Por Sara Más / Foto: Randy Rodríguez
Llegaron un día pidiendo ayuda porque sentían el desprecio de la sociedad, el maltrato de la policía, la burla de los vecinos, el rechazo de la familia y no encontraban quién les diera trabajo. En el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) hallaron no solo oídos receptivos, sino apoyo a sus intereses y, sobre todo, gente que confió en ellas y les cedió un espacio.
“Nos reunimos las trans que nos conocíamos de la calle en son de ver si nos podían ayudar. Allí nos tomaron en cuenta y surgió la idea, desde el colectivo y la dirección del centro, de formarnos como promotoras de salud, para insertarnos de otro modo en la vida y hacer un bien social”, relata a SEMlac Olivia Lam, peluquera y fundadora del grupo de travestis promotoras de salud.
Han transcurrido 10 años desde aquella primera vez y ya suman más de 700 las personas travestis, transexuales y transformistas que integran los grupos de prevención de las infecciones de transmisión sexual (ITS), VIH y sida formados o impulsados por la institución gubernamental en la capital cubana y en las provincias de Pinar del Río, Matanzas, Granma, Santiago de Cuba y Cienfuegos.
Entre otras conclusiones derivadas de esta línea de trabajo está el haber confirmado que las personas trans aún son vulnerables al VIH y otras ITS, pero también que el respeto y aceptación de la diversidad sexual puede ayudar a avanzar en la prevención, según especialistas.
Los criterios de inclusión en estos grupos, para ser promotora o promotor, suponen, en primer lugar, que se tenga motivación para serlo. Pero eso no basta. “Establecimos un criterio de selección, desde el principio, que incluía tener habilidades de comunicación. Además, si había alguien con comportamientos sociales inadecuados o algún trastorno psicológico, salía del grupo”, explicó Mayra Rodríguez Lauzurique, especialista del Cenesex.
Al exponer los resultados de la experiencia durante el V Congreso cubano de Educación, Orientación y Terapia Sexual, celebrado en la capital cubana del 18 al 22 de enero, Rodríguez Lauzurique precisó que otro requisito fue una edad promedio entre 19 y 40 años, “auque en la práctica se han formado algunas con más edad y han resultado buenas promotoras”.
La experta reconoció que se trata de un trabajo que requiere de tiempo, sobre todo en horarios nocturnos, pues muchas de estas personas se travisten y prefieren salir a la calle después de las seis de la tarde, sea para no llamar la atención o evitar las reacciones agresivas y hasta violentas de quienes no las aceptan.
Los programas de capacitación para la promoción de salud se conformaron a partir de sus propias necesidades de aprendizaje, que incluyeron los conceptos generales de sexualidad, la autoestima, la comunicación interpersonal y de pareja, la violencia, el sexo seguro, la negociación del condón y herramientas para el trabajo con sus pares, entre otras temáticas.
Debido al estigma y la discriminación social que padecen, las personas trans tienden a cambiar frecuentemente de pareja, carecen de espacios para establecer relaciones con otras personas, las entablan sin ningún reconocimiento y emplean muchas veces sitios de encuentros donde abundan las situaciones de riesgo. Su vulnerabilidad se eleva por la práctica de relaciones anales y la exclusión social.
A la par, facilitan el trabajo de prevención, pues tienen influencia sobre otros hombres que tienen sexo con hombres; sus parejas no son solo homosexuales, sino también bisexuales; una parte practica el sexo transaccional, incluso con personas supuestamente heterosexuales y son una población puente, mediante la cual se transmite con mayor frecuencia el VIH/sida y otras ITS.
“Al principio nos fue muy difícil. Cuando empezamos a ir al malecón, en los primeros momentos, la gente nos huía, había problemas con la policía y el heterosexual que se nos acercaba se atacaba y se iba, se mandaba a correr; cuando no, venía por una curiosidad de vernos, por detallarnos, pero nada de lo que le estábamos diciendo le interesaba”, relata a SEMlac Wendy Iriepa, promotora de salud desde 2004, con 35 años de edad y una de las transexuales beneficiadas con la cirugía de readecuación genital en la isla.
“Ahora sucede lo contrario: tenemos credibilidad y la persona heterosexual es la que más nos escucha. Eso lo hemos vivido en las acciones de prevención que hemos hecho en la playa”, agrega Wendy, quien se considera un logro de la comunidad trans y se confiesa “enamoradísima de la vida” y “muy querida” por su pareja.
“A mí no me interesa el sensacionalismo, sino ayudar a la gente, que se visualice el tema y mis compañeras puedan salir adelante”, expresa a SEMlac.
Febrero 2010










