Alelí, de la tierra a la mesa

Cuando en el mes de junio de 2019, Liliana Bolaños Barnet decidió fundar junto a su esposo un proyecto de desarrollo local en Matanzas, su ciudad de residencia— a más de 100 kilómetros de la capital cubana—, no imaginó que “Alimentos Alelí” trascendería esos límites en plena pandemia de covid-19 y a solo dos años de creado.

La iniciativa que impulsó esta emprendedora de 44 años se convirtió, en el pasado mes de octubre, en la primera mediana empresa de su provincia, en medio de políticas internas que amplían la participación de actores económicos en la producción de bienes y servicios. Para Bolaños significa ampliar sus ofertas y horizontes.

“Todo surgió a partir de la finca de semillas de mi esposo. Los frutos no alcanzaban la talla comercial, pero queríamos darle un valor agregado a esa producción”, cuenta a SEMlac la emprendedora.

Liliana Bolaños Barnet considera que una de las fortalezas de Alelí es la de ser un emprendimiento familiar y que logra encadenarse con otros proyectos. Foto tomada del periódico Girón

“Los alimentos siempre han sido el talón de Aquiles de los cubanos y buscar alternativas para aumentar la producción y que acceda a ella la mayor parte de personas han sido, desde el comienzo, nuestra premisa. Además, si estos alimentos los pueden adquirir fritos, prefritos, congelados, deshidratados o beneficiados es un enorme alivio para la mujer trabajadora y para las personas de la tercera edad”, comenta.

Con esa intención se presenta Alelí en el sitio web Agrominuto, una de las plataformas de comercio electrónico que utilizan: “Elaboración y comercialización de productos alimenticios beneficiados, deshidratados, congelados y empaquetados, con el fin de facilitar la vida de la familia (…)”.

Ají pimiento troceado, yuca rayada, acelga congelada, barra de guayaba, frituras de malanga, jugo de limón, pasta de ajo, dulce de frutabomba y paquetes con viandas ya peladas y listas para preparar un ajiaco, tradicional plato de la comida cubana, son algunas de las ofertas de Alimentos Alelí, que ha encontrado gran demanda entre los matanceros.

Además del punto de venta en Calle 147, esquina 154 en el reparto Reynold García más conocido por Pastorita, donde radica el centro de beneficio y elaboración, Alelí también brinda servicios de mercado y cafetería en un establecimiento ubicado en la calzada General Betancourt, en el reparto Peñas Altas de esa ciudad.

“Junto a la venta en estos establecimientos, realizamos ferias a petición de las empresas y tenemos el servicio de comercio electrónico y entregas a domicilio”, apunta Bolaños.

Además de la venta en establecimientos, Alelí realiza ferias a petición de las empresas, brinda servicio de comercio electrónico y entregas a domicilio. Foto cortesía entrevistada.

Crecer y aportar en medio de una pandemia

La pandemia fue un periodo de prueba del proyecto”, asegura. Lo que comenzó con un mercado especializado y una planta de beneficio, incorporó luego el servicio gastronómico de cafetería, para dar un valor agregado con productos en otro formato. Ante la pandemia, una prioridad fue el comercio electrónico y la entrega de alimentos a domicilio en Matanzas.

“Actuamos, principalmente, en las cuadras en aislamiento del consejo popular donde llevábamos nuestros productos. Además, fuimos hasta barrios completos en zona roja como la Violeta, realizamos donaciones a centros de aislamientos; en fin, no dejamos de trabajar”, dice e insiste en que no era momento de flaquear.

“En ese tiempo fuimos los únicos que, con esta forma de comercialización, llevamos los alimentos hasta las puertas de los matanceros, sin importar cuál fuera el barrio”, agrega.

Para Liliana es una fortaleza haber creado un emprendimiento familiar, junto a su esposo Ramón Alexander Espinosa. “Contar con su apoyo y esfuerzo ha sido muy importante”, precisa.

Las mujeres son mayoría en «Alimentos Alelí». Foto cortesía entrevistada.

La pequeña empresa es también espacio de empleo y realización para otros 26 trabajadores, de ellos 19 mujeres, muchas de las cuales no tenían vínculo laboral. “Las mujeres no solo somos capaces de emprender cualquier obra, sino que continuamos nuestra doble jornada en el hogar. En el proyecto hay ejemplos de madres con varios niños que se han ido creciendo; empezaron como obreras y hoy son dependientas o jefas de planta, otras que se encontraban desvinculadas y hoy aportan socialmente”, comentó la entrevistada.

Liliana Bolaños prefiere hablar más de las aspiraciones que de los obstáculos. Aunque reconoce que las dificultades han sido muchas respecto a los mecanismos para facilitar el abastecimiento de diversos productos y otras áreas, sostiene que el impacto es positivo y es lo que vale.

“Imagínese que fuimos el primer proyecto de desarrollo local ejecutado por un trabajador por cuenta propia del país y hoy la primera mipyme de Matanzas. Hemos tenido que romper trabas y abrir mentes al progreso y al desarrollo”, afirma.

Parte de su producción proviene de la finca de su esposo, quien personalmente atiende la labor agrícola, “aunque ha tenido que delegar algunas tareas para dedicar más tiempo a otras líneas del proyecto”, explica Bolaños.

“Queremos promocionar un slogan: desde la tierra hasta la mesa, justamente porque participamos de todo el proceso”, añade.

“Tenemos encadenamientos con otros proyectos, tanto trabajadores por cuenta propia —que nos proveen de vinagre, vino seco, pan, entre otros insumos—, como empresas”, apunta Liliana, para quien las redes entre emprendimientos han sido muy útiles.

Por ejemplo, desde Alelí apoyan al proyecto “Callejón de las tradiciones”, al que surten mensualmente con determinados productos que destinan a la atención comunitaria.

“Alelí es la unión del nombre de mi esposo y el mío ʹale-liliʹ y decidimos darle un toque comercial, aunque es una flor que proviene de la tierra y eso nos gustó.

“Tenemos hasta una adaptación de la canción Capullito de Alelí y queremos grabarla como publicidad. El estribillo dice: ʹcompre alimentos Alelí compayʹ”, refiere Bolaños al hablar de las metas futuras, entre las que priorizan el darse a conocer cada vez más en el país.

“Nuestras aspiraciones son muchísimas: comenzar a brindar servicios en la cafetería del hospital militar cuando reabra sus servicios, adquirir un ómnibus para convertirlo en un mercado móvil y que nuestros productos puedan llegar a otros municipios y provincias, insertarlos en el comercio electrónico en moneda libremente convertible (MLC) para poder adquirir nuestros insumos, que nos asignen un local en el centro de la cuidad y trabajar, trabajar y trabajar en pos del beneficio de la población”, subraya.

Por lo pronto, su mayor satisfacción es estar siendo útil y aportar un granito de arena a la economía cubana, desde el proyecto que eligió impulsar.

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