El feminismo en Cuba y el conocimiento fragmentado

Por Mayra Pombo García

¿Hay feminismo en Cuba? ¿Podemos hablar de un inicio o sistematización de esta corriente en la Isla? Acerca de este particular y su importancia versó la magistral conferencia «Empecemos por admirar. Bosquejo del feminismo en Cuba», impartida por la Dra. Teresa Díaz Canals en el Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana. Un asunto a resaltar ―refiere Díaz Canals, para poder comprender nuestra historia y devenir social― es tener en cuenta una de las características que ha marcado en buena medida nuestra vida: «la parejería» como dijera Fernando Ortiz al referirse al afán de los cubanos cuando hablamos de pretender siempre ser iguales, por no saber apreciar los valores y las personas que tuvimos y tenemos, muy relacionado con el «ninguneo».

Cuando hablamos de feminismo, hablamos de rebeldía, de negación de estructuras, de movimiento político-social, de una ética. Teresa nos invita, tomando como marco histórico el siglo XIX y la primera mitad del XX, a conocer e indagar en la vida y la acción de determinadas mujeres que reflejan toda una serie de formas de pensamiento donde se expone un discurso feminista.

Si quisiésemos hablar de precursoras del feminismo en la Isla es de obligada mención la excepcional literata Gertrudis Gómez de Avellaneda, con su polémica y censurada novela Sab de contenido antiesclavista y escrita en 1841, donde la autora introduce en la trama, la historia de una mujer blanca que siente admiración por un mulato, cuestión inadmisible en aquella época. Esto supuso una ruptura con los códigos morales imperantes en la época.

La Avellaneda fue considerada transgresora e incluso el propio José Martí expresó: «Hay un hombre altivo, a las veces fiero, en la poesía de la Avellaneda», «No hay mujer en Gertrudis Gómez de Avellaneda: todo anunciaba en ella un ánimo potente y viril… no tenían las ternuras miradas para sus ojos, llenos siempre de extraño fulgor y de dominio: era algo así como una nube amenazante», otra expresión que se usó para referirse a ella fue «es mucho hombre esta mujer».

A lo largo del debate, Teresa también destaca la relevancia de figuras que de una forma u otra han sido protagonistas en nuestra historia, como Ana Betancourt, quien en 1869 rompe con los códigos de subordinación y pide en Guáimaro la igualdad entre hombres y mujeres; Mariana Grajales, como paradigma; Evangelina Cossío Cisneros, quien organizó una sublevación en Isla de Pinos para la incorporación de los que estaban presos en ese lugar a la Guerra; Edelmira Guerra, creadora del club patriótico «Esperanza del Valle» en Cienfuegos; Juana Borrero, la pintora de Los Pilluelos, nuestra Gioconda criolla, de quien escribiera Cintio Vitier que hizo del amor un absoluto. Su hermana Dulce María Borrero, poetisa quien en 1923 participara en la actividad donde tuvo lugar La Protesta de los Trece e hiciera mucho por cambiar las situación de las cárceles en Cuba, participó además en las luchas de su época por la emancipación de la mujer, en el proceso educativo cubano y tuvo un gran quehacer en el campo de las artes plásticas.

De igual modo, resaltan en la particular ponencia nombres como Marta Abreu, que a pesar de no tener un pensamiento propiamente feminista realizó una labor significativa en la ciudad de Santa Clara: creó asilos, escuelas, posibilitó la instauración del servicio eléctrico y de gas; fue la mujer que más dinero aportó a las Guerras de Independencia y además fundó el Teatro La Caridad, entre otras obras dignas de alabar, donde se refleja una profunda admiración y amor por su nación.

De igual modo, destacaron figuras como Aurelia del Castillo, escritora que preocupada por el aislamiento de las mujeres elaboró una antología de poetisas cubanas y la gran educadora y feminista María Luisa Dolz, así como también la autora de «Una cubanita que nació con el siglo» ―Renée Méndez Capote―, quien tuvo la iniciativa junto a otras de crear en 1929 el Lyceum, institución que llegó a revolucionar la vida cultural del país.

Asimismo, Díaz Canals hizo justicia a mujeres que, a pesar de no haber nacido en Cuba, participaron en el devenir histórico-cultural cubano. Tal es el caso de Lola Rodríguez de Tió, independentista puertorriqueña vinculada a nuestras luchas de independencia, o el de la singular filósofa española María Zambrano, quien escribiera «La Cuba secreta», ensayo convertido en un clásico del pensamiento cubano, quien además desarrollase un impresionante vínculo con Cuba a través de muchos de sus intelectuales como José Lezama Lima, Lidia Cabrera, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Virgilio Piñera y muchos otros.

A pesar de todas estas acciones de las mujeres antes mencionadas y de otras, Teresa insiste en comparar la imagen o situación de las cubanas con la anécdota de «el sombrero de Zequeira» a propósito del poeta del siglo XIX Manuel de Zequeira y Arango, quien, al perder la razón en 1821, se declaraba «invisible» cuando se ponía un sombrero. Esto dio lugar a que cada vez que alguien quería reclamar sus derechos decía: «Yo no me he puesto el sombrero de Zequeira».

De igual manera, las mujeres hemos sido invisibilizadas; aún existe el insuficiente conocimiento sobre la participación femenina en las guerras independentistas, en su quehacer cultural, en el pensamiento social, en la conformación de la identidad cubana. En nuestra historia, analiza Díaz Canals, vemos todavía un discurso donde predominan los hechos y acciones históricas de los hombres, cuando en realidad «las guerras de independencia de nuestro país las hicieron las familias»

¿Cómo se explica que en pleno siglo XXI aún escuchamos frases como «el ridículo feminismo»? ¿Qué condiciones siguen permitiendo la estigmatización? Nuestro feminismo sigue estando todavía en sectores muy específicos, muy dispersos entre sí. Pero no se trata de un término que es algo muy convencional, se trata de una visión de la vida, de una actitud ante la diferencia, de una nueva cultura. Si bien nos hemos «empoderado» de algunos roles sociales y hemos obtenido ciertos logros como género, aún nos queda un largo camino por recorrer, aún existe mucha naturalización del modelo patriarcal.

Fuente: Cubanow

2 comentarios

  1. Saludos, muy interesante el artículo, creo que es real que nos queda mucho camino por recorrer, todavía el dominio masculino prevalece en nuestro país, un ejemplo lo tenemos en la ciencia, cuando una pareja es científica el hombre logra su doctorado primero porque ella tiene que tener hijos primero, escucho muy a menudo aun, frases muy machistas y en especial en el campo y lo más triste es que muchas mujeres lo aceptan. El camino es largo y debemos reaccionar ante todas estas cosas que nos llevan entre otras a enmascarar el maltrato tanto a la mujer, como a la familia.

  2. Saludos, muy interesante el artículo, creo que es real que nos queda mucho camino por recorrer, todavía el dominio masculino prevalece en nuestro país, un ejemplo lo tenemos en la ciencia, cuando una pareja es científica el hombre logra su doctorado primero porque ella tiene que tener hijos primero, escucho muy a menudo aun, frases muy machistas y en especial en el campo y lo más triste es que muchas mujeres lo aceptan. El camino es largo y debemos reaccionar ante todas estas cosas que nos llevan entre otras a enmascarar el maltrato tanto a la mujer, como a la familia.

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