La situación de las mujeres españolas en el mundo del cine

Por Inés París

Así es como se hacen las películas, con la polla, a menos que seas

Lina Wertmuller, y no me sorprendería que ella tuviera polla.

(Billy Wilder)

El cine es cosa de hombres

Esta muy famosa declaración de Billy Wilder, que ha sido reproducida una y otra vez como muestra del increíble ingenio del cineasta, expresa una triste realidad; la exclusión de las mujeres de los puestos directivos del cine se ha naturalizado hasta tal punto que no se considera un «problema». El cine es cosa de hombres, ¿y qué? Aunque sabemos que esta situación no es exclusiva de nuestro país, son los datos españoles y su relevancia los que vamos a presentar y analizar en estas páginas.En estos últimos diez años, pese a los notables avances que se han hecho en nuestro país en el terreno de la igualdad (sobre todo en lo referente a legislación), el universo cinematográfico sigue siendo un coto vedado para las mujeres. Entre 1999 y 2008, de 1.256 películas estrenadas, solo 83 fueron dirigidas por mujeres (6,6%) . Entre el año 2000 y el año 2006, de 871 películas, apenas un 15% fue escrito por una mujer y alrededor de un 20% producido por una empresa productora que tuviera al frente a una mujer . La «división sexual del trabajo» en el cine es enormemente tradicional: los hombres son una aplastante mayoría en las categorías profesionales relacionadas con las funciones artísticas, directivas y técnicas. Los únicos departamentos que habitualmente dirigen mujeres son los de vestuario, peluquería y maquillaje. Es decir, hay muchas mujeres trabajando en la industria del cine, pero no están en los puestos directivos (dirección-guión-producción), que es donde se decide qué se cuenta y cómo.

Habrá quien piense que esta situación es lógica, dada la muy reciente incorporación de las mujeres al mundo del cine (Irene Cortesina, Rosario Pi y Margarita Aleixandre son los únicos nombres de directoras femeninas hasta los años sesenta). Sin embargo, el tiempo por sí solo no parece corregir esta situación. De hecho, los datos que tenemos señalan un retroceso importante en la entrada de nuevas realizadoras en estos últimos años: en la década de los noventa, las mujeres llegaron a dirigir el 17,08% de las óperas primas, pero durante el periodo 2000-2006, las mujeres representaron tan solo un 10,4% del total de directores/as debutantes. Es interesante fijarse en esta década de los noventa, en la que gracias al conocido como «Decreto Miró» se produce un verdadero boom de nuevos realizadores. Las mujeres se incorporan por primera vez en número notable a la dirección: de los 251 realizadores debutantes, 33 son mujeres. ¿Qué pasó con esta generación? Los datos son otra vez tremendos: de todas estas realizadoras incorporadas en los años noventa la mayoría solo han conseguido dirigir ¡una película en 20 años!

Este último dato nos muestra otro aspecto de la realidad de las mujeres cineastas: nos cuesta extraordinariamente tener una carrera con una mínima continuidad. De las realizadoras que irrumpieron en los noventa, como decíamos, la mayoría solo ha conseguido financiar una película y, en un porcentaje nada desdeñable, la producción ha sido propia. Esta necesidad de autoproducirse es tal, que la mayoría de las directoras españolas tienen una empresa productora pero, de nuevo, no nos engañemos, son empresas pequeñas destinadas, sobre todo, a poder llevar a cabo sus propios proyectos, habitualmente con paupérrimos presupuestos. Son muy pocas las mujeres que han conseguido en estos 20 años dirigir y estrenar más de tres largometrajes, sobre todo si nos fijamos en el terreno de la ficción (el que precisa mayor inversión), y todavía menos las que han tenido en sus manos un alto presupuesto y una distribución importante.

Esta situación resulta especialmente paradójica cuando observamos que las escasas películas de autoría femenina que logran superar estos obstáculos son de alta calidad, reconocidas internacionalmente y premiadas por público y crítica.

Y estas son las consecuencias

En el libro Cine y género en España (Cátedra, 2010), la estudiosa Pilar Aguilar compara los contenidos de las películas más taquilleras entre el año 2000 y el año 2006, tomando en consideración si ha sido dirigida por una hombre o por una mujer. Resumiendo sus conclusiones, podemos decir que las películas dirigidas por hombres otorgan el protagonismo a personajes masculinos en un 80% de los casos y muestran a las mujeres como seres pasivos, que no tienen vida al margen de su relación con el varón y que no se comunican con otras mujeres. Por el contrario, las mujeres directoras tienden a tener como protagonistas a personajes de su mismo sexo, aunque en menos proporción que los hombres (en un 70% de los casos), y presentan, en general, personajes femeninos más complejos, ricos y realistas que los de las películas dirigidas y escritas por varones.

Un ejemplo especialmente preocupante, y que subraya la investigadora, se refiere al tratamiento del tema de la violencia de género: en el 25% de las películas realizadas por varones aparecen parejas que viven una situación degradada y degradante que se muestra con humor y que es asumida por los personajes. En el 28,5% de las películas analizadas aparecen personajes femeninos que sufren algún tipo de violencia (física, psicológica y/o sexual), tratada de forma complaciente. Radicalmente diferente es el tratamiento de este asunto en las películas dirigidas por mujeres: en la totalidad de los casos se rechaza la violencia de género.

Ya que la mayoría del cine que se estrena en nuestro país ha sido dirigido por hombres, y que estos dan protagonismo a los personajes masculinos, las actrices sufren una indiscutible falta de oportunidades profesionales. Este colectivo se encuentra no solo con los obstáculos habituales en la profesión, sino con menos papeles (en 2006: 442 mujeres intérpretes frente a 764 hombres) y con pocas oportunidades de encarnar a personajes protagonistas femeninos o secundarios potentes y originales. La imagen estereotipada que de las mujeres ofrece el cine premia a las actrices más jóvenes y convencionalmente «guapas», y excluye a las intérpretes en función de su edad o de un aspecto físico que no responde al patrón de belleza estandarizado.

El tema de las actrices es solo un botón de muestra de hasta qué punto la falta de mujeres en los puestos de dirección afecta a la industria del cine en todas sus áreas.

Pero más allá de las consecuencias sobre la profesión, el que no haya más mujeres directoras, escritoras y productoras incide directamente en la sociedad española. Esto es así porque al ser el cine (y ya no digamos la televisión, medio en el que se emiten estas películas en horarios de máxima audiencia) un «agente socializador» importantísimo, que ofrece y hasta impone (con su increíble capacidad de sugestión) modelos que calan en la psicología de la audiencia, el hecho de que las películas ofrezcan una imagen machista, minusvalorada, pasiva y estereotipada de las mujeres es todo un problema social y educativo. ¿Cómo lograr una sociedad más igualitaria y que ofrezca oportunidades a las personas más allá de su sexo, raza o creencias cuando lo que se ve en le televisión y en el cine reproduce estereotipos y ensalza como virtudes la pasividad y sumisión de las mujeres o la agresividad y dominación de los varones?

Las cineastas se organizan

Hace ahora casi seis años que existe en España una asociación de mujeres cineastas y del medio audiovisual (CIMA). Se creó cuando empezamos a ser conscientes de algunas dificultades profesionales que parecían tener que ver específicamente con el hecho de ser mujeres.

CIMA reúne en este momento a 250 mujeres profesionales de todos los campos del medio audiovisual: directoras de cine, productoras, guionistas, realizadoras de televisión, documentalistas, montadoras, directivas de empresas multinacionales, directivas de televisión, mujeres jefes de equipo de los distintos departamentos creativos o técnicos y cortometrajistas…; lo que significa que esta asociación recoge el punto de vista y los intereses de una amplísima gama de sectores unidos por la motivación común de fomentar la presencia de mujeres en la creación, dirección e industria del mundo del cine y la televisión.

Los objetivos de CIMA señalan lo injusto de que haber nacido con un sexo u otro determine la carrera profesional. Plantean la pérdida de capital humano y de talento que esta situación representa, así como el «déficit democrático» que supone la exclusión de las mujeres de una industria tan importante no solo económica, sino social e ideológicamente.

Para intentar transformar esta situación, partiendo de la experiencia de las y los profesionales que la integran (en CIMA se pueden asociar cualquiera que comparta los objetivos, sea mujer u hombre) y colaborando con especialistas de género, CIMA ha elaborado un programa de trabajo y acciones concretas para intentar cambiar esta situación.

Entre los objetivos prioritarios está el dar visibilidad a las creadoras y a sus obras: tenemos una plataforma digital (www.cimamujerescineastas.es), un espacio en Facebook (cimamujerescineastas) con más de 15.000 «amigos», y colaboramos activamente con los diversos festivales, muestras de cine, seminarios, cursos universitarios, etc., que estudian o apoyan la obra, el trabajo y la memoria de las mujeres de la industria. La presencia de directoras, guionistas, productoras o compositoras y directoras de fotografía en foros públicos ayuda a crear modelos para las nuevas generaciones e impedir que estas áreas se asocien automática y exclusivamente con modelos masculinos. Hemos procurado combinar estratégicamente la denuncia con el humor creando los premios «Esquenohay» y «Haberlashaylas» que castigan o premian, respectivamente, a aquellos programas de televisión, festivales de cine, artículos periodísticos, etc., que «olvidan» o «recuerdan» la obra de las mujeres del cine y la televisión. Estos premios que entregamos por primera vez en el año 2011 tuvieron un éxito inesperado: la reacción de los premiados con el «Esquenohay».

Los «agraciados» recibían nuestra llamada de la siguiente manera: «Hola, ¿cómo estás?

Te llamo porque CIMA ha creado los premios «Esquenohay»/ ¿Cómo?/ «Esquenohay»/

«Ja,ja, ja, qué gracioso»/ «Pues te va a hacer aún más gracia, porque te hemos dado uno…».

Desarmados por el tono humorístico con el que se les llamaba la atención, los premiados con el «Esquenohay» (un festival con ninguna película de autoría femenina en la sección oficial, ni ninguna mujer entre los homenajeados por su trayectoria; un reportaje de televisión sobre los últimos 10 años de cine español que no mencionaba a ninguna directora ni película dirigida por una mujer; los galardones de una institución de cine que jamás habían premiado a una mujer…) acudieron a nuestra gala y nos señalaron que aceptaban el premio, disgustados pero asumiendo que habían metido la pata y «jurando» que ahora serían más conscientes de lo fácil que es «olvidar» o «ningunear» a las mujeres y sus trabajos. Es pasmoso, pero muchas veces ni se dan cuenta hasta que no se les señala el problema.

El diálogo con las diversas instituciones del Estado ha sido otro elemento esencial en el trabajo de CIMA. Nuestro planteamiento básico ha sido demandar el cumplimiento del artículo 26 de la Ley de Igualdad (3/2007), que se refiere a la creación artística e intelectual de las mujeres en el mundo del audiovisual donde, con los datos en la mano, hemos señalado los altos índices de discriminación por razón de sexo.

El diálogo con el Ministerio de Cultura

Desde el año de la creación de CIMA y siendo ministra Carmen Calvo, el Ministerio de Cultura estableció la paridad en los comités de ayudas a la cinematografía, que es una de las primeras medidas demandadas por CIMA. Estando Fernando Lara en la Dirección

General del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) se elaboró la Ley de 55/2007 del Cine, de 28 de diciembre desarrollada a través del RD 2062/2008, de 12 de diciembre, que, por primera vez en la historia de esta Dirección General, recoge entre las funciones del ICAA establecer «medidas de fomento de la igualdad de género en el ámbito de creación cinematográfica y audiovisual» y establece la igualdad de género, como factor a tener en cuenta en la concesión de ayudas (artículo 25: «se valorará que el proyecto aplique medidas de igualdad de género en las actividades creativas de guión y dirección»).

La reglamentación concreta se llevó a cabo en la orden CUL/2834/2009, de 19 de octubre. Cuando esta orden se comunicó a las diferentes asociaciones del cine, CIMA planteó en sus alegaciones que no se recogía el mandato de la Ley del Cine, ya que no se contemplaba ni una sola ayuda a la creación femenina.

La propuesta que presentábamos se puede resumir de la siguiente manera:

• Las acciones positivas deben ser temporales y proporcionales. No tienen otro objetivo que evitar tanto la pérdida de talento que supone siempre la exclusión de la mitad de la población en cualquier ámbito económico, social o cultural, así como contribuir a avanzar hacia una sociedad más justa y democrática.

• Se demanda, en todas y cada una de las modalidades de ayuda al sector, la atribución de una puntuación, concreta y a priori, a los proyectos que estén dirigidos o producidos por una mujer o tengan a una mujer como autora del guión. Pedimos entre 7 y 10 puntos (en una escala de 100).

Esto quiere decir que cuando llega un proyecto para su valoración en la concesión de las ayudas del ICAA, demandábamos que, al igual que se puntúa el lugar de origen del cineasta (hay ayudas para cinematografías periféricas, como la canaria) o la formación o la trayectoria profesional, se otorgasen puntos (entre 7 y 10) a los proyectos de autoría o producción femenina. Un vez dados estos puntos, que corrigen la desigualdad «en origen», los proyectos compiten en igualdad de condiciones. Es decir, se ayuda a pasar un primer fi ltro, pero después el hecho de ser mujer u hombre ya no se toma en consideración (se valora simplemente la calidad del proyecto). Pondré un ejemplo que ayuda a comprenderlo: en el mundo del golf, cuando hay competiciones mixtas las mujeres que participan «salen» desde barras distintas a las de sus compañeros o reciben puntos de handicap adicionales, para que se elimine el factor de desigualdad en la fuerza física y a partir de ahí se compita en «igualdad de condiciones». Pues lo mismo pedíamos nosotras al demandar «puntos».

Tras una complicado diálogo con el Director General, Ignasi Guardans, la Orden se publicó con unas medidas de acción positiva que no eran las que pedíamos y que, en nuestra opinión, no solo no iban a beneficiar a las mujeres creadoras sino que podían perjudicarlas al crear lo que llamaríamos un «espejismo de igualdad»; o sea, medidas ineficaces que parecen «concedernos» ayudas sin que sea así y sin que estas medidas sean luego evaluadas.

Las supuestas «medidas de acción positiva»:

• Se limitaron a las nuevas realizadoras.

• No incluían medidas en las ayudas a escritura de guiones.

• Excluían a productoras.

• Planteaban un modo de aplicación imposible y a posteriori (planteaban primar el proyecto que tuviera a una mujer como directora cuando empataba en calidad con el proyecto de un varón).

Este último punto es lo que más nos preocupaba, porque así diseñada una medida de acción positiva pueden dar lugar a la «competencia individualizada entre varones y mujeres», perdiendo su carácter social y colectivo y vulnerando el principio que precisamente pretenden alcanzar: el de igualdad de oportunidades.

En la nueva orden elaborada a raíz de la llegada al ICAA de un nuevo Director General, Carlos Cuadros, se han corregido algunos de los errores principales que detectamos:

• Las acciones positivas no se limitan solo a las nuevas realizadoras. Lo que debería ayudar a que todas las mujeres tengan una continuidad en sus carreras.

• Se incluyen medidas en las ayudas a la escritura de guiones.

• Se plantean medidas a priori (puntuación) y no a posteriori, evitando así la competencia individualizada.

• Se crea la calificación «Especialmente recomendada para el fomento de la igualdad de género» como categoría que operará de manera transversal en todas las calificaciones por grupos de edad.

Las acciones positivas vigentes en la actualidad siguen, sin embargo, sin tener en cuenta a las mujeres productoras, lo que nos parece un claro error, ya que pertenecen a un área estratégica dentro del sector.

Me he detenido a analizar este tema porque el muy controvertido asunto de la necesidad y eficacia de las acciones positivas es crucial en las políticas de igualdad. Desde nuestro punto de vista, en ámbitos con índices de discriminación tan altos como el del cine (una brecha de género de 90% de sobrerrepresentación masculina en el sector), estas medidas son absolutamente necesarias, pero es igualmente imprescindible elaborarlas siguiendo el criterio de especialistas en género y escuchando las propuestas de las asociaciones que han trabajado en el tema.

¿Qué queda pendiente?

Lo fundamental para que estas y otras medidas de «acción positiva» que se puedan legislar sean eficaces es conocer su impacto. Es necesario analizar los resultados y conocer los datos de la industria desagregados por sexos, para evaluar la evolución de la situación de las mujeres en el cine. En este sentido, una iniciativa como este informe nos parece fundamental.

Sin embargo, hay otros aspectos en los que la Administración del Estado debe seguir trabajando para conseguir que las mujeres se integren plenamente en la industria. Uno de los temas hasta ahora poco desarrollados tiene que ver con las políticas de igualdad en las televisiones públicas. Actualmente hacer cine solo es posible si una televisión adquiere los derechos de emisión de una película. Si las televisiones públicas no deciden apoyar activamente la creación femenina y los productos con un compromiso de igualdad, seguiremos como estamos.

Las propuestas actuales de CIMA se resumen en un párrafo:

Que se considere la escasa presencia de mujeres en los puestos directivos del medio audiovisual como un problema social y económico, porque implica un desperdicio de capital humano y talento y afecta a los contenidos del cine y la televisión.

Y en las siguientes propuestas:

• Que se cumpla y garantice desde la Administración del Estado la presencia equitativa de hombres y mujeres en los órganos de decisión del cine. En el Ministerio de Cultura: comités de ayudas a la cinematografía y jurados del Premio Nacional; en los festivales de cine: dirección, jurados y comités de selección. El Ministerio de Cultura debería contar con un observatorio de género integrado en el gabinete del Ministro o Ministra.

• Que se lleven a cabo y evalúen anualmente las medidas de acción positiva que en cumplimiento del artículo 26 de la Ley de Igualdad apoyan la creación femenina y evitan la discriminación por razón de sexo. Estas medidas aparecen en la modificación de la Orden (CUL/2834/2009) de 19 de octubre que desarrolla la Ley del Cine (55/2007, de 28 de diciembre).

• Que se apoye a las mujeres de la industria con medidas concretas que fomenten la actividad y proyectos de las empresas productoras que tengan al frente y/o en la producción ejecutiva a una mujer.

• Que se potencien desde la Administración y RTVE los proyectos con perspectiva de género en sus contenidos, y que se mantenga la calificación «Especialmente recomendada para el fomento de la igualdad de género» como que operará de manera transversal en todas las calificaciones por grupos de edad.

• Que se apliquen medidas concretas para la igualdad de género en la actuación de RTVE y en la de las televisiones públicas de las distintas autonomías.Estas deberían cumplir con la recomendación de la Ley de Igualdad incorporando a especialistas en género que asesoren a los comités de adquisición de derechos de las películas y en las decisiones de producción. Las televisiones públicas no solo deberían apoyar la creación y producción de las mujeres de la industria, sino que deberían velar por la presencia de productos de ficción y no ficción que fomenten la igualdad entre mujeres y hombres y evitar especialmente en la programación infantil las producciones con un contenido que reproduce estereotipos machistas.

• Que se cree un distintivo específico de igualdad en el ámbito cultural para los proyectos audiovisuales, artísticos y culturales que fomenten de forma directa o indirecta la igualdad entre hombres y mujeres; y que las empresas que apoyen estos proyectos obtengan ventajas en la desgravación fiscal.

Sabemos que, en un momento tan complicado como el que estamos pasando debido a la crisis general y a las trasformaciones del sector, el hecho de que no haya apenas mujeres directoras guionistas y productoras puede parecer una «cuestión menor». Sin embargo, precisamente en tiempos de crisis es cuando hay que evitar que se pierda fuerza de trabajo y capacidad creativa y económica, asuntos estos que las mujeres del medio audiovisual pueden y deben aportar a nuestra industria.

Solo con acciones decididas se puede cambiar este panorama. Como ya hemos dicho, el cine y la televisión son instrumentos poderosísimos de transmisión ideológica; nos entran por los ojos, se instalan en el centro de nuestro mundo afectivo y crean modelos de comportamiento. Si no se transforma este panorama no será posible lograr en otros ámbitos la incorporación real y de pleno derecho de las mujeres.

No puedo dejar de señalar, por otra parte, que el Gobierno de España puede liderar acciones dedicadas a potenciar la igualdad en ámbitos internacionales. La discriminación de las mujeres en el mundo del cine es un problema internacional que está en nuestras manos corregir.

«Hollywood sigue siendo un club de viejos amigos y los varones son matones… El símbolo más característico de la industria cinematográfica es un hombre, Oscar, blandiendo una espada y parado sobre un rollo de película porque está defendiendo su territorio.» (Tom O’Neil, periodista, en theenvelope.com).

Artículo publicado por Inés París en el libro «Mujeres y Cultura (políticas de igualdad)», publicado por el Ministerio de Cultura en el año 2011, disponible aquí.

Tomado de: http://www.mav.org.es/documentos/mujeres%20y%20cultura_MCU.pdf


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