Acualina, sensibilizar para proteger el entorno

Por Raquel Sierra

Un personaje a la vez frágil e intenso, una musa protectora del entorno es Acualina. De logotipo de un proyecto comunitario se convirtió en consejera y alerta televisiva para salvar el pedazo de mundo más cercano a cada persona.
Está ataviada a la usanza de las deidades griegas, protectoras de las artes, pero con los colores de la bandera cubana –blanco, azul y rojo–, a sus pies cinco corales y, en sus manos, un ánfora para regar de conciencia al planeta.
Nació el 28 de julio de 2003. Los deseos de la creadora del proyecto, Ángela Corvea, fueron captados al momento por la estudiante de Comunicación Social, Gabby Santoyygo, quien aportó también el lema para el proyecto: «Por un mar de conciencia», justo lo que pretende crear Corvea.

A los pocos días, Ángela, a quien todos llaman «la mamá de Acualina», creyó ver a su musita moviéndose y pensó que muy bien podría, su nueva hija, convertirse en un personaje animado, con mayores posibilidades de llegar a las personas por medio de sus mensajes desde la pequeña pantalla.
Con voz suave, Acualina cuenta: «Al mar, en ocasiones, se le denomina el basurero de la humanidad. Allí va a parar cualquier cosa: derrames de petróleo, sustancias tóxicas, así como las basuras del mar o desechos marinos, que son objetos que llegan a él por descuido del ser humano».
Luego, alerta que «si echamos una lata al mar o a un río, estos tardarán en descomponerla de 10 a 100 años; un plástico, más de 500, y el vidrio y otros envases modernos, ¡indefinidamente!»
El personaje de la niña filósofa recomienda, entonces, limpiar el mar. Pero recuerda que: «toda limpieza será incompleta, si antes no la hacemos dentro de nosotros mismos, en nuestras conciencias, y desde edades tempranas de la vida».
De esta manera, sencilla pero profunda, la musa reflexiona sobre el calentamiento global, la capa de ozono, los delfines, los árboles, la biodiversidad, el agua, los corales y el reciclaje, entre otros temas de actualidad.
En total, la primera fase de la Acualina televisiva comprende 15 mensajes, de los cuales 11 ya se transmiten por la televisión cubana, aunque «no todas las veces que me gustaría», dice Corvea.
En su página web, www.acualina.org, el personaje recomienda a grandes y chicos: «aprende a proteger las especies en peligro y trasmítelo a tus amigos y familiares»; «enseña y critica a los que vierten basuras y contaminantes al mar y los ríos» y «participa en las actividades de rehabilitación del medio marino, por ejemplo: limpieza de playas o costas y recogida de basura de los canales y lagunas».
Entre otros consejos, convoca a promover «en tu Escuela, barrio o círculo de amistades, la creación de clubes o asociaciones de personas ecologistas, que colaboren en las actividades de educación ambiental y en la conservación del medio marino».
Desde un modesto cartel, explica: «arrojar basura a las calles, ríos y costas afea y contamina el medio ambiente. La salud de todos está en juego. Seamos actores y convirtamos nuestra ciudad y comunidad en un lugar más limpio donde vivir».
«Aunque los llamados llegan a personas de todas las edades, la mayor audiencia de los mensajes son los niños y las niñas. Eso es importante, porque contribuye a una educación medioambiental desde edades tempranas», considera Corvea.
Referidas inicialmente al mar, las recomendaciones serán ampliadas a todo el entorno en un folleto que verá la luz en enero próximo, con la colaboración de la editorial Academia, la corporación Habana Financiera y la representación de Ciudad Habana del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.
«Estará en las escuelas, bibliotecas y será presentado en febrero en la Feria Internacional del Libro de La Habana», explica Corvea. Según Ángela, aunque todavía cuesta que se entienda la necesidad de proteger el mundo, los mensajes de Acualina y el proyecto del barrio Náutico, al oeste de la capital, frente al mar, — donde reside–promueven la educación ambiental entre los vecinos y ganan adeptos.
«A finales de septiembre, en la última campaña del proyecto internacional `A limpiar el mundo, salva tu pedacito´, imbricada con Acualina, participaron en la limpieza de la costa cerca de 5.000 estudiantes», con apoyo de organizaciones del gobierno y educación del municipio de Playa, en la capital.
Aunque Cuba muestra avances en el tema medioambiental, este proyecto es un grano de arena adicional a las acciones estatales.
Durante el VII Congreso sobre Ciencias del Mar, celebrado en La Habana a inicios de diciembre, expertos informaron que en los últimos 12 años la contaminación en el territorio nacional descendió 30 por ciento.
Estos avances son resultado del control sobre los intoxicantes de las aguas superficiales, sobre todo los orgánicos, que descomponen el líquido y reducen el oxígeno disuelto, y los compuestos tóxicos, entre ellos los hidrocarburos generados por la combustión del petróleo, dijeron expertos.

Un poco de cada uno
La historia de Acualina tiene mucho que ver con la vida de Ángela. «No podemos detener el derretimiento de los glaciares ni revertir el calentamiento global, pero con pequeñas acciones sí contribuiríamos a proteger la casa común de seis mil millones de personas», dice la creadora del proyecto.
Amante del mar desde la infancia, bióloga marina de profesión, buza por el deseo de querer extraer ejemplares del mar con sus propias manos, Corvea muestra una voluntad de hierro ante las múltiples zancadillas que le pone la vida.
«De niña, mi padre me llevaba a la playa todos los días, creo que desde entonces estaba definido mi futuro. Llevaba al Centro de Investigaciones Pesqueras las especies que decía haber descubierto y los especialistas las aceptaban para no frenar mi imaginación», cuenta esta mujer que se siente desnuda si no lleva sus aretes.
Cuando cursaba el preuniversitario, llegó a la escuela un buzo del Instituto de Oceanología buscando alumnos que quisieran convertirse en técnicos medios en la especialidad. «Creo que mi mano se alzó sola».
Cuando ingresó, en 1969, se veía montada sobre un barco, lista para saltar al agua a la caza de hallazgos. Su primera incursión marina fue en la embarcación Xiphias –nombre científico de un pez–, en una experiencia que reafirmó su vocación.
Trabajando como técnica, hizo estudios superiores de biología marina y se convirtió en investigadora. En esos años, reportó la presencia en aguas cubanas de una especie rara de holoturia –pepino de mar–, en una inmersión a 27 metros de profundidad.
El nacimiento en 1984 de su segunda hija, Elisa, cambió su vida. A los seis meses, los médicos le diagnosticaron una lesión estática del sistema nervioso central. Para que Ángela trabajara, alguien debía cuidarla siempre.
«En el instituto me propusieron una plaza de divulgadora, sin categoría científica y menos salario. Empezó a cambiar mi visión del mar, ya no se trataba de investigar y publicar los resultados en revistas para especialistas».
Aprendió a traducir temas científicos sobre biología, física y geología, los grandes asuntos de la oceanología, a un lenguaje que pudieran entender los neófitos. Empezó a dar charlas, a relacionarse con periodistas y personas atraídas por la ciencia.
«Me interesaba divulgar el mar para que la gente entendiera por qué era importante investigarlo». Pero cuando pensaba que había encontrado su mundo, la vida se encargó de demostrarle que sólo había transitado una parte del camino.
En 1996, se acercaron al instituto estudiantes y personas de la tercera edad, en busca de información sobre el tema marino. Le propusieron entonces crear un círculo de interés y Ángela, que creía «que no tenía un cromosoma de maestra», se sorprendió a sí misma ofreciendo conferencias y excursiones.
Aunque al principio hubo reticencias, los investigadores se fueron involucrando en el proyecto, que les demostró lo descabellado de ponerse barreras sin antes hacer un intento.
En 2002, Elisa tenía ya 18 años y necesitaba más de la atención de su mamá. Con 53 años, a Ángela se le concede la jubilación extraordinaria. Ahí comienza una nueva etapa.
«Después de algunos meses, surgió una disyuntiva: ¿quedarme en casa o emprender algo desde allí? Me decidí por lo último, estaba convencida de que se podían emprender acciones para cambiar la forma de pensar sobre el mar.
«Como desde 1999 coordinaba en Oceanología la campaña internacional `A limpiar el mundo, salva tu pedacito´, decidí trasladar el comité organizador para el municipio de Playa, donde recibí todo el apoyo.
En 2003, una nueva idea explotó en su inquieta cabeza: formar un taller de transformación del barrio. Es entonces que aparece Acualina. «Acua viene de agua y lina, de corales; me pareció un nombre perfecto», dice Ángela.
El Náutico es un barrio pintoresco, con cerca de 1.300 habitantes. Tiene costa abierta al público y una cuenca hidrográfica altamente contaminada. «Como el mar es un derecho de todos, nos toca cuidarlo por igual, se viva o no en el barrio», dice.
Lo que se pensó como un modesto logotipo ha crecido como una bola de nieve. Y los sueños no acaban, porque el mar y el mundo, en forma de tsunamis, terremotos y huracanes, claman por ayuda a toda voz.

Diciembre de 2006

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