
Por Sara Más / Foto: Illaimi Palomares
No hay lujos ni carteles especiales. Apenas unos 12 metros cuadrados, lo justo para colocar unos bancos rústicos de madera y una mesa, conforman el escenario donde, cada mes, se celebra lo que se ha dado en llamar la peña de Laura, aunque su nombre verdadero es Pandora, en busca de la esperanza. “Se me ocurrió por la leyenda de la caja de Pandora, de donde empiezan a salir todos los maleficios el día que ella, por curiosidad, la abre”, explica Laura Pérez Hernández, casada, madre y portadora desde 1999 del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), causante del sida.















