A la luz de la pantalla el rostro de Ailín Valenzuela parece el de un fantasma abatido. La amiga que la acompaña a la zona wifi pregunta qué le ocurre. Ailín le pasa el móvil con el último chat de Facebook.

Tome unas gotas de Amarige de Givenchy. Un poco de crema antiarrugas de Clinique. Una porción de extracto revitalizante para el cabello de L’Oreal. Mézclelo cuidadosamente para que no haga grumos. Distribúyalo sobre un cuerpo femenino de l .80 metros con 90, 60, 90 cms. de pecho, cintura y caderas respectivamente, preferiblemente blanco y rubio. Si no encuentra fácilmente este producto en el mercado puede recurrir sin remordimientos a silicona y colágeno, extraer algunas costillas o realizar lipoescultura. Salpimiente con algo exótico a gusto.

Cueza a fuego lento en un caldo con algo de consumismo, fin de las ideologías y la historia u otras hierbas... Sirva enfundada en Dona Karan, Agata Ruiz de la Prada, Dior, Armani de acuerdo a su presupuesto.

No parece haber consuelo para las feministas y el gremio de la prensa cubana que amanecieron este domingo 4 de marzo con la triste noticia de que la cubana Isabel Moya Richard, la periodista, maestra y amiga, había fallecido por causa del cáncer, a los 56 años de edad, en La Habana.
"Estuvo trabajando y batallando hasta el último momento, como ella quería", escribió en Facebook la cineasta cubana Marilyn Solaya.

Cuba y su ciudadanía han experimentado un crecimiento exponencial en su conectividad a Internet. Incluso, algunos informes y reportes de prensa internacionales ubican al país entre los de mayor penetración digital e incursión en redes sociales en los últimos años.
A esta creciente navegación nacional por Internet, se agrega la disponibilidad de aplicaciones móviles, que colocan un considerable cúmulo de información y mensajería instantánea en una mirada pública. Se incluyen también en este entorno la creciente presencia de redes informales como la Street Network (SNet), que generan flujos subterráneos de datos e intercambios comunicacionales. 

Bajo este panorama, usuarios de ambos sexos entran desenfrenadamente, casi vírgenes, en un mundo virtual nuevo, desconocido. No valoran el escenario ni los latentes riesgos. Y especialmente ellas no esperan ser acosadas, observadas, valoradas, dispuestas a un escrutinio digital constante y vergonzoso.

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