Semanarios cubanos, discursos y violencias

Por Zoila Pérez Navarro [06-12-2019]

Hay personas detrás de los discursos mediáticos. Y, en esas personas, tantos estereotipos y subjetividades como en cualquiera. Pero la responsabilidad que asume quien firma un texto periodístico debería resultar suficiente para la exigencia de no ser “víctimas” de esos aprendizajes. Más a menudo de lo que se piensa, y mucho más a menudo de lo que se quiere, nuestros medios de comunicación son culpables de sostener los cimientos de la violencia machista.
Pasa a través de la pantalla, el dial, o en el amplísimo universo del mundo digital. Y pasa en los textos impresos, con el riesgo de que el error (y siempre clasificará como tal la mirada prejuiciada), sobreviva a su autor, al medio, quizás, y a la sociedad en que nació.


Una ojeada a los semanarios de las provincias cubanas delata que, si bien la violencia es uno de los temas de género más y mejor tratados, no constituye asignatura vencida. Primero, por la manera aún estrecha de ver y mostrar un fenómeno de tantas aristas; después, porque la perspectiva sigue siendo patriarcal, incluso en esas ediciones en que una de las ocho páginas está dedicada a visibilizar el tema.
Del asunto se escribe, sobre todo, en noviembre, a propósito de la Jornada Por la No Violencia hacia las Mujeres y las Niñas. Corresponden casi siempre a reporteras; con mayor frecuencia en textos de opinión y, cuando utilizan fuentes, acuden (o encuentran) casi siempre, a voces femeninas. Ello no hace necesariamente feminista el discurso.
En un comentario publicado en el avileño Invasor, en 2017, la periodista asegura que ella jamás soportaría la violencia, y en sus argumentos se lee que las mujeres inteligentes son inmunes y las víctimas menos sabias por no hallar la salida del vicioso círculo; se les culpabiliza de hallarse presas en él. Atacarlas no constituye la intención del texto, se pretendió mostrar una realidad a menudo ignorada o invisibilizada, más, en el resultado, se legitima un mito misógino.
Al ser los comentarios los géneros periodísticos más empleados en el abordaje de la violencia, hay más espacios para las subjetividades y, por ende, para que ocurran estos traspiés.
No obstante, en Vanguardia, de Villa Clara, en enero de 2018, encontramos un texto con muy amplio y acertado abordaje de la violencia hacia las mujeres. La redactora contó de la esposa golpeada; de la muchacha negra que no “cabe” en los requisitos de ningún bar o paladar; de la que se condena: “bruta que soy”, cuando el esposo amenaza por sus solicitudes de colaboración doméstica…de la violencia en la casa de al lado; en el ómnibus, en el trabajo, de la que no causa escándalos y apenas se nota, pero está y daña, todos los días.
También, del sexismo detrás de la historia de vida unos mellizos que, a la misma edad, no tenían iguales permisos, pues para la hembra eran todos prohibiciones y para el varón puertas abiertas.
A Marian no la enseñaron a nadar, “para que no sea atrevida”; su hermano es de los que se lanzan en picada en las pocetas de El Nicho. A Marian le dijeron que, si quería jugar, las amiguitas tendrían que venir a su casa, ‘porque las niñas no andan por el vecindario’; en séptimo grado, su hermano ya iba solo a los campismos. A Marian la educaron en el temor a la vida —que se traduce en recelo hacia el amor—; su hermano enfermó de gonorrea a los 14. Los padres, aunque preocupados, reían por lo bajo: “Se nos hizo un hombre”1.
El ejemplo del diario villaclareño refleja una preparación para tratar la temática, mostrada a través de variadas historias y reflexiones que, deconstruyendo cimientos patriarcales, descubre las violencias del día a día.
Estudiar el tema, aun si se prefiere escribir sin datos, cifras o visiones expertas (lo que también es válido y más, necesario), resulta una buena práctica que no suele exigirse en nuestros medios, aunque hace falta, tanto como cuando se investiga para redactar sobre tecnologías o medicina.
Ello debiera constituir una meta, no solo para a quien corresponda denunciar el fenómeno, sino para todo el personal de los medios de comunicación. Primero, para que la violencia esté reflejada sin estereotipos, con argumentos.
Después, porque solo en equipo puede desterrarse de los semanarios, y de todos los medios, el discurso sexista que defiende el rol tradicional de la mujer, su subordinación, que la define como solo madre y esposa (de un hombre), esa que tantos límites le pone. Tales barreras, dictadas por la sociedad androcentrista, las continúan promoviendo los discursos mediáticos, aunque no sea su pretensión u objetivo.
Así, en páginas impresas, de larga vida, se deja claro que la prensa no solo es víctima de una educación patriarcal, sino que tiene el reto de superarla, porque, mientras la violencia simbólica exista, los discursos periodísticos son culpables.

1. http://www.vanguardia.cu/images/edimpresa/vanguardia/2018/01/04/pag2.pdf

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