Por Marta María Ramírez
Anita intenta sonreír. Tras la mueca se esconden los recuerdos de las repetidas ocasiones en las que su padrastro abusaba de ella: "Si no me dejas tocarte, mato a tu mamá", escuchó una y otra vez sin quejarse, sin decirle nada a nadie.
Con apenas ocho años de edad, la niña cargó con el pesado fardo de la violencia que le dejó daños psicológicos y físicos. "Llegó a la consulta con su himen aparentemente intacto, pero con condilomas acuminados en su vulva, visibles a simple vista", recuerda Margarita Solares, especialista en Ginecología y diplomada en Atención Infanto-juvenil.
El condiloma acuminado es una de las formas de expresión del Papiloma Virus Humano (PVH), considerado la segunda infección de transmisión sexual (ITS) por su creciente incidencia en el mundo.


