Semanas previas al 8M, un grupo de mujeres diversas se reunió en Telegram para conspirar y gestar un proyecto diferente: Cimarronas, con toda la rebeldía que implica cualquier iniciativa feminista. Cimarronas, según su declaración inicial, por las esclavas y esclavos que se lanzaron al monte a buscar la libertad. Entre las ideas esenciales del proyecto se encuentra reivindicar las luchas históricas y presentes para derrumbar el patriarcado, aliado indiscutible del capitalismo.

Una forma de resumir esta propuesta sería también la de mujeres socialistas, que anhelan deconstruir imaginarios machistas y heteropatriarcales. Mujeres que se unen cual aquelarre para desaprender y ayudar a otras mujeres y hombres a entender temas de género tratados con poca sistematicidad en los medios de comunicación. Feminismo, anticapitalismo, anticolonialismo, justicia social y poder popular destacan entre las esencias de una narrativa en y para el espacio virtual, sobre todo en las redes sociales, pero que no olvida acciones de impacto en comunidades a las cuales intenta hacer llegar su voz.

El primero de todos los retos sería concientizar respecto al origen libertario y anticapitalista del 8 de marzo, una fecha asociada a las luchas de las mujeres trabajadoras en la búsqueda de condiciones mínimas de trabajo y que, debido a la banalización de la fecha, ha devenido un día para reforzar estereotipos machistas, que asocian a las mujeres, por ejemplo, con la delicadeza, el cuidado de otros o ser el sostén emocional de la familia.

El olvido de la historia y de las implicaciones políticas de la fecha –que cuando menos corresponde a la conmemoración y la batalla por los derechos que faltan por conquistar, nunca al triunfalismo y menos a reforzar ideas machistas– llevó a unirse a las Cimarronas. Implicaba un reto la forma en que estos objetivos educativos e ideas emancipadoras llegarían a concretarse y contarse en un contexto comunicativo donde abundan noticias inexactas o falsas sobre feminismos y feministas.

Narrar las historias de grandes luchas por alcanzar la igualdad y equidad de género resultaría un medio y un destino del proyecto. Contextualizar esas narrativas en el presente, ponerle el rostro de colectivos y proyectos feministas, de mujeres rurales, negras, trans, socialistas, que al margen del canon hegemónico llevan sus luchas contras múltiples opresiones: patriarcales, capitalistas, racistas.

Las narrativas de Cimarronas se encuentran, por ahora, en una página en Facebook —de mayor alcance entre cubanas y cubanos— y un canal en Telegram, acompañado de un grupo de debate. Este espacio está pensado para públicos más pequeños, pero más comprometidos con los mensajes e historias. Se parte de una estratificación de mensajes en los diferentes canales, siempre con coherencia en el relato. Los contenidos buscan, sin banalizar, acercar las historias cimarronas a públicos diversos.

¿Cómo conseguirlo? El proyecto comparte poesía (en texto y audio), tiras con información sobre feminismo de forma amena e instructiva, historias de mujeres feministas con legados importantísimos y a veces olvidados, y también narra en presente miradas hacia colectivos e ideas feministas como el autocuidado y la sororidad, desde diversas latitudes de América Latina hasta un centro de aislamiento en Alamar VI, La Habana.

Las redes sociales digitales conllevan un trabajo constante en cuanto a sistematicidad de publicación, requieren mensajes e historias atractivas. Lo visual constituye un rasgo fundamental de los relatos digitales. El diseño de la identidad del proyecto, las diversas campañas, carteles, tiras y plegables podían llevar el contenido a nuevos públicos, o por el contrario condenarlo a pasar inadvertido. El hecho de tener entre las cimarronas a una profesora y diseñadora como Claudia Alejandra Damiani permitió soñar en ese sentido y convertir el anhelo en relatos visuales compartidos antes y después del 8M, y verla en manos de personas del municipio Cerro durante una pintada feminista, en colaboración con el proyecto Nuestra América.

Responder a paradigmas emancipadores implica que esos carteles, tiras y plegables mostraran la diversidad no solo en el contenido, sino en la forma. Colores y mujeres con estilos diferentes dan la imagen que se quiere mostrar: sororidad feminista y unión de ideas, sin dejar en el margen a las identidades habitualmente olvidadas.

No es casual la importancia del diseño e imágenes visualmente atractivas en el alcance de los mensajes. El post con mayor alcance en Facebook fue una tira que revindica el carácter de lucha del 8M. Ese mensaje llegaría a 35.100 personas y sería compartido en grupos, páginas y mensajes vía Facebook. Un punto importante aquí es que no deja las luchas en contextos internacionales, sino que las acerca a Cuba y las feministas de la República. La segunda y tercera publicaciones con mayor alcance, con 5.400 y 3.500 personas, respectivamente, son “Sororas” y “Días largos, ojos cansados” sobre jóvenes estudiantes y profesoras que trabajaron como voluntarias en un centro de aislamiento.

Se destacan a su vez, las incipientes colaboraciones entre Cimarronas y medios de prensa como Radio Rebelde, que compartió una serie de entrevistas a mujeres revolucionarias, llevadas a cabo por Claudia Rafaela Ortiz. Ello representa una oportunidad a explorar en relación con posibles aliados en la prensa, como podrían ser la Editorial de la Mujer, la Editora Abril y organizaciones e instituciones como la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y el Centro de Educación Sexual (CENESEX).

No tienen recetas para contar las historias, pero hay algunas constantes. Predominan textos breves, sencillos, que transmiten información, pero que apelan a las emociones. Se acompañan de imágenes, este punto es vital para contar con mayor alcance. Se intenta que dichas fotografías no ayuden a reforzar estereotipos, sino lo contrario.

La belleza se asocia aquí más a cualidades del pensamiento y la acción, sobre todo en colectivo, que a características físicas. Imagen y texto, a veces se unen para convertirse en pequeños materiales audiovisuales, que explican conceptos e ideas. Estos audiovisuales, textos, tiras son resultado de un trabajo en equipo de periodistas y diseñadoras, pero también de bioquímicas, estudiantes y profesoras universitarias, psicólogas, filósofos, educadoras populares. Las competencias para crear contenidos e historias digitales se aprenden y comparten de forma constante entre todas.

Las cimarronas se nutren del conocimiento de feministas con mayor experiencia con el entusiasmo y el empuje de jóvenes. Este empeño feminista, anticapitalista y muy cubano demuestra, una vez más, que la lucha no termina. Narrarlo es otra forma de volverlo visible… y batallar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *