Hablando con Daisy Hernández: mujer transexual y luchadora

Daisy HernándezHace muchos años que conozco a Daisy Hernández. No fue un encuentro meramente casual. La conocí siendo yo parte de una organización de jóvenas feministas (Colectivo Trótula) aquí en Las Palmas. Andábamos envueltas en esos años en profundizar sobre el tema de la identidad sexual. Nos parecía realmente interesante traspasar al desconocido mundo de la transexualidad. En ese camino conocimos a gente maravillosa, como a ella.

Ahora, Daisy Hernández es vecina mía y nos vemos mucho más. La admiro por su gran corazón y su capacidad de resistencia a las adversidades de la vida.

Comenzando con la entrevista y haciendo honor a su resuelto talante, Daisy se adelanta a preguntarme que de qué quiero hablar.

Le comento que me gustaría hilar sobre su trayectoria como activista:

Muy bien!– me responde-. Porque me agobia hablar siempre de lo mismo y dar explicaciones. Todas las entrevistas con transexuales son iguales. Ya la gente tiene que saber de qué se trata lo de ser transexual. ¿Acaso las personas que no lo son dan explicaciones sobre su identidad?

Le pregunto pues que comience recordando cómo se sucedió su encuentro con «las feministas»

Resulta que las Trótulas pensaron que las transexuales teníamos mucho en común con ustedes. Porque había hombres que no nos miraban bien a nosotras tampoco. Es cuestión del machismo.

Por otro lado las chicas de Médicos del mundo llegaron a nosotras porque se dieron cuenta de nuestras necesidades pero no tenían información suficiente. Al principio incluso nos llamaban travestis. Yo las invité a conocer más en profundidad la transexualidad, mientras que ellas se dedicaban a la prevención del SIDA, de las enfermedades de transmisión sexual y de los riesgos labores de las prostitutas.

¿Y esos riesgos?

Por ejemplo, nos enseñaron cómo acercarnos con cuidado a los clientes, cómo subir a los coches siempre por la parte de atrás y a no estar solas en las esquinas, a andar en grupo. ¡Hay mucho hombre loco!.

¿De este grupo conjunto, que formamos feministas y transexuales para formarnos sobre la identidad sexual ¿qué fue lo que sacaste?

Me sirvió para conocer gente a la que no estaba acostumbrada, gente diferente y que nos aceptaba. Hasta que no nos empezaron a tratar, no nos conocimos bien. Todavía conservo esas amistades y quedo con ellas. Me sentí muy bien. Hay muchas personas transexuales que no se relacionan tanto, fuera de su círculo, no hacen vida social.

¿Te ha servido esa experiencia desde entonces para ayudar a otras mujeres transexuales?

¡Claro!. ¿Tú no sabías lo que yo hacía en Médicos del Mundo? Mira, yo hacía la acogida a chicas jóvenes que acudían y las derivaba. Atendía a las necesidades de cada persona, derivándoles a endocrinología o a asistencia psicológica.

¿Endocrinología? Disculpa mi ignorancia

Es que tú vivías en Tenerife y te saltaste muchas clases -dice entre risas-. Te explico, el endocrino es el que les hace el seguimiento de todo el tema hormonal. Es que en ese entonces, nosotras nos pinchábamos hormonas por nuestra cuenta. Entre nosotras nos decíamos lo que te podías pinchar, ibas a la farmacia y te pinchabas. Yo les advertía del riesgo. Ahora, años después, las que empiezan conocen más porque hay más información y hay más proyectos a su disposición.

¿Y que te supuso la experiencia feminista?

Me he dado cuenta de que las feministas no aplican sus ideas con los hombres en la intimidad. No llegan a serlo en la totalidad como con sus ideales.

¿Pero no crees que somos menos sumisas que otras mujeres? No seremos perfectas…

Si, menos que las demás y claro que no somos perfectas. Porque he notado que en la intimidad las feministas se callan muchas cosas. Es como una parte oculta, no se está en la práctica a la altura de las ideas. Se le da un lugar al hombre en la intimidad, que no se le da en la calle.

¿Te ven diferente las otras chicas prostitutas que no son feministas?

Claro, me dicen jefa. Las demás me ven diferente, me extrañan cuando no estoy, me ven como líder, me consultan, me piden consejo. Me ven como madre, aunque yo les digo que tan vieja no soy (más risas). Es una cosa que me la he ganado porque sé escuchar.

Para ir terminando, ¿estás tu también indignada?

No veo mucho la tele, no sé si estoy bien informada. Me he enterado de que no estamos sintiendo la democracia como nos hacen creer y que ahora todo es una dictadura. ¿Es eso?

Si, yo también creo que se trata de eso ¿Cuál es tu sueño pues para un mundo mejor?

Pues creo que la lucha de las personas transexuales está finalizada porque hemos adquirido nuestros derechos y tenemos las leyes. Yo siempre he trabajado desde adentro, no acudo a las manifestaciones, son como un poco carnaval. Creo que eso confunde a la gente.

Muchas personas transexuales están aptas para otros trabajos, pero la mayoría de las mujeres nos vemos obligadas a ir a la prostitución.

Ahora yo pienso que cada una tiene su lucha particular. Me gustaría vivir en tranquilidad y en paz. Que no existan dos mundos diferentes… No crear un mundo propio, no hacer grupitos de transexuales, de mujeres o de hombres, sino que sólo exista un mundo para toda la gente y sea el mismo. Y ahí tenemos que vivir siempre felices con nuestros problemas y alegrías. Porque si no, sería tener una burbuja aparte.

¡Mira que bien!, así para terminar vuelvo al principio, que te decía que me gustaría no tener que dar explicaciones de mi identidad sexual. Cada una es como es.»

Encantadora como es, Daisy Hernández es una parte más de este mundo entremezclado de personas muy diversas. Este mundo que quiere crecer con las mismas oportunidades y dejar de sufrir las injusticias. Daisy ha dejado huella con sus palabras y su buen humor en mi apartamentito. Le quedo debiendo, al menos, una rica cena en mi nueva «azoteíta».

Tomado de La Independent

Junio 2011

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