Tengo un hijo de cuatro años y, como toda madre responsable, intento controlar los productos audiovisuales a los que se expone en esta era de tantos medios tecnológicos. A veces me siento tirana, privándolo de la mayoría de los espacios televisivos infantiles; sin embargo, mi labor de censura se queda corta ante tanto contenido violento, sexista, discriminatorio y excluyente.

“Podemos llamar periodismo feminista a una información que aporta calidad, diversidad y pluralidad por el simple hecho de que informa sobre los saberes de las mujeres, porque nos da voz cualificada, porque no nos discrimina, porque no transmite los estereotipos sexistas que nos infantilizan y minusvaloran”. La periodista Isabel Muntané reflexiona en una entrevista sobre la necesidad de incorporar a los medios, de manera definitiva, la perspectiva de género.

Conocíamos a Dory, la pez desmemoriada, valiente y aguerrida por ser una de las protagonistas de Buscando a Nemo(Andrew Stanton, Lee Unkrich, 2003). La película tenía mucho de la era pre-Brave—barracuda que se merienda casi en el fotograma número uno a la madre de Nemo— y no superaba el Test Bechdel.

A ver, el Test Bechdel, ¿han oído hablar de él?, ¿no?, ¿debo reñirles un poco por ello?, ¿soy yo quién para reñirles?, ¿me hubiera gustado a mí que me riñeran por no conocer el Test Bechdel cuando aún no lo conocía? Y otra cosa, ¿les hablo del test o les cuento quién es Bechdel? Oh, está bien, vale, vale, vale. Empecemos por el principio.

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