“Fecundidad, envejecimiento y género: (Des) articulaciones desde la prensa

Por Dixie Edith. Especial para SEMlac [11-11-2019]

La fecundidad es probablemente la variable demográfica más analizada desde puntos de partida vinculados con el papel que la educación, la información y la comunicación desempeñan en su comportamiento. Ya en la década de 1960 se comenzó a hablar del papel que en el descenso de la fecundidad tenía “la difusión” de ideas acerca de la anticoncepción y el tamaño ideal de la familia, una propuesta de análisis de la transición demográfica que ha trascendido como enfoques o teorías difusionistas.

Más recientemente, John Bongaarts y Susan Watkins[1] aportaron a los enfoques difusionistas una relectura de la llamada teoría de las interacciones sociales, e incorporaron el rol de la transmisión de información y de las redes sociales para la diseminación de comportamientos asociados con la fecundidad. Analizando los procesos de transición demográfica en América Latina en la segunda mitad del siglo XX, Carleton, además de citar otros elementos coincidentes con los ya explicados, se planteaba en 1970 la necesidad de “una utilización amplia y científica de los medios de comunicación de masas”[2].

Tuirán, por su parte, confirma que “algunas corrientes del pensamiento sociodemográfico han asignado a la comunicación un papel sobresaliente en la explicación del descenso de la fecundidad en los países en desarrollo”. Desde medios como la televisión y la radio, fundamentalmente, se ha contribuido a “reforzar el cálculo económico asociado con la reproducción”, “transformar ideas y creencias respecto al papel de la mujer en la sociedad y la vida familiar”, popularizar nuevas formas de asumir “la reproducción y la sexualidad” y difundir “nuevas ideas, conceptos y tecnologías relacionados específicamente con la regulación de la fecundidad y la planificación familiar”[3].

De todo lo anterior se desprenden dos condiciones: una, la certeza de que las audiencias no son pasivas; y, en segundo término, que es necesario conocerlas, estudiarlas, para construir procesos de comunicación sobre temas de población.

En paralelo, cada vez más resulta evidente que cualquier proceso demográfico, pero la fecundidad en primerísimo lugar, no puede ser analizado al margen de los postulados de las teorías de género.

Este es un concepto relacional, que recoge el conjunto de ideas, representaciones, prácticas y prescripciones sociales que se elaboran a partir de la diferencia anatómica entre los sexos. O sea, el género es lo que la sociedad considera lo propio de los hombres y lo propio de las mujeres. Se reproduce mediante costumbres y valores profundamente tácitos que han sido inculcados desde el nacimiento con la crianza, el lenguaje y la cultura. Cambia históricamente, de época en época, mientras que la diferencia biológica se sostiene a lo largo de los siglos. Es también una lógica cultural omnipresente en todas las situaciones sociales; un filtro a través del cual percibimos la vida[4].

¿Cómo ignorar, entonces, un postulado teórico directamente relacionado con los mandatos culturales vinculados a la reproducción humana, o sea, a la fecundidad?

Emprender análisis de la Comunicación en temas de población desde una perspectiva de género implica, entonces, reconocer las relaciones de poder que se dan entre los géneros, históricamente favorables a los varones como grupo social y discriminatoria para las mujeres; que las mismas atraviesan todo el entramado social y se articulan con otras relaciones sociales como las de clase, etnia, raza, edad, preferencia sexual y religión[5].

En el caso de Cuba, se encuentra desarticulado y disperso el conocimiento sobre la relación entre los procesos demográficos, las percepciones que la población tiene sobre ellos y los enfoques de género, lo cual confirma la necesidad de políticas integrales de población y de estrategias de comunicación holísticas y coherentes.

¿Qué, cuándo y cómo se publica?

Un análisis métrico y de contenido de productos comunicativos sobre dinámica demográfica cubana, que integraron las agendas mediáticas de Granma, Juventud Rebelde y Bohemia, en el período comprendido del año 2005 al 2015; y del Noticiero Estelar del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, entre enero de 2014 y 30 de abril de 2015, confirman que falta mucho terreno en la prensa cubana para lograr tales articulaciones.

La actualización de la búsqueda en Granma, Juventud Rebelde y el periódico Vanguardia, de la provincia de Villa Clara, realizada durante el año 2018 desde el observatorio temático del Instituto Internacional de Periodismo José Martí (IIPJM), revela que la situación inicialmente identificada no ha cambiado mucho.

El envejecimiento demográfico, la mortalidad y la fecundidad fueron, sin dudas, las temáticas más abordadas cuando se analiza de conjunto la producción de los medios de prensa escrita seleccionados. La fecundidad, en particular, fue mencionada en 79 trabajos entre 2005 y 2015, para alrededor de un 34 por ciento de los productos comunicativos de ese período. Y tuvo un comportamiento similar en la muestra recogida en 2018, o sea, representó el 32 por ciento de los trabajos publicados sobre el tema.

Con mejores tratamientos en los tres medios de prensa escrita que en el NTV, la muestra estudiada, en primer lugar, evidenció una reducción del análisis de la coyuntura demográfica del país a la situación de la fecundidad y el envejecimiento de la población. Se establecieron, además, pobres conexiones con otros asuntos directamente relacionados como la nupcialidad/divorcialidad, la mortalidad materna, el embarazo adolescente, la planificación familiar.

En particular en el NTV, se reiteró sistemáticamente la idea de la baja fecundidad y el envejecimiento como problemas o conflictos que hay que resolver. Y, sobre todo, en el caso de la fecundidad, como un asunto de mujeres que no quieren parir.

Con respecto al tema del envejecimiento, probablemente la mayor crítica al tratamiento dado por los medios de prensa estudiados sea su excesiva tendencia a ver el envejecimiento desde el punto de vista médico o asistencial. Y aunque no se entrevistó directamente a personas mayores enfermas o en situación de vulnerabilidad, la mayor parte de los materiales periodísticos emplearon fuentes del sistema de salud, con lo cual se refuerza la asociación de los adultos mayores con las enfermedades, aun cuando no siempre se establezca la relación de manera directa.

Además, se muestra un envejecimiento homogéneo y estereotipado donde faltan análisis que ubiquen los desafíos de este proceso para hombres y mujeres en Cuba. Ellas, por solo citar un ejemplo, tienen mayor esperanza de vida; pero cuando ellos quedan viudos y solos enfrentan un reto particular vinculado a la persistencia de estereotipos de género patriarcales muy difundidos en Cuba: en todo su curso de vida no adquirieron herramientas que los prepararan para enfrentar solos las tareas domésticas, la planificación y mantenimiento de un hogar, con lo cual vivencian de manera mucho más compleja el proceso de envejecer y manifiestan patologías psicológicas asociadas a esa situación de soledad y vulnerabilidad.

En el caso del cuidado de adultos mayores, aun cuando fue mencionado, sobre todo en la muestra de la prensa escrita, faltan análisis que focalicen en la sobrecarga que este representan para las mujeres, en particular las de edad mediana y, en muchos casos, profesionales, que por mandato cultural –también patriarcal- son quienes suelen asumir en mayoría aplastante estas tareas.

En el caso particular de la fecundidad, no se particularizó la situación por grupos de edad, o por territorio, con lo cual queda oculta, por ejemplo, la grave situación del embarazo adolescente, o la vulnerabilidad de las mujeres rurales ante estos eventos.

Igualmente, el análisis homogéneo, superficial y parcial de las causas de la baja fecundidad invisibiliza brechas de género o de acceso, como las posibilidades de reproducción en las mujeres lesbianas.

Además, al no abordarse la fecundidad como un asunto de la pareja o de la familia, se refuerza la culpabilización de las mujeres ante el bajo comportamiento de los nacimientos en el país.

En general, en todos los medios se apreció un tratamiento homogéneo de la población cubana, tanto en relación con la distribución espacial como etaria o por género, lo cual impide miradas holítiscas y articuladas de la dinámica demográfica en relación con el curso de vida de las personas y la toma de decisiones personales vinculadas a la reproducción y la familia, entre otros temas.

 


[1]Boongarts, J. and Watkins, S. C. (1996). “Social interaction and contemporary fertility transitions”. Population and Development Review, 22 (4).

[2]Carleton, R. (1970). Aspectos metodológicos y sociológicos de la fecundidad humana. Santiago de Chile: CELADE.

[3]Tuirán, R, (1996). “Cultura demográfica. Comunicación en población y procesos de difusión”. Revista DemoS, No. 9 Pp 25-26. México: UNAM.

[4]Lamas, M. (1999). “Usos, dificultades y posibilidades de la categoría género”. Papeles de Población, (21), , julio-septiembre.

[5]Ídem.

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