Las manifestaciones públicas de sexismo o discriminación por color de la piel, género, orientación sexual o discapacidad en actividades culturales diversas o en negocios privados serán sancionadas en Cuba, según nuevas normas legales publicadas el pasado 10 de julio. Los Decretos-Ley 349 y 357 de 2018, emitidos este año por el Consejo de Estado, con regulaciones en materia de política cultural y para el ejercicio del trabajo por cuenta propia, significan un paso importante para ordenar la sociedad, desde enfoques de género y de derechos.

El quehacer fotográfico ha estado históricamente marcado por la prevalencia de la cultura hegemónica patriarcal. Esta ha sido una práctica que, a través del lenguaje artístico, ha reflejado la fuerza de un sistema de dominación machista que ubica a las mujeres, y a lo femenino en sentido general, en una posición de vulnerabilidad total en tanto les invisibiliza, excluye, ridiculiza y oprime haciendo alusión a lo tradicionalmente “bello”.

Los tiempos son importantes para el feminismo. El 26 de abril de 2018 conocimos la sentencia a “La Manada”, 9 años por un delito de abuso sexual en lugar de los 24 años que pedía la Fiscalía. El juicio se desarrolló cinco meses antes, por una violación sucedida en 2016[1]. Unas horas bastaron para que el movimiento feminista organizara en las grandes ciudades españolas concentraciones que gritaron un “yo sí te creo” unánime. Pocos días después apareció el hashtag #Cuéntalo y las redes sociales se inundaron de miles de testimonios personales contando agresiones y episodios misóginos.

Las nuevas tecnologías y las redes sociales se han convertido en una herramienta para ejercer un acoso contra las mujeres que parece no tener fin. La inmensidad de la red hace que los mensajes, fotos y vídeos se propaguen a una velocidad vertiginosa, resultando muy difícil parar la viralización de contenidos sensibles o violentos.

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