El reclamo de que se admita la unión o el matrimonio entre personas del mismo sexo se sigue abriendo paso en la sociedad cubana, donde todavía este es un asunto pendiente, en espera de aprobación legal.
Visto cada vez más como un acto de justicia, ese reconocimiento significaría también una garantía para el ejercicio de otros derechos que hoy no pueden disfrutar las personas homosexuales, bisexuales, transgénero, transexuales, interesexuales y queers.

Las parejas homosexuales y formadas por personas transgénero viven iguales satisfacciones que el resto, pero enfrentan muchos más desafíos y obstáculos a la hora de ser madres o padres y formar una familia.
"Cuando las cosas son más difíciles, suelen valorarse más. Creo que por eso muchas veces las personas homosexuales les ponemos un extra a la maternidad o a la paternidad", afirmó el bloguero cubano Francisco Rodríguez Cruz, durante el panel "Maternidades y paternidades diversas", el 13 de mayo en La Habana.

El activismo por los derechos de personas homosexuales y transgénero llega a los espacios religiosos en Cuba. La Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM) en el país caribeño surge bajo los presupuestos de la inclusión y el respeto a la diversidad sexual. Esta nueva comunidad de fe acoge a practicantes de distintas religiones y denominaciones del cristianismo.

Comunidades religiosas y personas cristianas en Cuba hablan de sexualidad y rompen con prejuicios que limitan vivir a plenitud a personas homosexuales y transgénero.
"Pensar en la sexualidad como una actividad espiritual podría parecer extraño, incompatible e incómodo. Todavía nuestros modelos teológicos interpretativos de la realidad no miran estas dos fuerzas como lo que realmente son: coexistentes y absolutamente complementarias", opina el reverendo Luis Carlos Marrero.

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