Ellas: Atrapadas por el lente

Por Liannet Gómez Abraham y María Karla González Mir. Especial para SEMlac Cuba [09-05-2019]

La humanidad, desde sus orígenes, necesitó plasmar en diversos soportes todo lo que acontecía a su alrededor, en la naturaleza y en sí mismo; dejar constancia de su paso por el mundo. La fotografía resultó, en el devenir histórico, una de las sendas por las que el ser humano testimonió su evolución.

En Cuba, en los inicios, devino mezcla de herencia europea-norteamericana e idiosincrasia criolla: estampas del Castillo del Morro, su tabaco, azúcar, sus palmeras y su sociedad. En ese contexto, muy peculiar fue la exaltación de la mujer a través del lente: desnuda, posando, sensual y ficticia; o incluso, a veces, todo lo contrario, cotidiana, natural. Identificar, por tanto, una perspectiva de género en la visualidad de las mujeres a través de la fotografía es un camino complejo y no excento de riesgos.

 

Las cubanas a través del lente: Antes de la Revolución cubana (1930-1959)

La fotografía cubana, desde finales del siglo XIX, se posicionó a la altura de las instantáneas más afamadas de Madrid, New York y París, no solo por su calidad artística y habilidad técnica, sino también por aquellos acontecimientos e historias que captaba[1]. En cambio, el arte de la imagen en la Mayor de las Antillas, lejos de constituirse como una identidad y ahondar en diferentes maneras de hacer, reprodujo las concepciones, modos de producir y ver el mundo de la nueva metrópoli: Estados Unidos.

Con el paso del tiempo, el modelo capitalista se instauró cada vez más y se imitó en disímiles sentidos la forma de vida norteamericana: la vestimenta, la música, la comida, incluso se incorporaron al vocabulario palabras en inglés que hasta hoy perduran.

Paradigmas, tabúes y estereotipos –muchos que se arrastraban de la época anterior- se edificaron en la representación y visualidad de la mujer. Es por ello que la fotografía no se mantuvo exenta de plasmarlos y difundirlos; sino que los perpetuó para la historia. Solo con su análisis podremos entender el rol de objeto ocupado por las mujeres en este periodo.

Aunque pareciera que la mujer tenía el poder sobre sí misma y su imagen, dado a que en torno a ella giraba el centro de interés de géneros como la fotografía de moda y la publicitaria, en realidad sucedía a la inversa.

Al igual que otras áreas artísticas, la fotografía era un ámbito dominado por los hombres, por lo que la figura femenina era “protagonista pasiva de la historia del arte”, concebida como objeto observado, fuente de deseo, cuerpo de perfectas medidas y bello rostro; un instrumento para promocionar y vender un producto.

En este sentido, las investigadoras Ana Muñoz-Muñoz y María Barbaño[2] refieren que “en todos ellos (géneros de la fotografía) la mujer ha actuado como musa del artista, que suele ser varón, plasmando la mirada patriarcal sobre la imagen, (…) apareciendo antes como modelos que como fotógrafas, sufriendo una falta de dominio sobre sí, consecuencia de la estructura social de la época”[3].

La imagen de mujer deseada, ese prototipo de mujer ficticia, es condicionada por la proyección de los deseos masculinos, extendiéndose en el tiempo como modelo ideal. Permanece, de este modo, una imagen femenina cargada de connotaciones sexuales y convirtiéndose en icono comercial.

Según la definición ofrecida por Alberto y Andrea Orlandini[4] existen dos tipos de “mujeres-objeto”: las que lo son porque la mirada del hombre les quita humanidad, y las que personalmente deciden esta manera de ser, mostrándose superficiales, vacías de corazón y solo pendientes de sus cuerpos publicitarios.

“La mujer-objeto suele ser también un fruto de la publicidad, que nos muestra a mujeres de vidriera: bellas, pulcras, perfectas, que sonríen y se visten de modo estereotipado, y por ninguna parte exhiben una partícula de humanidad. La mujer–objeto no resulta la compañera del hombre, pues para este solo representa un juguete de placer”[5].

 

De publicidad, fotografía y estereotipos…

La publicidad constituye una poderosa arma modeladora de actitudes y comportamientos que logra, muchas veces, convencer al consumidor de adquirir determinado artículo, incluso sin ser necesario. Su fuerza persuasiva se vale de numerosos métodos, entre el cual se destaca el más empleado desde antaño: la imagen femenina. Su valor reside en múltiples aspectos y la fotografía publicitaria atrapa los más vistosos.

La artista y crítica estadounidense Bárbara Kruger[6] concibe a la publicidad como “un sujeto construido por las fuerzas sociales. El poder se impone a través de la imagen, pues la sociedad está controlada por los códigos dictados por los medios de comunicación[7], hasta el punto en que las experiencias vividas, en ocasiones, se reducen a la imitación de aquellos clichés asentados en nuestra memoria. Por tanto, su obra parte del estereotipo”.

En aquel entonces –primeras décadas del siglo XX- Cuba tampoco escapó de los moldes: mujeres de figura esbelta, cuerpos desnudos o vestidos acompañados por accesorios embellecedores o vistas de paisajes, “resplandecientes en el preciosismo de la técnica fotográfica, engalanados en una estética de la feminidad para ser consumida por la voracidad coleccionista del macho”[8].

Es el cuerpo, al decir de Isabel Moya, “una expresión simbólica de lo que somos o pretendemos ser, un constructo social a partir de una realidad biológica, un discurso del yo. En él somos, a través de él comunicamos”[9]. Las damas, por tanto, eran superpuestas, cual trozos rasgados de una revista, en una realidad virtual, construida casi en su totalidad, en un estudio.

Desde la composición de las instantáneas, el encuadre, las poses modeladas, hasta el método e intencionalidad con que se realizaba la publicidad de un producto o mercancía, el autor priorizaba los atributos físicos sobre los intelectuales. El cuerpo femenino era exhibido atendiendo las posibilidades de consumo y la mujer, una vez más, objeto inerte, sumisa de los paradigmas establecidos por otros.

La desnudez, completa o parcialmente, de la figura femenina centró la atención en las inaugurales obras de la nueva centuria –hecho que hasta unos años antes estaba vedado. Tanto en las postalitas publicitarias de algunas fábricas de cigarrillos y tabacos, las impresiones de cajitas de fósforos, anuncios de perfumes, cremas, bebidas, etc., era la sensualidad/sexualidad de la mujer un instrumento perfecto para comunicar mensajes claros, y su desnudo conquistaba y vendía[10].

El libro Korda: Conocido desconocido, recoge la obra de importantes fotógrafos cubanos asociados a –Studios Korda-, entre los cuales se destaca Alberto –Korda- Díaz Gutiérrez. Jóvenes elegantes, sensuales, atrevidas u otras veces ingenuas, acompañadas de alguna fragancia Revlon, prenda de alta costura o un ron Bacardí, fueron captadas por su lente y publicadas en revistas de la época. A pesar de las maneras de hacer preestablecidas y los estereotipos machistas impuestos en el oficio, el autor del retrato más conocido en el mundo de Ernesto Che Guevara, impuso su propio estilo en la fotografía de publicidad y de moda.

Para ello, “representó a sus protagonistas más allá de las prendas de vestir o de la mercancía que promocionaban, solo así estableció nuevos signos entre el espectador y la modelo concebida. Era tal la fusión entre modelo y puesta en escena que costaba delimitar donde comenzaba el paradigma per se y la propaganda. En su caso los recursos manidos de la sexualidad, poses provocativas e incitación del deseo carnal fueron sustituidos por atributos de sensualidad, líneas, perfiles, contornos casi abstractos, suavidad de gestos y síntesis de elementos de la composición”[11].

Sensualidad, erotismo y desnudo

El desnudo, ahora como género dentro de la fotografía, selló el estilo del periodo. “Detrás de una expresión esteticista, acabada en el trabajo puro de las formas y de las luces, se determinó una manera de hacer que en nada alteraba el cuerpo femenino tomado por la cámara. En él la mujer era centro y eje de una propuesta masculina que gozaba de las poses teatrales, líneas, gestos y actitudes de una geografía humana predeterminada en estudio”[12].

Se trataba de un discurso directo, donde no existía cabida para el “juego sígnico, ni metafórico de la imagen”[13]. La supuesta inocencia se advierte en la semidesnudez de la carne, en ocasiones apenas marcada, transparente en la leve ropa que porta o exhibida por mero e intencional descuido.

Diversos artistas de la época incursionaron en esta estética complaciente y desenfadada. Joaquín Blez[14], “autodenominado el fotógrafo del mundo elegante”, constituye todo un paradigma. En sus obras “el cuerpo de mujer es emparentado, en esencia, con una mercancía que se mira y valúa en el lustre de su belleza, sin provocar otra inquietud que la de su presencia monárquica”[15].

Otros autores como Roberto Rodríguez Decall, Felipe Atoy y Rogelio Moré experimentaron fuera del estudio, porque la desnudez debía ser percibida por una idea composicional más que conceptual. De iguales criterios eran Rafael Pegudo y Tito Álvarez, quienes aseguraban que la figura femenina solo necesitaba de una postura –las cuales se alejaron de las clásicas blezcianas- y buena iluminación para convencer, pues era hermosa por sí sola. “Más, para todos, el motivo era el pleno y limpio disfrute de un cuerpo. Era mostrar el modelado perfecto alcanzado por obra y gracia de la natura; siempre desde una visión masculina. Eran, sencillamente, amantes estéticos de una mujer desnuda”[16].

Los enfoques expuestos por los fotógrafos resaltaban las diversas formas en que las mujeres eran representadas. Aun así, todas las obras de esta llamada “etapa pastel” respondían a una estética de época: atrevida para el disfrute plástico, pero conservadora para el discurso.

Después de 1959: Época de cambios

El triunfo de la Revolución de 1959 trajo consigo grandes cambios, no solo en la esfera económica, política y social del país, sino también en las ramas comunicológicas. El entramado cultural fue el idóneo escenario para representar las transformaciones por las que la joven sociedad atravesaba.

“A la fotografía le correspondió con mayor fuerza que a cualquier otro movimiento artístico expresar su relación con el Estado, pues fue el valor testimonial el que definió el carácter social y respaldó el planteamiento político, elevando a través del arte lo cotidiano”, refiere la artista plástica y curadora Lesbia Vent Dumois[17].

Durante estos años, explica el fotorreportero Santos Cabrera[18], los fotógrafos se adecuaron a lo que socialmente acontecía, pues se vieron obligados a redefinir el objetivo de sus obras. “Se pasó entonces de la prominencia de los retratos en estudios a las fotos en el contexto social: una superioridad del impacto y la funcionalidad”, detalló.

En este orden, la mujer recuperó su imagen como protagonista y gestora de los nuevos cambios. Paulatinamente, se rompieron los valores patriarcales y los cánones impuestos por la publicidad en las décadas pasadas. La mirada sobre el cuerpo, independiente y desnudo, quedó de cierto modo relegada. Eran ahora, ellas, “representación del cuerpo social, del cuerpo de la nación, del cuerpo colectivizado”[19].

El giro más significativo de la representación de las mujeres en la fotografía fue la transfiguración de la dama aburguesada, elegante y asociada al consumo, en esa que ya es decisora de un proceso nacional. Las instantáneas las captaron implicadas a los diferentes ámbitos. Sin embargo, este cambio no implicaría una mutación en el patrón de belleza de la mujer como objeto estético, por el contario, se demostró que las cubanas implicadas con la Revolución también podían ser hermosas y atractivas. Se siguió destacando la belleza como atributo, aunque se realzó la importancia de fotografiar el objeto insertado en el contexto social para la completa construcción del mensaje.

La concepción de una Revolución integradora, en la que todos fueran actores activos modificó la visión racial que hasta entonces primaba. Las presonas mestizas no solo comenzaban a tener igualdad de derechos, sino que la mujer negra destacaba como protagonista en estos primeros años. El lente las logró inmortalizar en primeros planos, mostrando al mundo un carácter emancipador. Ya no eran secundadas en imagen por la precariedad o la omisión, ahora figuraban en gráficas y portadas de revistas. Según la doctora Isabel Moya, la revista Mujeres constituyó la primera publicación, en 1961, en incluir una mujer negra en su portada[20].

Pero resultaba muy complejo romper, bruscamente, con ideologías y cánones que se habían acomodado en la reproducción de un modelo de vida capitalista. Si bien la fotografía apoyó la divulgación de las ideas emancipadoras de la mujer en la etapa posterior a 59, no podemos absolutizar y afirmar que no hubo otras visiones en torno a la representación del cuerpo de las mujeres.

Según refiere el artículo Antología del desnudo en la fotografía cubana “en el período de 1959 a 1970 se margina la desnudez de la mujer, en un segundo plano, tanto a niveles formales como conceptuales, en virtud de grandes series épicas”[21]. La poca creatividad artística y el vuelco hacia fotografías de carácter político hicieron, aunque real, escaso este tipo de trabajos.

El desnudo como género abrazó, básicamente, a dos artistas cubanos: Alberto Korda y Raúl Corrales. Dos únicas obras se conocen, como explica el artículo antes citado: “El sueño, de Raúl Corrales, en el que un busto de mujer al descubierto, en un tercer plano de la composición, le aporta la mayor fuerza expresiva y discursiva a la fotografía. La otra instantánea, La Vida y la muerte, de Korda, retrata un torso con camisa abierta que muestra los pechos desnudos y un arma que cruza diagonalmente”[22]. Ambas imágenes, sin embargo, fueron consideradas como una agresión a la efervescente postura revolucionaria de los años 60.

En paralelo, otras fueron las intenciones de autores extranjeros que retrataron la simbología y la visualidad del cuerpo de las mujeres cubanas. Es el caso del suizo Luc Chessex[23], quien, “con sus instantáneas rompió algunos estereotipos, más que para anularlos, para proponer sobre ellos, otros”[24]. Así, durante los años 60 del siglo XX, el artista suizo reinventó nuevas maneras de hacer publicidad con mujeres cubanas. Para ello, en la antigua imagen publicitaria de los cigarrillos insertó a una chica negra en primer plano con espejuelos oscuros, cigarro en boca y hombro inclinado en actitud coqueta, sobre el cartel originario y desecho de una mujer blanca que fumaba. La foto luego fue portada de la revista para hombres Esquvre, The magazine for me.

Aunque el anterior ejemplo pudiera parecer el inicio de la ruptura de los estereotipos, el destino de la foto continuaba siendo el público masculino y aun guardaba en sí, el carácter machista de la época, esquema fuertemente arraigado.

M de Mujer… pero también de Machismo

La fotografía en la Cuba del siglo XX no solo reprodujo el fenómeno social, político y cultural de la nación, los estereotipos y las maneras de hacer preestablecidas. Devino, también, instrumento transmisor de nuevas perspectivas que ayudaron a reconocer a la mujer como sujeto activo en la sociedad. Hasta las primeras décadas de la centuria, concebida como símbolo y objeto de placer, deshumanizada, fría y cosificada en las instantáneas.

Luego del cambio radical que trajeron los años 60, nacía –poco a poco- una conciencia feminista en los dueños del lente. La necesidad de la belleza en el estudio se desestimaba ante la valía que ganaban las cubanas. Ella, entonces, era, más que perfectas medidas, maestra, miliciana, campesina.

La investigación desarrollada acerca de la fotografía en los periodos previo y posterior al triunfo de la Revolución, develó el importante papel de ese arte para perpetuar o desmontar el discurso de una época, el valor simbólico de una imagen que hace trascender creencias, leyes y roles. A través de la obra de artistas como Joaquín Blez, Korda, Rodríguez Decall, entre otros, apreciamos una transformación en la visualidad de la mujer cubana determinada por diferentes contextos.

“La multiplicidad de miradas sobre el cuerpo mostrado, expandido, fraccionado, sublimado, o cualesquiera que sean las determinaciones discursivas que se tengan sobre la imagen misma, se hace eco de un reflejo centuplicado y colectivizado. La imagen del cuerpo son adaptaciones pasadas por la imaginería e ingeniosidad de cada hacedor”[25].

Aun vivimos en una sociedad que se construye sobre los cimientos de una tradición patriarcal y machista. La mirada hacia las mujeres debe trascender el lente, y aquellos que la estudian, pues todavía resta revindicar del todo el papel de la mujer y expropiar su esencia de las sombras


[1]Verdugo, R. (s/f). Obtenido de Fondo Cubano de la Imagen Fotográfica: http://www.fcif.net/historia/historiafotocuba1.htm#top

[2] Instituto Universitario de Investigación de Estudios de las Mujeres y de Género. Departamento de Información y Comunicación. Universidad de Granada.

[3] Muñoz-Muñoz, A. M., y González-Moreno, M. B. (2013). “La mujer como objeto (modelo) y sujeto (fotógrafa) en la fotografía”. Arte, Individuo y Sociedad, 39-54.

[4] Citados por: Vigil-Escalera, A. I. (2015). Más allá del lente. Construcción social de la mujer en la fotografía de prensa en Cuba. Caracterización de la década del 2000 en la revista Bohemia. La Habana: Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

[5] Ídem.

[6] Citada en: Arbelaez, A. F. (2011). Imagen femenina, objeto del arte y de la sociedad de consumo. Bogotá: Facultad de Artes Visuales, Pontificia Universidad Javeriana.

[7] Hablamos de medios de comunicación, aunque en este periodo apenas comenzaban a tomar auge. Es el caso de la radio, el cine y la televisión.

[8] Morell, G. (s/f). El cuerpo y la fotografía: con los ojos de Narciso. En: https://agorarte.files.wordpress.com/2008/05/grethel-morell-el-cuerpo-y-la-fotografc2a1a-cuba.pdf

[9] Moya Richard, I. (2010). Género y Comunicación. Sin contraseña. Discurso mediático y transgresión. Madrid: AMECO.

[10] Morell, G. (s/f). El cuerpo y la fotografía: con los ojos de Narciso. En: https://agorarte.files.wordpress.com/2008/05/grethel-morell-el-cuerpo-y-la-fotografc2a1a-cuba.pdf

[11] Vives, C., y Sanders, M. (s/f). Korda. Conocido desconocido. La Fábrica Editorial

[12] Morell, G., Sosa, S., y Pentón, A. (2015). Antología del desnudo en la fotografía cubana. ArtStudio Magazine. Recuperado: 17 de mayo de 2018. En: http://www.artstudiomagazine.com/wp-content/uploads/

[13] Ídem.

[14] En sus trabajos fotográficos el encuadre a muchas mujeres le elimina el rostro y “aquellas que lo muestran, están obviamente maquilladas y atildadas con prendas. Irrumpen, además las tomas del cuerpo en sus detalles y se torna otra vez sobre la articulación publicitaria de la imagen.

[15] Morell, G. (s/f). El cuerpo y la fotografía: con los ojos de Narciso. En: https://agorarte.files.wordpress.com/2008/05/grethel-morell-el-cuerpo-y-la-fotografc2a1a-cuba.pdf

[16] Morell, G., Sosa, S., y Pentón, A. (2015). Antología del desnudo en la fotografía cubana. ArtStudio Magazine. Recuperado: 17 de mayo de 2018. En: http://www.artstudiomagazine.com/wp-content/uploads/

[17] Citada en: Cabrera, K. S. (2012). Instantánea fugaz de la fotografía cubana. Recuperado:17 de mayo de 2018, de Inter Press Service en Cuba: www.ipscuba.net

[18] Comunicación Personal (Entrevista)

[19] Morell, G. (2017) “Cubanas por un suizo: Proletarias y maniquíes en la obra de Luc Chessex”. En: Circuito Líquido. https://www.google.com.cu/search?source=hp&ei=nHHQXOOsAoWXkwXuxKLgCw&q=Morell+%282017%29+%E2%80%9CCubanas+por+un+suizo&btnK=Buscar+con+Google&oq=Morell+%282017%29+%E2%80%9CCubanas+por+un+suizo&gs_l=psy-ab.3...1251.1251..2682...0.0..0.948.948.6-1......0....2j1..gws-wiz.....0.prgMgrt-lVA

[20] Ídem.

[21] Morell, G., Sosa, S., y Pentón, A. (2015). Antología del desnudo en la fotografía cubana. ArtStudio Magazine. Recuperado: 17 de mayo de 2018. En: http://www.artstudiomagazine.com/wp-content/uploads/

[22] Ídem.

[23] Luc Chessex: Fotógrafo suizo

[24] Morell, G. (2017) “Cubanas por un suizo: Proletarias y maniquíes en la obra de Luc Chessex”. En: Circuito Líquido. https://www.google.com.cu/search?source=hp&ei=nHHQXOOsAoWXkwXuxKLgCw&q=Morell+%282017%29+%E2%80%9CCubanas+por+un+suizo&btnK=Buscar+con+Google&oq=Morell+%282017%29+%E2%80%9CCubanas+por+un+suizo&gs_l=psy-ab.3...1251.1251..2682...0.0..0.948.948.6-1......0....2j1..gws-wiz.....0.prgMgrt-lVA

[25]Morell, G. (s/f). El cuerpo y la fotografía: con los ojos de Narciso. En: https://agorarte.files.wordpress.com/2008/05/grethel-morell-el-cuerpo-y-la-fotografc2a1a-cuba.pdf

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