Medios de comunicación y colectivos feministas: una relación complicada

La oenegé Mugarik Gabe publicó en 2018 una investigación sobre el tratamiento de los diarios vascos a las violencias machistas. Demostró que Berria y Gara, los dos diarios de izquierda, son los que ofrecen más contenidos de fondo, los que más seguimiento hacen de procesos judiciales, los que mejor contextualizan las noticias de agresiones concretas como parte de una violencia estructural y los que más recurren al movimiento feminista como fuente. Por su parte, en las cabeceras conservadoras analizadas (Deia, El Correo y Diario de Navarra) predominan las noticias ligadas a un hecho puntual, con un enfoque de sucesos.
Esos porcentajes reflejan una correlación clara entre la línea editorial de un medio, su compromiso antipatriarcal y su reconocimiento hacia el movimiento feminista. Podemos afirmar contundentemente que los medios progresistas informan mejor. Lamentablemente, también son los que llegan a un público minoritario, mientras que las cabeceras que salen peor paradas en este tipo de estudios son líderes de audiencia.

En el apartado de recomendaciones, Mugarik Gabe dice: “Las y los periodistas deben tener formación específica en la materia, y dotarse de una agenda de fuentes predominantemente de colectivos feministas, expertas en la materia e instituciones de igualdad”. La primera parte tiene su intringulis. ¿Es viable, en un contexto de crisis-estafa en el sector de la prensa, formar a plantillas enteras, teniendo en cuenta la eventualidad y que los contenidos relativos a igualdad y violencias machistas pueden y deben ubicarse en casi todas las secciones? EITB, el grupo de la radiotelevisión pública vasca, hizo un intento ambicioso que dinamizamos Irantzu Varela y yo. Coincidió con un ERE. Me pregunto cuántos trabajadores y trabajadoras no mascullarían, con razón, “mira en lo que se gastan el dinero mientras preparan despidos”.
Las coordinadoras de Pikara Magazine hemos dinamizado unos cuantos espacios formativos para periodistas organizados por instituciones y oenegés, pero su duración suele ser de apenas dos horas y lo habitual es que vengan siempre las mismas personas, precisamente las más formadas y comprometidas. A menudo, esos espacios se convierten en una sesión de terapia de grupo: “Mi jefe es el que tendría que estar aquí, no yo”. “¿Cómo voy a hacer una buena cobertura si en tres horas tengo que desplazarme a la localidad, grabar, tuitear, editar…?”. “No es tan fácil encontrar a feministas que te den declaraciones en los tiempos que manejamos”.
Sí, hacer una información responsable y de calidad sobre violencia machista, que no alimente la perplejidad ni los mitos y, por el contrario, explique bien por qué hay hombres que maltratan / violan / asesinan a mujeres, exige formación y una buena agenda de fuentes. Pero pienso en referentes como Maite Asensio, redactora de Berria (cofundadora, por cierto, de Pikara Magazine) o Marta Borraz, redactora de eldiario.es, y es evidente que confluyen en ellas dos circunstancias: son militantes feministas a tiempo completo y trabajan en medios con una decidida apuesta editorial profeminista. ¿Podemos pedir eso a todes les periodistas y esperarlo de todos los medios?
Recelos y choques
Las periodistas feministas escuchamos y empatizamos tanto con el movimiento como con nuestres colegas de profesión. Por ello, Pikara Magazine editó en 2018 la guía Medios de comunicación: ¿espacios hostiles o aliados para los colectivos feministas?, aprovechando la investigación que una compañera en prácticas, Marina León Manovel, hizo para su trabajo de fin de máster, basada en entrevistas a representantes de siete colectivos feministas de Bizkaia y a seis periodistas.
Las entrevistas muestran que la actitud de las feministas entrevistadas hacia las y los periodistas se caracteriza por el recelo —hablan de “manipulación”, “instrumentalización” y “preguntas trampa”—; por la crítica a sus rutinas periodísticas —“formas agobiantes y prisas”— y a sus prejuicios, algo que se agrava en el caso de la asociación de mujeres gitanas entrevistada. Sí que confían, en cambio, en los medios alternativos, que acceden a prácticas como pasarles previamente las preguntas para que puedan prepararse la entrevista. Algunos colectivos directamente se niegan a colaborar con medios patriarcales como El Correo, líder absoluto de la comunicación en Bizkaia.
Uno de los choques que encuentran entre la cultura periodística y la feminista es que la primera exige figuras de portavoces y expertas, mientras que la segunda fomenta los liderazgos colectivos, sin nombres propios. Critican además que los medios hegemónicos prioricen el discurso institucional frente al de los movimientos sociales.
También hacen autocrítica, como la falta de iniciativa y el uso de formatos poco atractivos como convocar a los medios a una rueda de prensa en la que el colectivo se limita a leer un comunicado. Varias de las entrevistadas señalan como un problema la falta de empoderamiento en el que las mujeres han sido educadas, y por la que les cuesta mucho encontrar integrantes que se animen a ejercer de portavoces. Otra limitación es que, salvo en colectivos grandes con personas liberadas, los grupos feministas no tienen a una responsable de prensa que atienda a los medios, redacte notas de prensa, nutra las redes sociales y diseñe acciones de comunicación.
Una agenda de fuentes feministas
Esas limitaciones son precisamente las que identifican las y los periodistas entrevistados por León Manovel. Echan en falta en los colectivos feministas a una persona de referencia formada en comunicación que sepa “vender” temas de interés y utilizar un lenguaje atractivo. Argumentan que si recurren a fuentes institucionales en vez de a colectivos es en parte porque las primeras garantizan una respuesta rápida: “Ante un asesinato, llamas a dos colectivos, no te cogen, y yo sé que la jefa de prensa de Emakunde [el Instituto Vasco de la Mujer] me va a coger al minuto”, dice una redactora de La Ser.
Menos las periodistas de medios alternativos y las que tienen en su entorno personal a mujeres militantes en el movimiento feminista, el resto reclaman una agenda de contactos feministas y creen que Emakunde podría jugar ese papel, o bien que los propios colectivos feministas podrían crear ese recurso. Reconocen también la inercia de recurrir siempre a las mismas fuentes: aquellas que saben que van a atenderles y que comunican bien. Una disposición que encuentran más fácilmente en los hombres que en las mujeres, debido a la socialización sexista.
Las periodistas de medios de masas animan a las feministas a romper el hielo: si se acercan a los medios por una iniciativa puntual, ese contacto se mantendrá en el futuro. En cambio, las periodistas de medios alternativos replican que es trabajo de la periodista acercarse a los colectivos sociales y no viceversa. “Antes eran las feministas las que nos pedían que difundiéramos algo, y ahora nosotras acudimos a ellas para pedirles discurso”, expresa una redactora de la revista Argia.
Del “mujer, empodérate” a despatriarcalizar el periodismo
Recientemente una periodista de radio me propuso participar en un formato de diálogos improvisados. Me contó lo difícil que le estaba resultando encontrar a mujeres dispuestas. “Parece que damos un pasito para adelante y otro para atrás”, suspiró. Si no queremos culpabilizar a las mujeres, es importante comprender las raíces y el calado de ese desempoderamiento, así como identificar los elementos por los que los medios resultan hostiles: los formatos (tertulias basadas en la ‘todología’ y en la confrontación dialéctiva), los tiempos (tener que dar declaraciones ya sin tiempo para construir discurso colectivo), la falta de cuidados en el trato o las actitudes sexistas (desde el tipo de preguntas a las poses sugeridas por los fotógrafos).
Los colectivos feministas han notado que los medios se interesan más por sus discursos ahora que el feminismo es tendencia y que la violencia machista se ha reconocido como un problema social prioritario. Sin embargo, esos mismos medios se acercan a ellas arrastrando formas desempoderantes e incompatibles con la cultura organizativa de los movimientos sociales. Volviendo al inicio, los medios que ofrecen buena información sobre violencia machista son los que tienen una apuesta profeminista que atraviesa sus estructuras y rutinas.
Es tentador para los colectivos feministas limitar su relación a los medios alternativos que demuestran un compromiso y coherencia antipatriarcal. Desde Pikara Magazine animamos al movimiento a salir de la zona de confort para llegar a un público amplio. Recomendamos estrechar lazos con periodistas feministas (o, al menos, sensibles) ‘infiltradas’ hasta en los medios más patriarcales. En la parte final de la guía damos algunas claves para ser proactivas y no salir escaldadas de una entrevista o una tertulia. Asimismo, nos parece importante que las feministas conozcan la precariedad y las crecientes exigencias de la era digital que condicionan el trabajo en las redacciones.
Pero, sobre todo, creemos que nuestro gremio tiene mucho que cuestionarse para favorecer estas alianzas. Lamentarse de que pocas mujeres quieren salir en los medios y que pocos colectivos feministas se adaptan al lenguaje y los tiempos periodísticos es más cómodo pero mucho menos transformador que revisar a fondo la cultura periodística patriarcal.

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