Aproximaciones para el estudio de la Diversidad Sexual

Secretaria Académica del Programa de estudio de género. México D. F.

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Aproximarnos a la diversidad sexual necesariamente nos hace revisar el concepto que sobre la sexualidad tenemos; dejar claro que concebimos la sexualidad como un producto social que se refiere a los aspectos eróticos amorosos de nuestras vivencias, mucho más allá de la genitalidad.

El interés por develar la diversidad sexual que existe en una sociedad se ha manifestado claramente a partir del desarrollo de algunas teorías psicológicas, de algunas corrientes de la sexología y en dos movimientos sociales: el feminista y el lésbico-gay. Aunque su mayor reconocimiento se ha dado a través de la lucha social, dichos movimientos no han sido ajenos al desarrollo del conocimiento y recientemente han ocupado áreas de estudios importantes en las instituciones de investigación y de educación superior.

Una de las principales aportaciones al reconocimiento de una sexualidad múltiple se le adjudica al polémico Freud (05), quien –si bien mantuvo una posición que podría considerarse ambivalente- sembró la semilla de la visión moderna sobre la variedad sexual infinita. Señaló que la sexualidad tiene claras manifestaciones durante las diferentes etapas de la vida y que éstas son polimorfas. Si bien Freud denominó a algunos comportamientos sexuales como «perversos», su connotación no era la misma que actualmente le asignamos a este término (Weeks, 1998). Buscando transformar las opiniones convencionales en torno a lo que constituía el sexo, él les llamó así desde esa analogía que, hasta el siglo XVI, identificaba a la perversión como diversidad, expresada claramente a denominar el infante como un perverso polimorfo.

Si bien la sexología se ha orientado de manera importante a estudiar la respuesta sexual humana, principalmente desde una óptica biológica (Master y Jonhson, Ellis…), otros sexólogos -como Kinsey- han ampliado notablemente su perspectiva y actualmente resultan pioneros en el estudio de la sexualidad de una manera amplia; así la sexología contemporánea ha incorporado otra dimensión para su análisis, que es la social; ésta nos permite ver la influencia de la historia y de la cultura en la definición de las prácticas.

Desde esta óptica disciplinaria, no podemos dejar de lado la aportación de la ética a la reflexión sobre las manifestaciones diversas, que ha permitido llevar la discusión de la sexualidad humana más allá de lo moral, para poderla enmarcar en los derechos de las personas, desde el respeto y la libertad. Y es precisamente este marco desde donde la perspectiva feminista y los estudios lésbico gays han impulsado su análisis.

El feminismo contemporáneo identificó a las prácticas sexuales predominantes como uno de los elementos centrales que mantenían la iniquidad entre mujeres y hombres, como un instrumento más para la subordinación de las mujeres, e impulsó una fuerte lucha para que se reconociera la sexualidad femenina, que consideran negada.

Carole Vance, destacada feminista, publicó en 1984 una antología que recoge los principales debates de los años 70, denominándola «Placer y Peligro», donde claramente se destaca el papel que la sociedad atribuía a la mujer respecto de la sexualidad, en este posicionamiento de doble moral social y de suma responsabilidad hacia las mujeres en el control de la sexualidad. La aportación feminista, además de destacar la disparidad de género en el ejercicio sexual, se pronunció claramente a favor del reconocimiento de las diversas expresiones de la sexualidad de las mujeres, contra la heterosexualidad impuesta y contra las diferentes formas de violencia sexual.

Los estudios lésbico – gays intentan establecer la centralidad analítica del sexo y la sexualidad dentro de diferentes campos de investigación y promover los intereses de las lesbianas, bisexuales y gays, enfocándose al escrutinio de la producción cultural, la diseminación y las vicisitudes de los significados sexuales. Intentan descifrar los significados sexuales inscritos en diferentes formas de expresión cultural, así como los significados culturales de los discursos y prácticas del sexo.

La sexualidad es a los estudios lésbicos – gay, lo que el género a los estudios de las mujeres (Abelove, 1993). Los estudios lésbicos- gay como los estudios de las mujeres, se ubican entre la academia y la política, al constituirse en campo de investigación académica y de exploración crítica.

El concepto de Diversidad Sexual

Los estudios lésbico – gays (Abelove, 1993) han derivado en una amplia variedad de disciplinas – filosofía, humanidades, estudios étnicos, estudios literarios y estudios culturales- que producen y emplean muy variados tipos de conocimiento y significado. Sugieren diferentes temas y tópicos para investigación; demuestran la evidencia de diversos métodos teorías, estilos y aproximaciones; y tomados en su conjunto transforman la vida de nuestras culturas y de nuestro mundo.

Los estudios lésbico – gays no están limitados al estudio de las lesbianas, bisexuales y gays (LBG), ni se refieren simplemente a los estudios que se encargan de, o en nombre de LBG. Es decir, no pueden ser definidos por sus sujetos, sus profesionales, sus métodos o sus temas, ni intentan ser agregados disciplinarios o de problemáticas. Introducen el sexo y la sexualidad como una categoría a tomar en cuenta en el análisis de la realidad social.

Si bien las transformaciones dentro de la corriente dominante de la sexología proporciona un marco teórico para reconocer la diversidad, el impulso político proviene de un origen diferente: las expresiones sexuales no legitimadas.

La mayor parte de las sociedades han presenciado ya un esfuerzo sostenido de las lesbianas y gays por articular y desarrollar identidades claras en el contexto de subculturas y comunidades de subculturas y comunidades sociales más amplias. A medida que los modos de vida homosexual se han hecho más públicos y tienen más confianza en sí mismos, han surgido otras afirmaciones de identidad de minorías sexuales, a la par que han proporcionado un repertorio de estrategias políticas y organizativas para la movilización de otros grupos eróticos. Así ha surgido la voz de travestis, transexuales, sadomasoquistas, bisexuales, swingers, prostitutas y otros, exigiendo su derecho a la expresión y la legitimidad. Es decir, cada día más han dejado de ser del interés clínico para entrar en el escenario de la historia y de la cotidianidad, como pruebas vivas de la diversidad sexual.

Aún así, la tendencia a formar y defender categorías está aún vigente. Pero como Kinsey señaló: sólo la mente humana inventa categorías y se esfuerza para que los hechos quepan en casilleros separados, a pesar de que los hechos se subvierten constantemente. Y en este afán, han surgido nuevas categorías y minorías eróticas, mientras que las más antiguas han vivido un proceso de subdivisión a medida que gustos especializados y necesidades y aptitudes específicas se convierten en la base de otras aptitudes específicas se convierten en la base de otras identidades sexuales que proliferan: leather, swingers, dike,* entre otras.

La lista es potencialmente interminable ya que cada deseo específico se convierte en un centro de afirmación política y posible identidad social, que resulta imposible enumerar y no pocas veces, incluso denominar. Basta observar un poco y mirar cómo se presentan formas de expresión en movimiento constante, cada una con sus expresiones específicas.

Los estudios sobre las minorías sexuales han pasado entonces de los estudios lésbico-gays a los estudios queer **-como una forma de reivindicar su uso peyorativo- así como a los de la diversidad sexual, con el objeto de abrir un espacio para reflexión sobre las amplias manifestaciones de la sexualidad.

Aproximarnos a la diversidad sexual necesariamente nos hace revisar el concepto que sobre la sexualidad tenemos. Es decir, dejar claro que concebimos a la sexualidad como un producto social que se refiere a los aspectos erótico-amorosos de nuestras vivencias, mucho más allá de la genitalidad.

Así podría considerarse que la diversidad sexual abarca tres dimensiones para su análisis y definición: la orientación sexual, de acuerdo a la dirección erótico-afectiva del objeto amoroso; la identidad sexual, de acuerdo a la definición sexual que adopta la persona; y la expresión sexual, de acuerdo a las preferencias y comportamientos sexuales que adopta la persona.

Estas dimensiones sin embargo, no son lineales; se superponen e interactúan de manera cambiante a través del tiempo, en las diferentes etapas de la vida.

Situación actual de la Diversidad

La posición ante la diversidad sexual ha ido variando; por ejemplo, hoy en día, pocos sexólogos se sentirían cómodos al usar el término «perversión» para describir las variedades de expresiones sexuales. Es más, en uno de los estudios más recientes e influyentes sobre el tema, Robert Stoller señala que la perversión es «la forma erótica del odio», definida no tanto por los actos sino por el contenido: la hostilidad. Los estudios lésbico-gays no se constituyen en proyectos de investigación desarrollados por algunas personas interesadas; solo en Estados Unidos existen más de 15 programas curriculares para abordar esta perspectiva. El tema de la sexualidad empieza a salir del closet y poco a poco se va constituyendo en un tema cotidiano de reflexión al interés por conoces las formas y la presencia frecuente de la diversidad sexual. El trabajo desarrollado en torno a la investigación en este campo se ha dirigido hacia las identidades, las expresiones culturales, literarias, las formas de resistencias y de organización, y los estilos de vida.

Los esfuerzos de la lucha política incluso han llegado a que las fuerzas conservadoras cada vez requieran de mayor beligerancia para ser escuchadas, mientras cada día la visibilidad de otras formas de la expresión de la sexualidad van no sólo ganando terreno sino conquistando derechos.

Retos

El trabajo de investigación que hoy realizamos, nos permite ofrecer elementos para comprender el arraigo a las identidades sexuales y su expresión, pero – al estar basado en las categorías reconocidas- necesita mirar por los intersticios para reconocer y documentar los movimientos que, entre las categorías dadas, expresan el comportamiento sexual humano. Los retos por enfrentar son aún más grandes. El reconocimiento mismo de la sexualidad como una esfera de la vida independiente de la reproducción está aún pendiente.

El reconocimiento de la presencia de otras expresiones de la sexualidad tampoco ha sido suficiente para reconocer los derechos involucrados en estas diferencias. La discriminación de que son objeto, incluso desde la propia condición, es aún un elemento pendiente para asumir un compromiso para la transformación.

Afirmar la existencia de la diversidad no responde a las preguntas levantadas a través de la historia de la sexualidad (Focault, 1979), sólo plantea preguntas nuevas. Son importantes porque nos desafían a reconsiderar los criterios con los que podemos decidir entre una conducta apropiada o inapropiada, a reconocer expresiones y comportamientos propios que no habíamos identificados y a reflexionar más sobre nuestra propia moral para comprender otras.

Asumir la diversidad sexual nos plantea la revisión de las categorías que sobre la sexualidad hemos construido y reconocer su insuficiencia. Es más, reconocer que estas no son inamovibles, ni definitivas si no que están en constante movimiento y que se solapan aún sin darnos cuenta. Más aún, nos reta a mirar un mundo sin categorías, donde las expresiones de la sexualidad, todas, tengan cabida y sean plenamente disfrutadas, un mundo que aún ni siquiera imagino.

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*Leather: Es una manera de nombrar un estilo en el vestir con prendas de cuero, cadenas, perforaciones, látigos… y que con frecuencia se relaciona con prácticas eróticas sadomasoquistas.

Swinger: Hace referencia a las parejas que por mutuo acuerdo deciden intercambiar a sus miembros.

Dike: Hace referencia a un tipo de lesbianas masculinas.

** Queer: Proviene de la tendencia en Estados Unidos de reivindicar aquellos vocablos a través de los cuales se ha estigmatizado. Su traducción es «rarito», pero como una reivindicación a lo diferente; entonces podemos hablar de un ambiente queer, personas queers, prácticas queers, acciones queers, identidades queers… Incluso, se habla de una teoría queer en referencia a los estudios de estos aspectos.

Bibliografía

Abelove, Henry y otros (1993): The lesbian and Gay Studies Reader, Routlege, New York/ London.

Focault, Michelle (1979): Historia de la sexualidad, Fondo de Cultura Económica, México.

Freíd, Sigmund (1905): Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad. Amorrorto, Barcelona.

Vance, Carole (1984): Placer, peligro. Explorando la sexualidad femenina, Routlege. Boston y Londres.

Weeks, Jeffrey (1998): Sexualidad. Paidós, Programa Universitario de Estudios de género, UNAM, México.

Tomado de: Sexología y Sociedad, Año 9 No.22, Septiembre de 2003

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