En 2013, sin ningún revuelo, la cadena brasileña O Globo comenzó a transmitir la telenovela Amor à Vida (Rastros de mentiras en Hispanoamérica). Pero, cuando concluyó la emisión, casi un año después, el melodrama de turno había movilizado la opinión de millares de amantes e incluso desafectos del género.

"Ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús". Las palabras de la carta o epístola del Apóstol Pablo a los gálatas, contenida en la páginas del Nuevo Testamento, fueron el eje para la primera predicación de una nueva comunidad cristiana en La Habana.

Creada justo el pasado 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, el núcleo capitalino de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM) celebró la unión de cristianas y cristianos desde una vocación "absolutamente inclusiva", al decir de la pastora Elaine Saralegui, líder de esa iglesia en la isla.

Abordar de manera amplia e inclusiva la violencia por motivos de género es un reclamo de grupos de mujeres lesbianas, bisexuales y trans en Cuba. Para la activista Mercedes García Hernández, la lesbofobia y la transfobia también son expresiones de violencia machista y la vida cotidiana da muestra de ello.
La integrante de la red Humanidad por la Diversidad (HxD), que acoge el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), cree importante romper el silencio que invisibiliza a quienes no cumplen con la norma heteropatriarcal.

Aunque pocas veces se menciona cuando se habla en general de violencia hacia las mujeres y las niñas, la que viven niñas, adolescentes y mujeres lesbianas y transgénero a lo largo de sus vidas es también violencia machista.

"En el caso de las mujeres lesbianas tiene nombre: se llama lesbofobia. Es una forma de agredir a las mujeres que aman a otras mujeres", sostuvo Teresa de Jesús Fernández, coordinadora de la Red de Mujeres Lesbianas y Bisexuales del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

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