Hay personas detrás de los discursos mediáticos. Y, en esas personas, tantos estereotipos y subjetividades como en cualquiera. Pero la responsabilidad que asume quien firma un texto periodístico debería resultar suficiente para la exigencia de no ser “víctimas” de esos aprendizajes. Más a menudo de lo que se piensa, y mucho más a menudo de lo que se quiere, nuestros medios de comunicación son culpables de sostener los cimientos de la violencia machista.
Pasa a través de la pantalla, el dial, o en el amplísimo universo del mundo digital. Y pasa en los textos impresos, con el riesgo de que el error (y siempre clasificará como tal la mirada prejuiciada), sobreviva a su autor, al medio, quizás, y a la sociedad en que nació.

La fecundidad es probablemente la variable demográfica más analizada desde puntos de partida vinculados con el papel que la educación, la información y la comunicación desempeñan en su comportamiento. Ya en la década de 1960 se comenzó a hablar del papel que en el descenso de la fecundidad tenía “la difusión” de ideas acerca de la anticoncepción y el tamaño ideal de la familia, una propuesta de análisis de la transición demográfica que ha trascendido como enfoques o teorías difusionistas.

La igualdad de género es una de las grandes asignaturas pendientes del marketing y la publicidad, algo preocupante si tenemos en cuenta que la publicidad es uno de los grandes constructores de ideas en nuestra sociedad. La mujer lleva siendo representada en la publicidad durante años de forma misógina y sexualizada, una imagen que no tiene nada que ver con la real y que choca frontalmente con el ideario de la lucha feminista. En el sector publicitario, y más concretamente en las agencias de publicidad, el poder sigue siendo masculino y aunque la presencia femenina es notable, persiste un fuerte desequilibrio en los departamentos creativos. Como siempre, las razones de la escasa presencia femenina en altos cargos en el mundo publicitario se resumen en el abc de los techos de cristal en cualquier sector dominado por la presencia masculina: educación, falta de referentes y de confianza y los problemas de conciliación.

Lara Croft lleva más de 20 años resurgiendo una y otra vez en una de las sagas de videojuegos más relevantes de la historia. Hija de Lord Croft y heredera de una gran fortuna, es arqueóloga, escritora y exploradora. Protagoniza 12 juegos principales, 13 spin-offs, tres películas, una miniserie, dos series de cómics y seis novelas, y acumula seis récords Guinness, entre ellos el de la heroína de videojuegos más exitosa. Lara ha sido testigo y ejemplo del cambio a mejor que se ha dado en la industria de los videojuegos en los últimos años, y que poco a poco está poniendo fin al machismo en las pantallas.

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