Cartografías feministas: en la intersección de las tecnologías y los territorios

Florencia Goldsman. Píkara Magazine [28-05-2020]
Ilustración de Señora Milton. Publicada en Píkara Magazine Ilustración de Señora Milton. Publicada en Píkara Magazine

La geógrafa de formación Céline Jacquin afirma que los mapas se pueden leer en sentido profundo: “Cualquier mapa me hace sentido de una manera totalmente sensual. Mi reflejo mental es primero imaginarme este espacio. Plasmar sobre él una realidad imaginaria. Cuanto más conozco ese espacio, menos imaginario y más real es”. Los mapas sobre las performances de Las Tesis alrededor del mundo, así como la señalización de las marchas del #8M, apuntan la importancia de cartografiar y el carácter político de representarnos en los territorios.

Jacquin es codirectora e integrante de la colectiva GeoChicas OSM, junto con Selene Yang (“La Sele”), un grupo con más de 230 voluntarias y participantes en el que la geografía feminista es un campo político y académico. Integrantes de más de 22 países, en su mayoría de América Latina, convergen en la noción de que las desigualdades sostienen y reproducen las relaciones de género de manera socioespacial. En la plataforma Open Street Maps (OMS, una suerte de Wikipedia de los mapas, alternativa a Google Maps, de código abierto) también se evidencia la brecha de género entre sus participantes, con una minoría de mujeres.

Las mapeadoras llegaron a reducir la enorme brecha en participación y en creación de mapas, pues el significado de las cartografías es meramente político como se percibe en los proyectos que desarrollan. La iniciativa llamada «Las calles de las mujeres» se concentra en el análisis de datos de OSM para destacar las calles con nombre de mujeres en las capitales de países como Cuba, Paraguay, Argentina y México. De esta manera, destacó la agencia Reuters, Geochicas encontró que en Buenos Aires sólo el seis por ciento de las calles llevan el nombre de mujeres mientras en la Ciudad de México es el 12. En La Habana, Cuba, caminar por calles con nombres de mujeres es más común, casi un 40 por ciento de las calles conmemora la biografía de las mujeres.

Las integrantes de Geografía Crítica Ecuador señalan que “ser mujer en una sociedad patriarcal significa muchas veces tener limitado el acceso al espacio publico, ejercer roles específicos (y sumisos) en el espacio privado del hogar o del trabajo, así como roles y capacidad de intervención limitados en el espacio comunitario”.

A lo largo de la historia los mapas fueron diseñados por hombres. Herramienta militar, de conquista, táctico y estratégico para invadir y (hasta hoy) explotar cuerpos y territorios. “¿Qué significado político tiene? Entendamos que el mapa es la base de diagnóstico de planeación y de construcción de escenarios para esos dominios de la planeación territorial, de la arquitectura, de asignación de recursos, equipamiento y servicios. Si todo eso está hecho por hombres entonces falta ahí la representación de las necesidades diferentes y variadas de las mujeres, aportando una perspectiva interseccional: la de las diferentes mujeres”, explica Jacquin.

Con las manos en los mapas, se constató que las mujeres mapeadoras tienden a añadir servicios que a menudo son pasados por alto por los hombres, como hospitales, servicios de guardería, baños, refugios contra la violencia doméstica y clínicas de salud para mujeres. Las preocupaciones en el mapa se plasman con los temas que afectan de manera desproporcionada a las mujeres, como el acoso sexual y otras formas de violencia sexual en los espacios públicos o los feminicidios y esto puede comprobarse en la propia wiki, que describe cómo agregar a los mapas categorías como clínicas de aborto, máquinas expendedoras de productos sanitarios, lugares para cambiar el pañal de un bebé, así como el alumbrado público.

Las geografías feministas apuntan a desnaturalizar nuestro vínculo con los territorios urbanos y rurales. Nos ayudan a adquirir una mirada espacial, que a través de un proceso de sensibilización específico hace explícitas que las desigualdades y opresiones de género tienen una expresión espacial específica, necesaria de ser develada si se quiere resignificar el espacio que vivimos, creamos y defendemos en marcos más justos y equitativos.

Amasar datos con perspectiva feminista

El proceso de Geochicas no solo añade orientaciones que reflejan las necesidades de las mujeres, soporte directo para que los funcionarios y funcionarias de los gobiernos locales tomen decisiones más inclusivas cuando planifiquen y presupuesten sus ciudades, sino también crean bases de datos con una perspectiva necesaria: feminista e interseccional.

El problema de los datos certeros, cuidados, con respeto a la privacidad de las personas es un tema que abordamos en el primer post de Periférikas. El enorme desafío de las maperas redunda en que trabajan con datos escasos, información que se demanda desde las luchas feministas: “Esos datos no existen, son malos, son poco difundidos, hablando de violencia de género que sucede como epidemia en América Latina. Aún más en cuestiones feministas el mapa puede ser muy poderoso porque los datos son inexistentes. Entonces cuando nosotras logramos construirlos, desde recabar información en la prensa, como se ha hecho en México con María Salguero con su mapa de feminicidios, o porque los vamos obteniendo finalmente a través de solicitudes a las fiscalías, poco a poco los vamos construyendo de a cachitos y por fin en un momento estamos listas para mostrarlos en un mapa”.

Los mapas que registran las violencias así como los mapas construidos por quienes defienden los territorios tienen el aspecto inédito y original de los datos recogidos por las propias colectivas o activistas que le dan relevancia a estas nuevas cartografías. Paren nuevas formas de visibilización de nuestras demandas.

Mapear el cuerpo-territorio

Mayeli Sánchez Martínez, bióloga y hacker feminista, cree que actualmente hay muchos motivos que impulsan a las mujeres mapeadoras, desde entender y combatir la violencia, pensar en el cuerpo territorio y la tierra, hasta reflexionar cómo estamos siendo representadas en los espacios que habitamos.

Sobre la experiencia personal como mapeadora destaca que el tipo de mapeos territoriales que ha desarrollado han sido comunitarios y con diferentes finalidades. “Creo que son útiles para que la comunidad se reconozca como parte de su territorio y pueda reconocer lo que les une como pueblos, también reconocer lo que a veces se olvida sobre la grandeza de la naturaleza y por último reconocer los múltiples intereses y problemáticas que hay en los territorios”, explica.

Los análisis geográficos ofrecen una serie de herramientas que pueden ser puestas en funciones tanto para visibilizar las desigualdades como para realizar acciones de contramapeo, es decir, para encontrar soluciones. El inspirador manual de las geógrafas críticas ecuatorianas , llamado ‘Los feminismos como práctica espacial’, señala diversos casos en los que el mapeo del territorio se impone. En los territorios indígenas shuar, en la Amazonia sur del Ecuador, se repiten ciertas escenas: las comunidades campesinas ven alterada su vida cotidiana por proyectos de megaminería. Los desalojos violentos, compra engañosa de tierras, destrucción de casas y prostíbulos, asesinatos de líderes redundan en desplazamiento forzado y en lucha para denunciar la violencia del Estado que desde hace años se ciñe sobre territorio shuar.

Los trabajos de mapeo recogen información de organizaciones sociales, noticias de prensa y mapas parlantes* realizados con mujeres de las etnias shuar, de las comunidades Nankintz y Tsumtsuim. Relatos descarnados muestran cómo el Estado busca controlar el espacio físico y los cuerpos de distintas formas. Las experiencias con las comunidades eperas, por su parte, muestran una fuerte conexión con el río, parte indisociable de sus vidas ejemplificando lo que es el agua-territorio*.

La postal se repite en todo el territorio, Sánchez Martínez lo ejemplifica: “Aún existen muchas comunidades que desconocen que el espacio que habitan ya ha sido concesionado a alguna empresa. Muchas de las luchas socioambientales que se han levantado en México, como la del caso del pueblo wixárika, narran cómo se enteraron de la amenaza sobre sus territorios cuando los proyectos ya estaban en marcha. Cuando la maquinaria entró, o cuando comenzaron a llegar a hacer mediciones de diferentes tipos, topográficas o ambientales; también relatan el esfuerzo posterior realizado de las comunidades para obtener información sobre esos proyectos, entre la que destaca la información relativa a datos geográficos, fundamental para entender las consecuencias que conllevan tales proyectos o para iniciar acciones jurídicas”.

Este uso de los mapas ha servido para defender los territorios en contra de las industrias extractivas. En otros casos se han usado para que la comunidad reconozca ciertas problemáticas, como enfermedades, y lo más importante es que también ha servido para darse cuenta de la falta de datos relativos a lo que sucede en sus territorios. Por el contrario, también de cómo la visualización de ciertos datos y la manipulación de información en mapas puede engañar a quienes los observan.

Por último, y ligadas a la mirada de los feminismos comunitarios, se piensa la relación cuerpo-territorio. Y, ¿qué es el cuerpo como territorio? “Depende lo que tu creas que es. Esos ejercicios parten de una reflexión muy introspectiva, personalmente pero colectivamente también, de cómo entendemos eso: qué sentidos, qué sentimientos, qué problemáticas y también qué luchas queremos poner en nuestro cuerpo-territorio y ahí lo representamos de la manera que se nos ocurra. No forzosamente hay elementos claros y definidos en nuestro mapa pero puede llegar a haber y lo definen completamente las que participan en ello”, detalla Jacquin.

Mapas que son soporte y recorrido para el ejercicio reflexivo. Base de construcción de las ideas mismas de feminismo y de cómo nos autopercibimos. Herramientas autoconstructivas. La información que se devela en un mapeo comunitario es información que pertenece a las comunidades. Por tanto, son ellas las que deciden cómo prefieren revelarla al mundo, a veces los mapas quedan solo para la comunidad. “A veces hay parte de estos mapas que se sube como imagen para comunicar a la gente desde las comunidades lo que implica su territorio. A veces se convierte en un mapa digital elaborado y muy formal para contrarrestar las narrativas de gobiernos y empresas”, aporta Sánchez Martínez.

Mapéalo, mami, mapéalo

“Si sos migrante y querés saber qué va a pasar el 8M en la ciudad dónde vos estás y no conocés a nadie, a través del mapa podés contactar o simplemente ir. El mapa global del paro es un mapa multiplicador del encuentro, o al menos eso pretende”, explica Isaura Fabra, mapeadora encargada de organizar los datos de la última marcha de marzo.

Fabra esta comenzando su trayecto en las cartografías feministas. Su impulso por mapear surgió en 2018 cuando “venía sufriendo con la cantidad de flyers que nos llegaban a La Internacional Feminista (LIF) de todo el mundo”; por eso, la necesidad de organizarlos creó la oportunidad para comenzar la práctica. “No se me ocurría cómo juntarlos. Me parecía importante tanto como muestra de la magnitud de lo que estaba pasando como una forma de reconocernos entre las que estábamos siendo parte de ese impactante movimiento del paro internacional de mujeres. Así que armé un álbum en Facebook con todos los flyers hasta que en cierto momento me resigné a que se me iban a perder muchos por el camino porque la info llegaba muy desordenada y repetida”, recuerda.

Esta práctica de activista voluntaria se repitió en 2019 cuando apareció la idea de organizar la información en un mapa “La Sele, una de las GeoChicas, me dijo que ella me enseñaba a hacerlo. Ahh…, ¿se puede? Y sí, se podía. Ella me enseñó a usar una herramienta sencilla, que en realidad todavía no termino de entender del todo, pero sé que es software libre* y fácil de aprender a usar, el Open Street Map. Eso fue diez días antes del 8 de marzo. Y en esos pocos días logré armar un mapa super power usando de base varios mapas parciales que fui encontrando, como el de España, que no sabía quién lo había hecho pero estaba completísimo, o el de Italia, que lo hicieron las de Non una di Meno”.

En espacios de colaboración presenciales, talleres y espacios formativos. Pateando la ciudad en caminatas urbanas y mapeando las zonas sin alumbrado público, los árboles que no nos dejan ver del otro lado o espacios de “entretenimiento” para varones que se vuelven hostiles para las mujeres. En los territorios sistematizando la invasión y realzando los lazos indisociables de las poblaciones con los bienes naturales comunes. En internet comprendiendo que construimos y somos “construidas” por el espacio. El proceso de mapeo habilita un espacio de protagonismo, un proceso de rediseño través del cual podamos reconstruir otras relaciones de género.


* Mapas parlantes: son una herramienta básica de la cartografía social en la cual un grupo de personas representa el espacio que habita. Se pide que las mujeres dibujen sus comunidades sobre papelógrafos y que cuenten por dónde llegaron los militares, qué destruyeron, cómo buscaron refugio (Geografía Crítica Ecuador).

* El concepto de agua-territorio desde una perspectiva de la geografía feminista significa una relación de inseparabilidad cotidiana, constante y de afectos entre el espacio fluvial (el río) y un espacio terrenal (la tierra de Santa Rosa de los Eperas) (Geografía Crítica Ecuador).

*Software libre: el software libre es todo software cuyo código fuente puede ser estudiado, modificado, y utilizado libremente con cualquier fin y redistribuido con cambios y/o mejoras o sin ellas.(ver definición de Wikipedia).

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