Debates

Uniones homosexuales en Cuba, contrapunteo a favor de los derechos


Alberto Roque

Médico y activista por los derechos de las personas LGBTIQ


  1. ¿Estaría a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo o del reconocimiento legal de las uniones consensuales? ¿Por qué?

    La respuesta a la pregunta tiene, a mi entender, tres componentes:  político, estratégico y personal. Desde el punto de vista político abogar por el reconocimiento de una estructura desprestigiada, patriarcal, burguesa, estratificada en poderes (aunque se diga que se basa en la igualdad) es como mínimo una actitud reaccionaria y conservadora. Es conveniente recordar que el matrimonio devino en institución con el surgimiento del Estado burgués moderno y fue una de las concesiones que concedió a la Iglesia cuando esta última perdió el poder político. Dicha concesión no fue gratuita ni una obra de caridad, sino que dio cuerpo al llamado contrato social que institucionalizó la ideología del patriarcado, legitimó los dominios de la esfera pública para los hombres heterosexuales y consideró a las mujeres como naturalmente subordinadas y confinadas al espacio doméstico y privado. Intencionalmente se persiguieron y se intentaron normalizar a las sexualidades y géneros que no se ajustaban a dicho contrato.

     Si miramos a la Cuba actual, las personas heterosexuales han desvalorizado crecientemente al matrimonio y el índice de divorcios es significativamente alto. Las propias familias se han redimensionado de forma diversa y compleja. Sin embargo, para numerosas personas con sexualidades y géneros no heteronormativos (autodefinidas como lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersex y otras prácticas, parentescos e identidades no heteronormativos) excluidas totalmente de la Ley, el matrimonio parece ser la única forma de legitimar sus relaciones de parentesco, sin contar con que muchas de ellas creen en sus valores fundacionales religiosos. En nuestro país no conozco que se haya investigado sobre la opinión que este grupo humano tiene sobre el matrimonio.

     En cuanto al componente estratégico, el matrimonio igualitario es una vía para acceder a derechos patrimoniales, de sucesión y de herencia, que son derechos humanos negados a un grupo importante de ciudadanas y ciudadanos.  El matrimonio igualitario, de garantizar todos los derechos, tendría un notable efecto educativo para combatir la discriminación por orientación sexual e identidad de género, aún con los sesgos y las limitaciones de que adolece. El sistema jurídico sería más equitativo y tendría el efecto simbólico de arrancar un privilegio al poder heteronormativo. El desafío está en modificar la institución matrimonial hacia formas verdaderamente equitativas, responsables y libertarias. Podemos tener más derechos, pero de nada vale seguir reproduciendo relaciones filiales y amorosas opresivas.

     Como sujeto profeminista creo que lo personal es político. La mirada que toma como perspectiva mis vivencias de muchos años en una relación amorosa no heteronormativa, abierta y fluida, es también política. Si tuviese que responder a esta pregunta sin los debidos matices, diría que el matrimonio debe desaparecer y abogaría por un mínimo control del Estado sobre las relaciones filiales, solamente aquellas que garanticen la protección de las personas vulnerables o en los casos del patrimonio. También pediría el reconocimiento de las uniones poliamorosas, la inclusión de un enfoque no binario de género que garantice las uniones y las diferentes configuraciones de familias desde construcciones identitarias maleables no asimétricas y equitativas. Despojaría de todo contenido religioso, biomédico y jurídico a las uniones amorosas entre los seres humanos y centraría mis esfuerzos en modificar las bases culturales que perpetúan la hipócrita monogamia y el sentido de posesión entre los seres humanos cuando dicen sentirse enamorados. Mientras tanto, como ser social, debo enmarcarme en una estrategia, sobre las bases políticas y culturales existentes, sin perder la mirada crítica y transformadora.

  2. ¿Cuáles son las principales resistencias y barreras a superar en Cuba para reconocer los derechos de las parejas homosexuales?

    Más que derechos de las parejas homosexuales, se trata de derechos para toda la ciudadanía en cuanto a las relaciones de parentescos. Las barreras son de carácter estructural, cultural y políticas.

     Las estructurales requieren de una redifinición del contrato social, que se comprenda como un contrato sexual no excluyente y no estratificado por relaciones de poder. Las políticas definidas por nuestro Estado socialista (en transición) en relación al parentesco y la familia (en singular) son esencialmente burguesas y conservadoras, binarias, y estrechas. Y no me refiero solamente a las Leyes sino al conjunto de todas las políticas que legitiman al matrimonio heterosexual y a la monogamia obligatoria (aunque en la práctica sea bien distinta). Así lo vemos en la práctica pedagógica, en la atención de salud, en los medios de difusión, en los cuerpos armados, en las relaciones de producción, entre muchas otras. Con esto no quiero decir que no se hayan producido cambios sustantivos sobre este particular dentro de la experiencia de la construcción socialista en Cuba, pero aún contamos con demasiados silencios y negaciones en relación a las relaciones de parentesco entre personas con sexualidades no heteronormativas y hacia las personas heterosexuales también.

     Antes de pasar a las otras barreras, quiero mencionar un derecho de parentesco negado a las parejas del mismo género y de difícil acceso para las propias parejas heterosexuales: la adopción. En Cuba es un privilegio vinculado al matrimonio heterosexual, bajo premisas burocráticas arcaicas, que no necesariamente confieren mayor felicidad a la infancia. Ninguna investigación ha podido demostrar que se requiere de la coincidencia de la figura materna y paterna para el normal desarrollo de la infancia. Las propias evidencias científicas han superado este postulado de principios del siglo XX. Adicionalmente se ha comprobado que el desarrollo de la infancia no es muy diferente en las y los infantes que han crecido en el marco de una familia monoparental, homoparental o lesbomaternal.

     Las barreras culturales parten de una tradición religiosa con valores predominante judeocristianos, el impacto social de la organización de Estado burgués liberal moderno en relación a la familia y en el caso de Cuba se adiciona la construcción en curso de una Nación demasiado patriarcal y homofóbica, todavía demasiado conservadora e hipócrita en cuanto a sexualidad y géneros se refiere. De estos antivalores no escapan las personas con sexualidades y géneros no heteronormativos.

     Las barreras políticas tienen que ver con la no cristalización de una ciudadanía con enfoque liberador en relación a la sexualidad y el género. Aunque se cuenta con un activismo naciente que ha abogado por cambios en las políticas en relación a este y otros temas, no se define una línea política ni una estrategia que haya emergido de forma espontánea desde los propios actores sociales como agentes de cambio. El  Estado cuenta con instituciones que abordan estas políticas, pero no reconoce la emergencia de liderazgos múltiples ni favorece la emergencia de grupos de la sociedad civil que aboguen por cambios en la sociedad política. Se habla de voluntad política, pero se canalizan las demandas de forma vertical y en ocasiones bastante autoritarias.

     Al menos se han logrado cambios que significan una apertura en las políticas del propio Partido Comunista en estos temas y se han favorecido espacios limitados de debates durante las Jornadas contra la Homofobia. Por el momento veo un guion con propuestas atractivas pero queda pendiente la puesta en escena. Ojalá y no se escamoteen como muchas otras políticas.

  3. ¿Qué instancias o actores sociales son claves en este debate? ¿Cómo valoran su actuación?

     Toda la sociedad debe incorporarse a este debate, de lo contrario se podrán aprobar leyes, pero no se desarticularán las relaciones de dominación imperantes en la sociedad civil y política. Las instituciones cubanas todas tienen la responsabilidad de promover estos cambios, así lo establece la política del Partido.

     El mayor consenso posible puede lograrse sin resquebrajar los principios fundamentales que sustenten la unidad nacional. Cuanto más se dialogue y se confronten ideas de forma respetuosa más sólidos será el modelo de Nación que queremos construir. La unanimidad apela más a la simulación que a la unidad.

     En lo particular somos las personas con sexualidades y géneros no heteronormativos los actores claves en este debate. Nadie nos regalará nada.

  4. ¿Cuáles acciones creen pudieran impulsar los cambios legales a favor de las parejas homosexuales?

    Implementar una estrategia educativa permanente que se combine con acciones de incidencia política desde el activismo social. La estrategia educativa debe comprender el intercambio con la población y llevar el debate a los medios de difusión, además de incluir las experiencias positivas de uniones entre personas del mismo género y de sus descendientes, según corresponda. Hasta el presente este debate no ha ocurrido fuera de los espacios académicos y de activismo institucional.

     También debe potenciarse el trabajo de numerosas denominaciones religiosas que realizan un trabajo ecuménico a favor de la no discriminación por orientación sexual e identidad de género junto a otros actores de la sociedad civil profesional y no profesional, que pueden articularse con el trabajo institucional.

     Realizar una encuesta a las personas afectadas por la negación de este derecho humano, que incluya los asuntos referentes a la adopción, las uniones entre personas trans antes y después de haberse realizado la transición de género, a las mujeres heterosexuales y homosexuales que desean reproducirse independientemente. Sus resultados serían útiles para edificar nuevas propuestas educativas y de incidencia política a favor de los cambios legales a favor de las personas con sexualidades no heteronormativas.

Información adicional