Mujeres en el cine de ficción cubano: ¿de qué estamos hablando?

¿A qué nos referimos cuando hablamos sobre las mujeres en el cine cubano? ¿A la presencia de temas femeninos? ¿Al instante en el que las mujeres hablan sobre sí mismas? ¿Al intelecto que muestren como directoras de película, con el tema que sea? ¿A todas estas cosas a la vez?

A pesar de que para muchos especialistas la cinematografía siempre ha sido machista, patriarcal, un ambiente de y para hombres, a partir del triunfo revolucionario en Cuba, de manera muy paulatina, comienzan a llegar mujeres a los espacios de hacer cine. Sin embargo, no es hasta la pasada década de los setenta que comienzan a aparecer productos que reflejan las problemáticas de ellas en la nueva sociedad.

Resulta revelador que en Cuba se ha nombrado el acceso de las mujeres al espacio público como una revolución dentro de la Revolución, mientras que en el mundo cinematográfico se reprodujo la distribución de roles que enmarcaba a las mujeres en aquellas mismas especialidades que tradicionalmente habían ejercido: maquillaje, vestuario, actuación y edición. No basta solo con mencionar nombres y nombres de mujeres en el espacio de la realización para intentar evidenciar su participación, si esa mirada y listado no se acompañan del ejercicio de desmontaje que implica expresar las relaciones arbitrarias que, en términos de género, aún perviven.

Dentro del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), el período de mayor esplendor de las mujeres realizadoras de ficción corresponde a los últimos 15 años, con figuras experimentadas como Rebeca Chávez, Magda González Grau, Marilyn Solaya y, más recientemente, Blanca Rosa Blanco. Con respecto a las producciones realizadas fuera de la industria, si bien se han diversificado mucho en cuanto a origen y tecnologías empleadas, tampoco cuentan con un grupo numeroso de exponentes femeninas.

Las nuevas generaciones, sobre todo en los últimos años, han aportado una oleada de jóvenes creadoras que sí sobresalen por su variedad, pero navegan en los proyectos independientes. Entre ellas destacan Susana Barriga, Heidi Hassan, Dianellis Hernández, Ariagna Fajardo, Diana Montero, Ingrid León, entre otras.

El incremento de las mujeres en la dirección de ficción es un logro importante dentro de las luchas por conseguir la igualdad de oportunidades para ambos sexos en los más diversos sectores. Sería un error pensar que, por ser mujeres, los documentales estarán abordados desde una perspectiva de género. Pero la realidad es que, inevitablemente, abordaron de manera crítica las problemáticas sociales y de género que encontraba la mujer en su ascenso en la sociedad[i].

Hoy se puede hablar de una mayor visibilidad en el abordaje de las temáticas de género en los largometrajes cubanos dirigidos por mujeres. Si bien en un inicio las realizadoras denunciaban a través de las cámaras las diferencias existentes y algunas manifestaciones de discriminación y subordinación, muchas de sus propuestas no estaban partiendo de un conocimiento teórico del género o del feminismo.

La mayoría de los expertos coinciden en que el desarrollo de las tecnologías, la diversificación en las formas de producción y divulgación de las obras, ligados al incremento de los estudios de género en las diferentes facultades y centros del país, han hecho que el número de mujeres detrás de cámara haya aumentado considerablemente en los últimos 15 años.

La realidad que llama la atención es que esas mismas realizadoras, capaces de recoger problemáticas esenciales, describir y mostrar el conflicto, en pocos casos se detienen a profundizar en sus causas.

Un análisis de los largometrajes de ficción dirigidos por mujeres después de 1959 revela diferencias y puntos en común en cuanto a la manera en que reflejan a las mujeres en particular y las relaciones de género de manera global.

Solamente uno de estos filmes es previo al año 2000: De Cierta Manera (1974). El resto fueron realizados en el período comprendido entre 2005 y 2018: Ciudad en Rojo (2009), Vestido de Novia (2014), ¿Por qué lloran mis amigas? (2017) y El regreso (2018), lo cual revela una mayor representatividad de la mujer en el rol de directora dentro de la industria cinematográfica cubana en las últimas dos décadas.

Se trata de cinco realizadoras cubanas, con estilos, propuestas y conceptos diversos, marcadas por diferentes épocas y contextos políticos, pero con la misma preocupación de mostrar en sus obras las problemáticas sociales y de género presentes en la cotidianeidad, como medio de denuncia y reflexión.

Los cinco largometrajes abordan temáticas diferentes, pero todos constituyen un mecanismo de denuncia y reflexión en torno a temas que, de alguna manera, limitan el desarrollo sano, justo y equitativo de las personas en la sociedad.

Al basarse en la línea temporal de las tramas, tenemos en primer lugar a Ciudad en Rojo (2009), que discursa fundamentalmente sobre los desafíos que representaba formar parte de la clandestinidad en los años previos al triunfo revolucionario, representando el canon de la juventud rebelde y cuestionadora en relación con la realidad.

Le sigue De cierta manera (1974), acerca de la inserción de la mujer cubana a la sociedad que se estaba creando después de 1959. Su disyuntiva entre la realización personal y laboral, y los roles como encargadas del hogar, esposas, la doble jornada laboral, los prejuicios, los estereotipos que persistían y aún persisten.

Posteriormente, Vestido de novia (2014) aborda la vida de personas que se sienten en constante discrepancia con el sexo con que nacieron y necesitan ser reconocidas y respetadas como aquello que realmente son. Aunque va más allá del tema de la transexualidad, para acercarse a uno tan complejo como la construcción de la feminidad en un país como Cuba.

¿Por qué lloran mis amigas? (2017) y El regreso (2018) se sitúan en la Cuba contemporánea. La primera es una apuesta por la vida, por aferrarse a las cosas buenas y cuya fuerza y perseverancia sirven de ejemplo a las cubanas que se encuentran en la adultez. La segunda, una deuda saldada con las mujeres que han sido abusadas y/o violadas sexualmente, tema tratado con pinzas en los medios, a pesar de ser un fenómeno real.

Los hallazgos

Un balance histórico del número de producciones generadas desde lo femenino revela una ausencia notable en cuanto al protagonismo femenino en roles creativos a lo largo de más de cien años. Y si bien en los últimos tiempos resulta notable la inserción de la mujer dentro del espacio fílmico nacional, como generadora de productos audiovisuales, todavía el desbalance es significativo.

Mapear las líneas temáticas y estilísticas referidas en sus filmes resulta un camino indispensable para comprender cómo aún somos una nación que se debe interrogar hasta dónde las inequidades en términos de género sobreviven, se trasforman y asumen nuevos rostros.

En ese sentido, la producción cinematográfica de ficción hecha por mujeres –a partir de la muestra analizada–, evidencia una evolución en relación con el abordaje de las temáticas de género, aunque en algunos casos las desigualdades, discriminaciones y subordinaciones no se narren partiendo de perspectivas conscientes o documentadas desde un conocimiento teórico.

El ya citado acceso a tecnologías más amigables, junto al aumento de los estudios de género en Cuba, la preparación que tanto hombres como mujeres reciben en las escuelas de cine y televisión existentes en el país han hecho posible una evolución en cuanto a la presencia de una perspectiva de género en las películas.

Las temáticas que proponen estas cinco cintas son tratadas desde una crítica mucho más aguda a la sociedad cubana y a la manera en que se construyen los feminismos y las masculinidades en su interior. En ellos se reflejan temáticas diversas, como la inserción de la mujer a la sociedad cubana en los primeros años de la Revolución y previo a ella; la disyuntiva entre ser madre, esposa, encargada del hogar y una profesional destacada; los conflictos entre el sexo y el género de las personas transexuales y travestis; la denuncia de la violencia de género en sus más disímiles manifestaciones; la crítica al desentendimiento y la falta de información; la exhortación al respeto de intereses; la emigración como alternativa de escape a los problemas; y el amparo de las personas de la tercera edad.

Como género cinematográfico, la ficción no acepta encasillamiento; es un producto postmoderno que se mueve constantemente entre la fragmentación, la relectura de los más disímiles lenguajes artísticos, la cultura popular, el mercado, las nuevas tecnologías, etcétera. Lo marca en gran medida el contexto socio-cultural e histórico con el cual se interrelaciona de manera dialéctica.

Mujeres y hombres figuran en este género, casi siempre relacionados como parejas o complementos-visuales y sexuales. Vale recalcar que las identidades, expresiones de género, roles y espacios no siempre son establecidos desde una heteronormatividad, pues aparecen identidades y expresiones-evidentes de sujetos gays, lesbianas, travestis o transexuales. A la par de que casi la totalidad de los largos son del corte narrativo-descriptivo, se concentra en el núcleo de la representación una concepción bastante amplia de los conflictos dramáticos. Los espacios, escenografías y atmósferas recrean escenarios urbanos, privados y recreativos; tanto mujeres como hombres figuran compartiendo estos escenarios.

Los personajes están bastante aterrizados a la realidad, se muestran profesiones u oficios de diferente tipo, rompiendo de esta manera con el rol de proveedor económico culturalmente asignado al hombre. Cada uno de ellos, algunos incluso sin proponérselo, representan una denuncia a los estereotipos de género; sus personajes, la manera de presentarlos y abordar sus conflictos; los elementos de la puesta en escena constituyen un mecanismo de reflexión en torno a la necesidad de lograr la equidad entre mujeres y hombres en el campo de la cinematografía.

Estos largometrajes marcan los derroteros de un cine que propone puntos de vista amparados en otras formas de representar los universos femeninos. Ahí están sus miradas, sus inquietudes como mujeres que tienen el poder de contar historias desde las imágenes.

Por tanto, corresponde a la investigación seguir profundizando en aras de evitar ese peaje de invisibilidad que, por mucho tiempo, ha sido una constante del cine hecho por mujeres en Cuba.

[i] Pérez González, K.A (2020) “Mujer en tiempos de cine. Un acercamiento a la representación social de género en la producción cinematográfica de ficción cubana dirigida por mujeres”. Tesis para optar por la Licenciatura en Periodismo. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana

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