Debates

Escuelas sin homofobia: vivencias y aprendizajes

¿Desde tu experiencia, cómo se expresa la homo-lesbo-transfobia en las escuelas cubanas?

Yuris Henriquez Delgado

De muchas maneras. A veces imperceptibles, como separar por grupos de muchachas y varones; por ejemplo, los ejercicios diferenciados para ellas y ellos en la educación física. Otra forma en que se evidencia es mediante burlas y apodos despectivos y “feminizados” para chicos, o “masculinizados” para chicas.

Elizabeth Tabío Hernández

En mi caso, no he vivido discriminación ni violencia por ser una mujer lesbiana y tengo relaciones con mujeres desde que estoy en el preuniversitario. No tengo experiencia ninguna en cuanto a actos de discriminación o de rechazo, en mi escuela siempre había mucha inclusión. También estudié en una escuela de arte y la manera de pensar es diferente, pero cuando terminé mis estudios hice el servicio social en una secundaria básica y tampoco vi de ninguna manera el rechazo a homosexuales. En esa secundaria básica trabajan profesores gays y también había alumnos homosexuales.

No digo que el acoso homo-lesbo-transfóbico no exista, porque he escuchado historias muy difíciles que a veces me cuesta creer porque, como yo no lo viví, me pregunto si pasará así de una manera tan cruel. Sé de historias en las que estudiantes que optaban por determinadas carreras, aun con buenos resultados académicos, no han podido estudiarlas por su orientación sexual.

Rafael Alejandro Suri González

La homo-lesbo-transfobia en las escuelas cubanas es un asunto que, no por silenciado, deja de tener legitimidad o deja de ser importante. Aunque en la 10 Edición de la Jornada Cubana Contra la Homofobia y la Transfobia por vez primera se abordó este asunto, aún las acciones apenas asoman y los discursos de especialistas y decisores parecen articulados desde la memorización de un texto.

En las escuelas suelen sucederse actos de acoso escolar por el simple hecho de sospechar o parecer una persona homosexual. Asunto que se agrava en los centros escolares internos, conocidos en Cuba como “becas”. Lo peor de todo es que algunos profesores se hacen de la vista gorda ante estas realidades, quizás con la buena voluntad de corregir las desviaciones de estos estudiantes y así facilitarles la vida, como le dijo un profesor a mi abuela mientras yo cursaba el preuniversitario. Pero no hay solo las burlas; la segregación o la anulación de estas personas son una muestra del maltrato. Conozco de casos en los que profesores y maestros se hacen eco de las manifestaciones homo-lesbo-transfóbicas de los propios estudiantes poniendo motes a algunos de ellos o agregando sobrenombres para identificarlos más rápido y fácilmente.

También en la manera en que se asumen los roles escolares, ya sea desde el “adecuado porte y aspecto” como el “uso correcto del uniforme”, elementos que, sin estar explicitados en los reglamentos, quedan a la valoración de las subjetividades de los educadores, quienes hacen uso de las normas según sus interpretaciones.

Otra forma de manifestarse es a través de los libros de texto, en los que se muestra siempre un enfoque binario y un ideal de pareja-familia heterosexual, así como asociaciones monogámicas como señal de normalidad o educación cívica.

Creo que muchos aspectos, como el preguntar por el padre o la madre --sin siquiera saber si el estudiante posee alguno de ellos o dos madres y padres--, son elementos que se han naturalizado en nuestras escuelas y que no por ello deben ser asumidos como adecuados, correctos o normales. En conferencia realizada en la Universidad Central Marta Abreu de las Villas (UCLV), durante la pasada Jornada Cubana Contra la Homofobia y la Transfobia, la ministra de educación señalaba que este no es un problema. Habrá entonces que ponerse las pilas para que ministerios, direcciones municipales y provinciales, así como centros de formación de maestros y otros del sector educacional comiencen a prestar atención a estas realidades.

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