron algún tipo de violencia de género o sexual mediante denuncias, nombrando a los abusadores en diversas áreas: escritores, periodistas, músicos, activistas, creativos, empresarios, médicos y particularmente en el medio teatral con el hashtag

#metooteatromx y la cuenta en redes sociales @metooteatromx.

Todo ello se obvió. Hoy las cosas han crecido, se han expandido, las estudiantes y todas las mujeres de teatro están en el límite. ¿Quién escucha?

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