El incremento del trabajo por cuenta propia y la eliminación de la doble circulación monetaria son cambios esperados por las cubanas para aliviar una crisis económica sostenida en la isla caribeña durante más de dos décadas, con efectos significativos entre la población femenina.

En medio del escenario cubano actual, donde se agudizan las desigualdades, emergen situaciones de pobreza, vulnerabilidad social y marginalidad, las desventajas se asocian más a determinados grupos sociales, incluidas las mujeres.

“En ese contexto, se fortalecen las brechas de equidad de género, territoriales y raciales”, señaló la doctora Mayra Espina Prieto, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS).
Quienes viven en situación de pobreza en esta isla caribeña son, fundamentalmente, mujeres, personas negras, mestizas, migrantes y ancianas, que no trabajan por discapacidad o por ausencia de condiciones diversas para hacerlo, dijo Espina durante el encuentro “Develando cauces de comunicación y encuentro”, organizado por el Grupo de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero” (OAR), de inspiración cristiana, con motivo de sus 25 años de  fundado.

Aunque se ha ido incrementando la presencia y participación de las cubanas en la agricultura, no siempre se reconocen sus esfuerzos, de acuerdo con indagaciones periodísticas en varias zonas del país.

Un sondeo realizado por la revista Bohemia, de circulación nacional, en fincas familiares, cooperativas de producción y de servicios en cinco provincias del occidente, centro y oriente del país, reveló que todavía la cultura patriarcal limita la incorporación femenina  a las labores agrícolas y recarga a las mujeres.
“Muchas de las entrevistadas en estos espacios sí desempeñan labores agrícolas, pero no se les reconocen”, precisó la periodista Dixie Edith Trinquete, al comentar los resultados de varias entrevistas realizadas el pasado año en las provincias de Granma, Holguín, Matanzas, La Habana y Ciudad de La Habana.

Por Dixie Edith / Foto: Randy Rodriguez Pages
En Cuba, poco a poco, muchas mujeres vuelven los ojos a la tierra y asumen funciones consideradas tradicionalmente típicas del ámbito masculino.
Esa es la historia de Ramona Hernández Pérez y Yelennis Ronda Peña, dos cubanas residentes en la provincia de Holguín, a más de 740 kilómetros al oriente de La Habana, quienes tras varios años de ser amas de casa decidieron incorporarse a la producción agropecuaria.

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