Por Ilse Bulit
El llanto de una amiga, a través de un teléfono fijo a las siete de la mañana, asusta a cualquiera. Sobre todo en tiempos atormentados por la profusión de informaciones alarmantes y verídicas sobre el medio ambiente, los virus de la gripe y los altos precios de los productos en el mercado.
Mi amiga acudía a mí por ese falso concepto de que los periodistas somos los dueños del conocimiento humano. ¡Pobrecita!, la red tiene las argucias de la serpiente del Génesis y engaña más o tanto como algunos relacionistas públicos o altos cargos de cualquier ideología o país.










