Unir diversas voces en un solo reclamo es el objetivo de activistas, grupos y experiencias comunitarias que luchan por los derechos de la población LGBTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, intersexuales y queer) cubana.

Educar a niños y niñas desde una perspectiva de género y desde el respeto a la diferencia garantiza mayor libertad en la forma de vivir sus relaciones sociales.

Apostar casi ciegamente contra el vacío

deberá ser, pues, el gesto inicial de quien

proponga esas cartas posibles alrededor

de un núcleo histórico, cultural, moral, político

y, así, según se quiera, para definir

la presencia del cuerpo homoerótico cubano.

Cuerpos de un deseo diferente (2012)

Norge Espinosa

Es recurrente escuchar entre activistas, políticos y funcionarios que no existe una comunidad ni movimiento LGBT[1] en Cuba, porque no representa una fuerza política de presión. Muchas veces, las comparaciones, descontextualizadas, parten del contraste con otros sistemas políticos de la región, como Argentina, Uruguay o Brasil, que han demostrado un efectivo movimiento político por el reclamo de los derechos de los grupos LGBT.

Siempre está ocupada, moviéndose de un lado a otro. Malú Cano ama su trabajo como coordinadora de la Red Trans Cuba, grupo que reúne a personas transgénero de todo el país. “No me arrepiento de quien soy, ni de la vida que he tenido, aunque haya sido muy dura”, asegura. Esta cubana de 33 años nació el 26 de diciembre de 1982 en la central provincia de Cienfuegos, a unos 250 kilómetros de la capital. Nuestro diálogo comienza con los muchos recuerdos alegres de su infancia, un pasado con el que se reconcilia por los mejores momentos. “Yo era el primer hijo, varón además; mis padres y abuelos tenían adoración conmigo. Mi papá era marino mercante y en aquel entonces tener un padre con ese oficio era un privilegio porque podía traerme los mejores juguetes. Pero no era lo que yo quería”.

Información adicional