Sigo un perfil en Fb que ha sido de mis últimos descubrimientos en esa red social. Su nombre da para un trabalenguas y sus post para un retozo intelectual tremendo.
A Medusczka la conocí mientras debatíamos acerca del matrimonio igualitario. Ella es una persona trans no binaria y, si creo haberle entendido bien, las razones por las cuales se declara abiertamente en contra de esta forma de unión, como de cualquier otra entre dos personas, es por la legitimación del patriarcado que implica y también por la loa que se le hace al capitalismo neoliberal, orden social para el cual el matrimonio como institución le viene al dedillo.

Ha sido muy importante que el Centro Oscar Arnulfo Romero haya dedicado un espacio de la Jornada por la No Violencia, en 2016, a las mujeres lesbianas y trans, seguramente por la preocupación que genera la violencia que esas niñas, adolescentes y mujeres han sufrido a lo largo de sus vidas.
En el caso de las lesbianas, esa violencia tiene nombre: se llama lesbofobia. Es una forma de agresión hacia las mujeres que aman a otras mujeres.

En 2013, sin ningún revuelo, la cadena brasileña O Globo comenzó a transmitir la telenovela Amor à Vida (Rastros de mentiras en Hispanoamérica). Pero, cuando concluyó la emisión, casi un año después, el melodrama de turno había movilizado la opinión de millares de amantes e incluso desafectos del género.

"Ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús". Las palabras de la carta o epístola del Apóstol Pablo a los gálatas, contenida en la páginas del Nuevo Testamento, fueron el eje para la primera predicación de una nueva comunidad cristiana en La Habana.

Creada justo el pasado 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, el núcleo capitalino de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM) celebró la unión de cristianas y cristianos desde una vocación "absolutamente inclusiva", al decir de la pastora Elaine Saralegui, líder de esa iglesia en la isla.

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