Era menos que utopía la ordenación de mujeres en la estructura eclesial protestante cuando Gisela Pérez Muñiz emprendió esa batalla en la comunidad bautista oriental, allá por los sesenta del siglo pasado, en Santiago de Cuba, a unos 860 kilómetros de La Habana.

La teóloga logró sensibilizar con su caso a otros líderes religiosos que defendieron la postulación y así pudo convertirse en una de las primeras pastoras bautistas de Cuba, ocupación que ejerció desde 1965 hasta 2014, cuando se jubiló.

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Apenas cae la noche, la sala de Odalys Rodríguez Zamora pierde la tranquilidad habitual y se va llenando de mujeres que comparten anécdotas, preocupaciones y conocimientos en uno de los Grupos de Ayuda Mutua (GAM) que impulsa el área de Género del Centro Cristiano de Servicio y Capacitación "Bartolomé G. Lavastida" (CCSC- BG Lavastida), en Santiago de Cuba, a 862 kilómetros de La Habana.

Desde 2008, la institución ecuménica favorece en esta provincia oriental esa metodología de colaboración colectiva para superar conflictos de violencia intrafamiliar y de género, además de mejorar la autoestima femenina y sensibilizar a sus asistentes con la transformación de pensamientos y prácticas machistas.

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Mujeres rurales y semiurbanas del oriente cubano mejoran su economía y autoestima al incorporarse a proyectos agroecológicos que promueve en esa región el Centro Cristiano de Servicio y Capacitación "Bartolomé G. Lavastida" (CCSC- BG Lavastida), con sede en Santiago de Cuba, a 861 kilómetros de La Habana.

En el mínimo de tierra que bordea la casa de la enfermera Mayelín Aguilar Almaguer, en el pueblo rural Babiney, ubicado en la provincia Granma, contigua a Santiago, la familia ha diseñado un sistema de permacultura que sigue los principios de agricultura permanente con enfoque ecológico.

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De matemática a productora de conservas, agroecóloga y permacultora. Así ha sido el trayecto de Nilda Iglesias Domecq, una profesora universitaria que no rehúye a humedecer diariamente sus manos en el surco, cuando se trata de alimentar a su familia.

En los momentos difíciles supo sacar la savia del emprendimiento. Cuando enviudó hace 12 años y quedó sola a cargo de su hija adolescente, echó mano a lo aprendido de la abuela gallega -quien conservaba todo tipo de alimentos- y lo convirtió en su medio de vida.

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