Premio a la diversidad y la aceptación

La entrega del Premio Nacional de Cultura Comunitaria al promotor cultural Ramón Silverio, además de ponderar su dedicación durante más de 20 años al teatro comunitario, también es un reconocimiento a su vocación de aglutinador social. Residente en la provincia de Villa Clara, a unos 300 kilómetros de La Habana, Silverio apostó por llevar las tablas a la comunidad hace más de dos décadas, con los proyectos teatrales de El Mejunje y La Brigada Los Colines.

El primero de ellos hace honor a su nombre, pues en Cuba esa palabras se emplea para aludir a una mezcla que logra reunir aspectos de diversa índole, algo que la peña cultural El Mejunje hace diariamente con personas de generaciones, intereses y gustos diferentes.

Junto a un grupo de actores, ha llevado durante años el teatro a las comunidades montañosas del macizo del Escambray, con obras enmarcadas en las tradiciones y la forma de hablar del campesinado cubano, como Las cabañuelas o Las nuevas aventuras de Juan Quinquín en Pueblo Mocho.

Hace apenas un par de semanas, el Proyecto Mejunje puso en cartelera La Odilea, versión de la novela de Francisco Chofre que recibiera mención en el concurso Casa de las Américas, en 1966.

Especie de parodia de la Odisea homérica, la historia incorpora elementos de la idiosincrasia criolla y sustituye el ambiente de las islas griegas por algún lugar situado en las cayerías del archipiélago cubano.

El ambicioso montaje de Silverio cuenta con 14 actores que interpretan 35 personajes, con un equipo de artistas plásticos encargado del diseño escenográfico y buena parte de la música escrita especialmente para la puesta.

Sin embargo, es la creación y dirección del centro cultural «El Mejunje», desde la pasada década del ochenta, lo que ha hecho de Silverio un hombre conocido dentro y fuera de la isla.

Fundado en la ciudad de Santa Clara hace dos décadas, el centro funciona como un punto de encuentro entre heterosexuales y homosexuales, marcado por una vocación de apertura y aceptación a la diversidad humana.

Con prácticamente ninguna competencia en el país, este sitio propone un proyecto cultural amplio, con ofertas para todos los públicos y donde, al decir del propio Silverio «nunca se ha marginado a nadie y acoge a personas que en otros lugares eran un poco rechazadas».

«El Mejunje» ha servido durante años como escenario para espectáculos de travestis, y entre sus muros semidestruidos –se levantó en una antigua casa en ruinas- los homosexuales «se sienten dueños, son muy libres y entran en parejas, pero otro público también entra sin prejuicios, y se aprecia mucha armonía», explica Silverio.

La variada programación del lugar incluye montajes infantiles, bailes para jubilados, proyecciones de cine, obras de teatro, conciertos de rock, pop, trova y hasta sesiones de discoteca.

Para Silverio, «este sitio ha hecho que Santa Clara sea hoy la ciudad más tolerante de Cuba».

A su juicio, allí se está pasando de la tolerancia a la aceptación, y el local que dirige es un ejemplo de cómo debe ser la sociedad en el futuro, donde la gente conviva, se respeten las individualidades y cada cual pueda ser feliz.

Marzo de 2007

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *